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martes, enero 6, 2026

Luis Benítez y Rosario Sosa, los Orfebres del Canto Popular Salteño


Del inmenso caudal musical del que hace gala Salto, un dúo se destaca por su sensibilidad sonora, por resaltar la poesía y por el compromiso de su canto. Luis y Rosario le han salido a la vida sobre el escenario y en el hogar, y a dúo recorren los días cantando y habitando el amor.

En el cruce exacto entre la memoria del río y la palabra de los poetas, el dúo integrado por Luis Benítez Da Rosa y Rosario Sosa se erige como un faro de luz cultural. A través del rescate de la obra de Víctor Lima y la interpretación de temas musicales con alto contenido literario, voces en armonía, estos artistas no solo emanan música, reconstruyen el mapa sentimental del litoral uruguayo.

Dicen por ahí que no es el estruendo de la modernidad apresurada lo que define a Salto, sino ese latido pausado, casi fluvial, que fluye entre los naranjales y las piedras del Uruguay, ese vapor de agua termal y el cinturón hortícola, el monte y las tradiciones. En ese camino de sensibilidades, donde la canción popular ha sido históricamente una especie de documento de identidad, el dúo de Luis Benítez y Rosario Sosa ha sabido ganarse un espacio que trasciende el escenario, porque si por un lado son buenos músicos, inquietos, con mensaje, también han sido – y son – parte de conformaciones o participaciones en grupos, cooperativas musicales, buscando la unión de los artistas, su reconocimiento, y lograr mas oportunidades de trabajo, de ser parte de grillas en eventos, festivales, actividades culturales.

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Hablar de este dúo, es hacerlo de un fenómeno de pertenencia. En ellos, la música se manifiesta desde la memoria, y la búsqueda de un pueblo por días mejores.

LOS SONIDOS EN QUE SE ENVUELVEN

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La música regional uruguaya suele quedar atrapada en la milonga, la chamarrita, el rasgido doble, la polka o el sobrepaso, incluso en ecos fuertes del chamamé, la zamba y la chacarera, y el dúo utiliza estas formas rítmicas, y otras tan uruguayas como el candombe o latinoamericanas, como el joropo venezolano, o el son cubano, y más.

Luis no toca la guitarra, la habita. Su técnica es un diálogo constante con el instrumento con una claridad armónica que permite que el mensaje llegue sin interferencias. Por su parte, Rosario Sosa aporta la dimensión humana y telúrica. Su voz no busca el artificio, sino la profundidad. Es una voz que tiene color y transparencia a la vez.

POR LOS PAISAJES DE VICTOR LIMA

Es imposible desglosar la carrera de este dúo sin nombrar a Víctor Lima, nuestro gran poeta, popular, quien dejó una obra que es, en esencia, el ADN de Salto. Sin embargo, toda obra corre el riesgo de volverse estatua, de enfriarse en el bronce. Luis y Rosario han evitado este destino.

A través de su espectáculo central, «La piedra, el árbol y el río», el dúo ha devuelto a Lima a su estado natural, el de la canción que se respira. Han comprendido que Lima no escribía sobre el paisaje como un observador externo, sino como alguien que era parte de la piedra, del árbol y del agua elemental. Al interpretar sus canciones de río, el dúo logra que el espectador sienta que Salto no es solo un punto geográfico, sino también un estado del alma.

Su labor con la Cooperativa Víctor Lima refuerza este compromiso. No se trata solo de cantar, sino de gestionar, de educar y de asegurar que el hilo invisible que une a las generaciones de artistas no se corte por el peso de la globalización estética.

TEATRO Y CORO

La diversidad de su propuesta se manifiesta también en su versatilidad. El arte de Benítez y Sosa late por su amplitud. Su colaboración con el grupo teatral Sintapujos, bajo la dirección de Óscar Bibbó, es un testimonio de cómo la música puede elevar el texto dramático. Ya sea musicalizando la poesía de Mario Benedetti o recreando atmósferas de Federico García Lorca, el dúo aporta su calidad y su calidez, sensibilidad, buen gusto musical y un caudal vocal que alcanza climax sentidos y aplaudidos.

Asimismo, la labor de Rosario Sosa al frente del coro «Saltoko Abesbatza» del Centro Vasco añade una dimensión intercultural fascinante. Salto es una tierra de inmigrantes y criollos, y el dúo sabe habitar esa frontera. Al hermanar la tradición coral vasca con el canto popular uruguayo, demuestran que lo universal solo se alcanza cuando se es profundamente local.

ARTISTAS SI, COMPLACIENTES, NO

El canto de Luis y Rosario no es complaciente. Es, en muchos sentidos, una toma de posición política y estética. En sus presentaciones, el público no solo asiste a un concierto, sino también a una secuencia de paisajes humanos, situaciones de vida. Sus letras y arreglos hablan del trabajador de la naranja, de las crecidas del río, de la soledad del hombre frente al paisaje y de la alegría comunitaria que el progreso muchas veces olvida.

Hay una elegancia austera en su propuesta. No necesitan de grandes producciones ni de estridencias electrónicas. Les basta una guitarra bien templada, una voz que conozca los secretos del fraseo y un repertorio que tenga peso específico.

UN DÍA MOMO LOS COBIJÓ EN SU REINO

En esa búsqueda artística permanente, el canto murguero los atrapó, fueron gorriones carapintadas que aletearon en varios febreros. La murga Falta la Papa los contó en sus filas, fueron parte del coro, y un año, Luis fue Director también, cuando Darío no pudo salir. Ser parte de la Fiesta de Momo le dio un plus artístico que sin dudas ha servido para enriquecer su cantar.

NO ES UN SIMPLE RESEÑA

Esta nota sobre Luis Benítez y Rosario Sosa no debería ser una reseña artística, sino el reconocimiento a una labor de orfebrería cultural. Porque han mantenido vivo el canto popular, lo regional, lo que nos identifica, y también lo universal, en resumen, la buena música, la buena letra y el buen canto. Su mayor logro ha sido, entender que el patrimonio es lo que se entrega en cada acorde. Mientras haya una guitarra que responda al toque de Luis y una voz que proyecte la sensibilidad de Rosario, el espíritu de Víctor Lima y la esencia misma de Salto seguirán teniendo un lugar donde descansar y, sobre todo, desde donde volver a nacer.

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