“Soy fanática de la educación pública”
Mariela Soto el pasado 1° de diciembre se jubiló como Escribana Pública tras 40 años de ejercicio, pero sigue siendo docente universitaria en Notariado, comprometida desde muy joven con la educación pública. Ha formado a cientos de colegas y en esta charla que se dio de manera natural, nos cuenta algo de su rica historia de vida.
1. ¿Cómo fueron esos primeros años de tu vida?
– Tuve una infancia maravillosa, nací en Salto, me crie en la calle Rincón a la altura del cinco jugando en la vereda con amigos que gracias a Dios conservo hasta hoy. Eran dos cuadras hasta llegar a la avenida Harriague, yo vivía entre Vilardebó y Andrés Latorre, y en esas cuadras teníamos un grupo fabuloso de chicos más o menos de la misma edad, varones y mujeres jugábamos juntos en la calle, nuestros padres se sentaban en la vereda a matear, cosa que perdimos y que mis hijos no pudieron vivir.
2. ¿Cómo se conformaba tu familia en ese momento?
– Éramos la típica familia, un padre, una madre, con un hermano mayor y yo como la hermana más chica. Era medio transgresora de niña, siempre cuento que mi padre y hermano eran fanáticos de Nacional y resulta que yo les salí manya rabiosa (risas), y creo que era de contra, porque papá siempre quiso que llevara la camiseta tricolor y nunca lo consiguió (risas). Ahora estoy pagando el castigo, tengo tres hijos varones y solo el mayor me salió de Peñarol y los otros dos son bolsilludos (risas), pero convivimos pacíficamente. Mi papá trabajaba en Identificación Civil, que en ese entonces estaba en la Jefatura, donde está hoy DICOSE, mi mamá era ama de casa, cocía muy bien. Me acuerdo que tenía la magia que con cualquier pedacito de tela te hacía algo que yo nunca pude, era muy hábil, muy madre presente para los dos.
3. ¿Dónde realizaste tus estudios?
– Hice Primaria en la Escuela Inmaculada, pero como que no me adaptaba demasiado al colegio de monjas, no era que no me gustara, tenía buenas compañeras, pero como que no estaba muy a gusto. Les dije a mis padres que no quería seguir el liceo ahí, por lo que cuando fui a cursar 6°, me preguntaron si quería ir a la escuela pública, y me cambiaron para la Escuela 3. En eso mis padres siempre respetaron las decisiones que yo iba tomando, pero por supuesto que guiada por ellos. Luego hice todo el liceo en el IPOLL y más tarde la universidad pública. Soy fanática de la educación pública.
4. ¿Y cuándo te picó el bichito vocacional que te conduciría al notariado?
– Cuando iba a la escuela tenía cierta inclinación por las letras, era ávida lectora, que sigo siendo hasta el día de hoy, además de ser muy puntillosa en la escritura, detallista mal, hasta ahora. Me das una página y tiene una sola falta de ortografía y es lo primero que veo. Desde ahí me gustaba. También pensé en la abogacía, pero mi temperamento no me daba para hacerlo, porque eligiera lo que eligiera, tenías que ejercerlo a consciencia, y no me sentía capacitada, por ejemplo, para defender a alguien que yo consideraba que no debía hacerlo. Entonces, opté por el notariado, que por otro lado me encantó. Ejercí 40 años, y hubiera seguido trabajando si el notariado hubiera seguido siendo igual que cuando arranqué, que éramos juristas. Después se nos fue adicionando tantas cosas extra notariado, que hicieron que ejercer hoy la profesión fuese demasiado pesado y estresante.
5. ¿Cómo es esa anécdota que juraste como escribana el Día de los Inocentes?
– Terminé mi último examen el 4 de diciembre de 1984. Con el escribano Fernando Bourdin, amigo de toda la vida, iniciamos el proceso de obtener el título, conseguir la audiencia de envestidura, y logramos que ese 28 de diciembre, en la última sesión de la Corte, prestáramos juramento. Nos reímos hasta el día de hoy porque lo hicimos tan rápido que Fernando me decía que nos había tocado el Día de los Inocentes, “ahora vas a ver que llegamos y nos dicen que la inocencia les valga, vuelvan el año que viene” (risas), que felizmente no sucedió. A pesar que ese año tuvimos que pasar Navidad en Montevideo.
6. ¿Cómo fue estudiar en la dictadura?
– Ingresé a la Facultad en el 79 y egresé en el 84, entré a la Facultad muchas veces con el portero teniendo al lado a un militar con una metralleta, con gente en los pasillos que nos vigilaba. A pesar de todo, fue una etapa maravillosa donde tuve compañeros lindísimos, pero no teníamos ninguna posibilidad de opinar demasiado, éramos muy vigilados. Tenía en Derecho Penal a Bayardo Bengoa, que era Ministro de Defensa, y él llegaba acompañado de militares que quedaban en la puerta de la clase, y después que terminaba de darnos la clase nos decía, “ojo chicos que hoy vinieron los bravos conmigo. Ojo lo que hablan”, y tengo muchos compañeros que la pasaron mal por hablar en los pasillos. Felizmente nosotros los salteños que estábamos allá jamás tuvimos problemas.
7. ¿Cuándo optaste por la docencia del notariado?
– En el año 86 empezó en Salto el curso de Derecho Notarial a cargo de la escribana Blanca Olmos, por quien tengo un aprecio particular. Nos anotamos con la escribana Beatriz Invernizzi para iniciar el curso. Beatriz ingresó como Grado 2 y yo como Aspirante, y de ahí seguimos hasta ahora. En el año 90 concursé para el Grado 1, luego por el 2000 para el Grado 2 y cuando Blanca se retiró al jubilarse, Beatriz quedó a cargo del curso, ahí incorporamos al escribano Jorge Cartagena como Aspirante, que hace muchos años que está conmigo y que hace que yo no me haya jubilado todavía de ahí, porque si me hubiera ido el 1° de diciembre, cuando me fui del notariado, hoy en mi cátedra estaría alguien de Montevideo y Jorge hubiera quedado relegado, que es lo que ha pasado con las otras técnicas. Eso me parece injusto porque Jorge está más que capacitado para hacerse cargo y los llamados de grado de acá no son lo mismo que en Montevideo.
8. Cuando te conocí, te vi muy comprometida con el cogobierno universitario de la vieja y querida Regional Norte.
– La Facultad te forma como persona, si bien los valores los adquirís en tu casa, eso está claro, pero el rol de la educación pública es esencial porque te permite conocer a personas de todos los estratos sociales. Mis hijos hicieron toda la educación pública y hoy son egresados de la Universidad de la República, no tengo nada contra la educación privada, pero si me das a elegir, siempre optaré por la educación pública y particularmente por la Regional Norte. Una vez vino un Ministro de Educación y dijo que quería ver cómo podíamos llevarnos gente de tantas Facultades en un mismo edificio, y la verdad que lo vivimos con mucho compañerismo, al principio éramos pocos, pero en la Asamblea del Claustro estábamos de todas las Facultades y nos llevábamos muy bien. En esos primeros años éramos un grupo de amigos que sacábamos adelante una universidad que hoy nos enorgullece, porque ver lo que hoy ha crecido el CENUR, es increíble.
9. Después de tanto tiempo como docente, ¿cómo has notado el pasaje de los años?
– Por el reencuentro con mis alumnos, lo que ha sido y es un placer enorme. Tengo alumnos que llevan 25 o 30 años de ejercicio. De los primeros escribanos recibidos, por ejemplo ya Aly no está más, Sara Luján, que fue actuaria añares en el Juzgado Penal, fueron algunos de nuestros primeros egresados. Y después de ahí, cientos. Y mantener ese buen relacionamiento que aún mantengo con mis exalumnos, hoy colegas, es maravilloso.
10. 40 años de profesión como escribana, casi la misma cantidad de años como docente, cuando miras para atrás de ese camino recorrido, ¿qué queda?
– Un placer enorme. Te juro que la docencia es un mimo al alma.