Nacido en Santa Clara de Olimar y criado en Salto, Luis “Tony” Brochado cruzó el río y terminó abrazando el mar. En San Antonio Oeste construyó una vida anfibia entre soldaduras submarinas, arqueología, hundimientos controlados y literatura. Su historia es la de un hombre que descendió a las profundidades para comprender el mundo desde el silencio.

Tony Brochado, el buzo uruguayo que hizo del Golfo San Matías su patria submarina
Pocos lo llaman por su nombre completo, Luis Artigas Brochado. En Salto y en la Patagonia argentina es, simplemente, Tony. Nació en Santa Clara de Olimar, pero a los tres años se radicó en Salto, donde aprendió a dialogar con el agua entre ríos y travesuras adolescentes. Aquella infancia fluvial —cruzando corrientes, arreando sandías como ganado improvisado— fue la primera escuela de un destino inevitable.
Ya adulto, trabajó en la construcción de la represa de Salto Grande. Allí aprendió soldadura, carpintería metálica y disciplina técnica. Allí también comenzó a bucear con otro propósito, no el juego, sino el oficio. A fines de 1985 emigró a Argentina buscando horizontes laborales. Pasó por distintos puntos del litoral marítimo hasta recalar definitivamente en San Antonio Oeste, donde el viento patagónico parece discutir con el Atlántico.
Desde entonces, las aguas de Golfo San Matías, el puerto local y Las Grutas se convirtieron en su territorio íntimo y profesional.
EL HOMBRE QUE DESCIENDE
“Me enloquece bucear. El mar te abraza. El agua sana”, dice. No lo afirma como metáfora sino como experiencia concreta. Para Brochado, sumergirse es ingresar en un ámbito donde el ruido del mundo se disuelve y sólo queda la respiración acompasada. Una forma de introspección radical. Bajar es comprender.
Es buzo profesional de primera categoría —la más alta sin especialización en grandes profundidades— y orientó su vocación hacia el trabajo comercial. Fundó la empresa “El Austral”, desde donde durante más de tres décadas realizó mantenimiento portuario, soldaduras subacuáticas y tareas técnicas imprescindibles en un polo pesquero exigente.
Pero su trayectoria no se limitó a lo operativo. Participó en la búsqueda de un supuesto submarino alemán en el Golfo San Matías, una de esas leyendas persistentes sobre movimientos nazis tras la Segunda Guerra Mundial. La expedición, realizada junto al Instituto de Biología Marina y Pesquera Almirante Storni en los años noventa, no arrojó resultados concluyentes. Sin embargo, en el mar —como en la memoria— la ausencia de hallazgos no elimina el misterio.
En 2007 dirigió el hundimiento controlado del buque Don Félix para integrarlo al parque subacuático de Las Grutas, proyecto que apunta a consolidar uno de los espacios de buceo recreativo más importantes del sur del continente. Allí los barcos no son ruinas: son arrecifes futuros, arquitectura sumergida que genera vida.
ARQUEÓLOGO DEL TACTO
Tony siente predilección por las aguas oscuras. Bucear “al tacto” —dice— tiene algo maravilloso. Encontrar una botella sin verla, reconocer su forma con los dedos, ascender con ansiedad para confirmar la intuición. Ese instante de verificación es casi filosófico, la revelación de lo real tras la conjetura.
Colaboró con el arqueólogo Daniel Schavelzon y participó en diversas búsquedas históricas. Rescató objetos, reflotó barcos abandonados, documentó historias invisibles bajo la superficie. Cada pieza recuperada es fragmento de tiempo.
Su casa en Las Grutas parece un gabinete de curiosidades marinas: escafandras antiguas, relojes de bronce, botellas centenarias, libros, música. Allí escribió Vida de buzo, donde combina memoria, reflexión y aventura. La escritora Tatiana Goransky lo definió como “un hombre anfibio”, una figura casi mitológica que habita la frontera entre dos mundos.
UNA ÉTICA DEL SILENCIO
Tony no romantiza el riesgo, aunque su vida haya estado atravesada por maniobras que pusieron a prueba cuerpo y temple. Tampoco se presenta como héroe. Prefiere pensarse como un trabajador del agua y un narrador de profundidades.
Dice ser un hombre feliz. Y en esa afirmación hay una clave intelectual, la felicidad no como euforia, sino como coherencia entre vocación y destino. Eligió un oficio que lo obliga a descender —literalmente— para sostener infraestructuras, rescatar memorias y crear nuevos paisajes submarinos.
Su hijo Marcos continúa el camino como buzo profesional y científico. El mar, además de sanar, hereda.
TONY BROCHADO POR JORGE CASTAÑEDA
“En mi amigo Tony Brochado”, Jorge Castañeda cuenta: “En la introducción a su libro, con el título “Frente al monitor”, el Tony Brochado escribe: “En la esquina, en el costado, al lado, hay una tinaja de doscientos años. Por encima del monitor hay un reloj de un viejo barco; Es de bronce; Yo lo pulí y lo colgué. Al otro costado asoma mi biblioteca. Un universo paralelo y cómplice. Me rodean mis CDs, centenares de músicas vibrantes, energéticas y amigas. Si giro un poco más, hacia la ventana del patio, están las viejas botellas que recuperé del fondo del mar. Son misteriosas, bellas y todavía no termino de descubrirlas”.
“Se me ocurre este prefacio, esta apertura, esta introducción, este marco espontáneo para decirte que “soy un tipo feliz” como me decía un amigo catalán. Hablo del mundo más inmediato a mí; y también están los otros, mi familia, mis trabajos, mis amigos, mis películas, mis escritos, mis proyectos, mis sueños”.
“Por lo general, creo, las personas dichosas son libres, esa libertad abre el camino para rescatar a los seres necesarios. Para mí los que muestran un detalle, un dejo, una brisa, el presagio de alguien diferente, y eso es maravilloso”.
“Por suerte entonces, un día decidió documentar su vida submarina para revelar un poco de lo que está oculto bajo la tranquila superficie de ríos y mares”.
“El resultado es un libro de aventuras, plagado de pequeños tesoros ocultos y hazañas sobrehumanas, que consigue sumergir al lector en un mundo acuático extraordinario”.
El periodista Lucho Uribe destacó que “Con pluma impregnada de literatura –lo que revela su fervor por la lectura- Brochado revive en “Vida de Buzo” las misiones riesgosas que le tocó encarar y resalta la historia que tienen para contar los hallazgos submarinos, la fraternidad que une a los hombres de mar, su rol en la investigación científica, y evoca un puñado de acontecimientos de navegación que ocurrieron en la zona y que mucha gente debe recordar. Son breves historias contadas con imágenes que transmiten emoción, tensión, frío, la sensación de pies humedecidos, la incertidumbre y la placidez del final en buen puerto”.
VIENE EL TONY BROCHADO: Viene el Tony Brochado/ entre riadas y mareas/ un buzo entre los buzos/ con barcos y botellas. Tiene el rostro salado/ de aventuras y faenas/ y la vida feliz/ que pasa por sus venas. Viene el Tony Brochado/ con su mirada buena/ con el rostro barbado/ y un rumor de colmena. A pura adrenalina/ la emoción se retempla/ una vida de buzo/ su figura refleja.
Jorge Castañeda – Valcheta 19 de abril de 2020
TONY BROCHADO EL QUE UN DÍA, Y SIEMPRE, CANTA
Lo conocimos en Salto como cantor, sabíamos algo de sus historias de buzo en el río Uruguay, porque nos contaba en aquellos años ochenta cuando con un grupo de cantores, poetas, pintores, gente de teatro creamos la CTC (Coordinadora de Trabajadores por la Cultura), pero, esa será otra historia, quedamos de hablar de música, y su frondosa actividad artística, otro día, hoy nos dedicamos a bucear…
ESE MUNDO EN EL FONDO DEL MAR
La historia de Tony Brochado no es sólo la de un buzo uruguayo radicado en Argentina. Es la de un hombre que entendió que bajo la superficie late otra dimensión del tiempo. Mientras muchos buscan altura para sentirse libres, él encontró libertad descendiendo. En el silencio del fondo marino, donde el tacto precede a la mirada y la respiración marca el ritmo del pensamiento, Tony Brochado descubrió su verdadera patria, esa frontera líquida donde el mundo se aquieta y el espíritu, paradójicamente, emerge.





