Maia Castro, una de las voces más reconocidas de su generación, llega a Salto en el marco de las actividades de marzo organizadas por la productora local Viceversa y se presentará hoy sábado en el Teatro Larrañaga con un espectáculo que recorre parte esencial del repertorio rioplatense y sudamericano.
Dialogué con ella en una entrevista exclusiva para diario El Pueblo donde nos cuenta recuerdos del carnaval, reflexiones sobre su recorrido artístico y la construcción de una voz propia dentro de una tradición profundamente ligada a nuestra identidad cultural.
Tu visita se enmarca en las actividades de marzo de la productora local Viceversa. Como referente femenina de nuestra música, ¿qué mensaje buscás transmitir en este concierto?
Este espectáculo que vamos a presentar en el Teatro Larrañaga, el 7 de marzo, no está pensado exclusivamente para las mujeres. Es una propuesta abierta a todo público, que pueden disfrutar tanto mujeres como hombres. Todas y todos están invitados.
El concierto se inscribe dentro del Mes de la Mujer por varias razones: además de estar liderado por una mujer, tiene una presencia femenina muy fuerte en su conformación. En escena también estará Jacinta Bervejillo, una gran guitarrista uruguaya, muy joven, que me acompaña en este proyecto. Jacinta trabajó en sus últimos años junto al gran guitarrista Toto Méndez y acompaña a muchísimos colegas, compositores y compositoras de enorme talento.
El espectáculo propone un recorrido por el riquísimo acervo musical de Sudamérica. Hay un eje muy marcado en la música de Alfredo Zitarrosa y de Amalia de la Vega. Aparecen además algunas canciones de Violeta Parra, junto con composiciones propias.
Todo el repertorio se mueve dentro del universo folclórico. Hay zambas, chamarritas, algún tango —que representa bastante bien la música que hago desde mis orígenes—, milonga ciudadana y también milonga campera. Todo eso va apareciendo a lo largo del concierto.
En escena voy a estar acompañada por el dúo de guitarras con el que hace pocos meses estuvimos de gira por Europa. Fue una gira muy intensa por España, Suecia, Suiza y Dinamarca. De alguna manera, el público de Salto va a escuchar el mismo repertorio que estuvimos presentando en esos escenarios europeos, ahora en el Teatro Larrañaga.
Tus inicios fueron en murgas como La BCG y La Mojigata. ¿Qué te dio el carnaval que hoy sigue presente cuando te parás frente al público?
Empecé muy chica en la Antimurga BCG. Tenía 15 años cuando entré y, para mí, fue una verdadera escuela artística. A partir de ahí continué desarrollándome y creciendo como artista: estudié canto, estudié guitarra y fui ampliando mis inquietudes musicales. Siempre me interesaron muchos mundos musicales a la vez. Mientras participaba en la murga también tenía alguna bandita en la que cantaba blues u otras músicas.
De todos modos, la Antimurga BCG y el carnaval en general fueron mi gran formación artística. En la adolescencia yo era bastante tímida y el carnaval me ayudó muchísimo a vencer esa timidez. Me enseñó a pararme en un escenario, a saber hacia dónde mirar, cómo dirigirme al público, cómo sostener una presencia escénica. Todas esas herramientas las sigo usando hasta hoy y fueron un aporte enorme en mi desarrollo como artista.
Más adelante estuve un par de años en La Mojigata, en un momento en el que volví a reencontrarme con el carnaval desde otro lugar. Y hace relativamente poco también compartí algunas giras con la murga Agárrate Catalina, que me invitaron a cantar con ellos. Por cuestiones de tiempo me resultó imposible integrarme plenamente al proyecto, pero fue una experiencia muy linda y muy enriquecedora.
En tu último proyecto homenajeas a Zitarrosa y Amalia de la Vega. ¿Qué desafío implica para una artista contemporánea ponerle voz a estos dos pilares de nuestra identidad?
Alfredo y Amalia son dos referentes fundamentales de nuestra cultura y de nuestra música. En el caso de Amalia, tal vez su figura haya quedado un poco más olvidada o no sea tan conocida como la de Alfredo Zitarrosa. A cualquier uruguayo o uruguaya le preguntás si conoce a Zitarrosa y seguramente te diga que sí.
Por eso son desafíos distintos. Con la música de Alfredo uno se enfrenta a un repertorio que está muy presente en la memoria de la gente. Sus versiones siguen muy vivas y muy arraigadas. En ese caso mi tarea fue tratar de aportar algo nuevo a esas canciones magníficas, encontrar una manera propia de interpretarlas y tomar cierta distancia de las versiones originales.
Se respetan las estructuras y también esa sonoridad tan característica de las guitarras, del cuarteto de guitarras que marcó su estilo. En lo personal, el trabajo estuvo en cantar esas canciones desde mi propia voz, sin intentar imitar lo que hacía Alfredo, porque eso sería imposible y tampoco tendría mucho sentido.
Con Amalia de la Vega el desafío es diferente. Justamente por ser una artista que hoy no está tan presente en el repertorio popular, la intención es volver a poner esas canciones en circulación, traerlas otra vez al presente y permitir que nuevas generaciones puedan descubrirlas y empezar a escucharlas.
En 20 años de carrera, conociste muchos escenarios, qué se siente cantar en el Teatro Larrañaga, uno de los escenarios más emblemáticos del interior uruguayo.
Hace algunos años ya tuve la oportunidad de presentarme en el Teatro Larrañaga, en el marco de una gira por el norte del Uruguay. Es, sin duda, uno de los teatros más lindos del país.
Este año voy a presentarme por tercera vez en el Teatro Solís de Montevideo — cumplo 20 años de carrera y lo celebro con un gran show el 22 de agosto — y, sinceramente, el Larrañaga está completamente a la altura del Solís.
Tiene una belleza arquitectónica increíble y, como ocurre con muchos teatros de esa época, posee una acústica que los teatros modernos muchas veces ya no tienen. Es una pena que esa calidad acústica se vaya perdiendo en las salas más nuevas.
Hiciste giras por Europa y América, ¿qué es lo que más extrañas del calor del público del interior de Uruguay
En 2025 hicimos la última gira internacional con este mismo proyecto que ahora vamos a llevar a Salto: el mismo repertorio y los mismos músicos. Fue una experiencia muy intensa y siempre es un honor poder llevar nuestra música a distintos rincones del mundo.
De todas formas, tocar en el interior del país es algo que a mí me gusta muchísimo y que me emociona especialmente. Hay un cariño muy particular en la forma en que el público recibe a los artistas.
En todas las giras que he hecho por el interior de Uruguay siempre encontré una enorme hospitalidad. No recuerdo haber tenido ninguna experiencia negativa. La gente hace un gran esfuerzo para que todo salga bien, para que uno se sienta cómodo y a gusto.
A veces las cosas funcionan mejor o peor, como pasa en cualquier espectáculo, pero siempre está esa voluntad de recibirte bien y de que todo marche lo mejor posible. Ese cariño y esa amabilidad del público son, sin duda, de las cosas que más disfruto cuando salgo a tocar por el interior.
Contanos un poco de lo que podemos ver este sábado.
Como te comentaba, voy a estar acompañada por un dúo de guitarras. Los dos guitarristas vienen de la Escuela de Guitarra de Toto Méndez, ese enorme guitarrista uruguayo nacido en Tacuarembó, que durante muchos años acompañó a Alfredo Zitarrosa y dejó una escuela muy importante dentro de nuestra música.
En el caso de Jacinta Bervejillo, además, tuvo la oportunidad de acompañarlo en su propio proyecto musical durante los últimos años de Toto. Los dos se formaron dentro de esa tradición guitarrística, así que esa sonoridad también va a estar muy presente en el espectáculo.
El repertorio va a tener un peso fuerte de la música de Alfredo Zitarrosa, pero también van a aparecer algunos tangos, milongas y distintas expresiones del folclore sudamericano. Hay versiones de otros estilos musicales que llevamos hacia el lenguaje del tango o de la milonga, además de algunas composiciones propias.
Todo ese material está interpretado con nuestra impronta. Somos músicos relativamente jóvenes y eso también se refleja en la manera en que abordamos el repertorio y en la propuesta escénica que llevamos al escenario.
¿Qué mensaje le dejás a las mujeres salteñas, principalmente a las compositoras y cantantes?
Mi mensaje es que, aunque componer y defender las propias canciones puede ser un camino difícil, es una tarea fundamental. Las nuevas composiciones son las que permiten que nuestra música siga creciendo y construyéndose.
Eso es especialmente importante cuando se trata de estilos muy vinculados a nuestra tradición musical. Cada generación necesita aportar nuevas miradas y nuevas canciones. Naturalmente, las composiciones actuales también traen temáticas vinculadas a la realidad que vivimos hoy y eso hace que esos géneros sigan vivos y en diálogo con su tiempo.





