Mariana Mendizábal: “Las maternidades son mucho más ricas, mucho más sanas y mucho más felices cuando están rodeadas de otros”

Mariana Mendizábal reflexiona sobre la maternidad, la importancia de las redes de cuidado, el acompañamiento familiar y el valor de dejarse ayudar.

Mariana Mendizábal: maternidad, red y comunidad

Mariana Mendizábal tiene 46 años, cuatro hijas y una historia de maternidad atravesada por la búsqueda y la reflexión permanente. “Tengo cuatro hijas, la más grande tiene 24, después una que cumple 18 ahora, una de 14 y la más chica de 12”, cuenta.

Fue madre joven, a los 22 años, y hoy vive una maternidad en distintas etapas con una hija adulta que está en Montevideo terminando su carrera, y tres adolescentes que aún transitan el liceo.

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«Vengo de una familia de muchas mujeres, entonces se dio así, y para mí fue bastante natural»,indicaagregando que el gran desafío ante esa realidad hubiera sido ser madre de un varón.

Criar cuatro hijas implica desafíos. “No es fácil ser mujer en este siglo”, reflexiona. Por eso, su forma de maternar ha estado marcada por comprender a cada una en su singularidad. “Nunca pensé en ‘criar cuatro hijas’ como algo general, sino en entender qué necesitaba cada una, y tratar de estar ahí en su momento”, explica.

Mariana no transitó la maternidad en soledad. “Tengo pareja, tengo al padre de ellas presente y una red familiar muy fuerte”, señala.“La maternidad ya es compleja, así que tener red es fundamental”, agrea convencida y esa idea atraviesa su experiencia.“Se necesita una aldea para criar a un niño, y yo creo profundamente en eso”.

La maternidad también ha ido cambiando con el tiempo. “No es lo mismo ser mamá a los 22 que a los 33. Cada etapa tiene sus desafíos”, dice, reafirmando que “cada hija es única, y cada una te enfrenta a algo nuevo”.

A la par de la crianza, ha desarrollado una intensa vida laboral y académica. “Trabajo desde muy joven, he dado clases de inglés toda mi vida y he tenido distintos roles”, cuenta. Actualmente estudia Psicología. “Soy muy curiosa, siempre estoy estudiando algo”, agrega.

Conciliar todo no ha sido sencillo. “Seguramente me equivoqué muchas veces, pero creo que fui una madre bastante presente”, reconoce. También menciona la culpa como parte de la experiencia. “Las mujeres nos culpamos mucho, y cuando sos madre, más todavía”.

El último año marcó un punto de inflexión con el diagnóstico de cáncer de mama. “Fue un momento fuerte, pero también me permitió ver la red que tenía alrededor”, cuenta. Transitó el proceso acompañada por su familia. “Eso hizo la diferencia entre vivirlo como un drama o como algo que había que atravesar”.

Sus hijas fueron clave. “Incluso me ayudaron a cortarme el pelo cuando empezó a caerse. Lo vivimos con humor”, recuerda. Y destaca el apoyo recibido, considerando que a pesar de su enfermedad tuvo varios privilegios. “Pude tomarme licencia, tener contención, sustento,… eso no es menor”.

Lejos de victimizarse, eligió otra mirada. “Nunca me pregunté ‘¿por qué a mí?’… lo tomé como algo que me tocó y había que seguir”, explica. Esa experiencia la llevó a replantearse el autocuidado. “Siempre estuve en el lugar de cuidar, y esto me obligó a dejarme cuidar y está bueno, está bien que te cuiden»,asegura tras vivir la experiencia.

Hoy, ya atravesando lo más duro del tratamiento, se muestra optimista. “Estoy bien, voy a estar muy bien”.

Sobre su forma de maternar, reconoce cambios. “Vengo de una maternidad más sacrificada, pero hoy hay otra mirada, más equilibrada”, reflexiona. Se ubica “en el medio” de esas dos formas y agrega que “trato de no perderme como persona, porque eso también es importante para ellas”.

Y vuelve sobre una idea central como lo es la red de cuidados. “Se necesita una aldea para criar a un niño, y yo creo profundamente en eso”, reafirma. “Mis hijas son mis hijas, pero también son hijas de un montón de personas que han estado, que han ayudado a criarlas, a sostenerlas”.

En ese sentido, destaca que esos vínculos amplían el mundo de sus hijas. “Está bueno que tengan otras referencias, otras miradas, otras personas con otras fortalezas, que pueden ser de familiares, amigos, referentes».

Además, subraya que esa red no solo es importante para los hijos, sino también para las madres. “La maternidad necesita de otros, de una comunidad que la sostenga”, insiste y lo explica desde su propia experiencia. “Uno como madre no deja de ser un ser humano, con límites, con cansancio, con momentos en los que no puede todo”.

Por eso, considera clave poder apoyarse. “Está bueno dejarse ayudar, habilitar que otros también cuiden”.

Finalmente, deja su mensaje por el Dia de la Madre. “No hay maternidad perfecta, para empezar. Las mamás somos personas, aprendemos, nos equivocamos en el camino” a la vez que concluye con una definición que resume su mirada.

“Las maternidades son mucho más ricas, mucho más sanas y mucho más felices cuando están rodeadas de otros, de una comunidad que las sostenga”.

LA SALTEÑA

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