Los padres de hoy: presencia, cuidados y nuevos desafíos

La paternidad cambió en Uruguay: más presencia afectiva, crianza compartida y nuevos desafíos, aunque persisten desigualdades y ausencias.

Los padres de hoy

Uruguay celebra hoy el Día del Padre, una fecha que invita a reflexionar sobre el lugar que ocupa la figura paterna en las familias y en la sociedad. En las últimas décadas, la paternidad atravesó una profunda transformación. El modelo tradicional, que asignaba al hombre casi exclusivamente el rol de proveedor económico, fue dejando espacio a una participación más activa en la crianza, el cuidado cotidiano y el desarrollo emocional de los hijos.

Sin embargo, esa evolución no debe idealizarse. Aunque cada vez son más los padres presentes e involucrados, también existen miles de niños y adolescentes que crecen con padres ausentes, ya sea por abandono, desinterés, conflictos familiares, separación, violencia, problemas de adicciones o porque las circunstancias de la vida impiden construir un vínculo cercano. El Día del Padre también interpela esa realidad, que forma parte de la sociedad uruguaya.

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DE PROVEEDORES A PROTAGONISTAS DE LA CRIANZA

La imagen del padre que esperaba fuera de la sala de parto, que rara vez cambiaba un pañal o participaba de las tareas domésticas, ya no representa a una parte importante de las nuevas generaciones. Hoy es frecuente ver a padres que acompañan el embarazo, asisten al nacimiento de sus hijos, preparan la comida, ayudan con los deberes escolares, llevan a los niños a consultas médicas, participan en reuniones educativas y comparten las responsabilidades del hogar.

Este cambio responde a una transformación cultural más amplia. La creciente participación de las mujeres en el mercado laboral, la búsqueda de mayor igualdad dentro de las familias y una revisión de los modelos tradicionales de masculinidad impulsaron nuevas formas de ejercer la paternidad. Los especialistas coinciden en que los roles familiares dejaron de estar determinados exclusivamente por el sexo y comenzaron a entenderse como funciones compartidas.

EL VALOR DE ESTAR PRESENTES

Hoy muchos hombres buscan construir una relación basada en la cercanía, el diálogo y la presencia cotidiana. Ya no se espera únicamente que aporten económicamente, sino también que acompañen el crecimiento de sus hijos desde lo afectivo. Expresar emociones, abrazar, escuchar, contener o hablar de sentimientos dejó de ser visto como una debilidad para convertirse en una parte importante del vínculo familiar.

No obstante, los cambios conviven con viejas desigualdades. Diversos estudios muestran que, aunque los padres participan mucho más que décadas atrás, las mujeres continúan dedicando una mayor cantidad de horas al trabajo doméstico y de cuidados. La llamada “crianza compartida” todavía no siempre significa una distribución equitativa de las responsabilidades.

EL DESAFÍO DE CRIAR EN TIEMPOS DIGITALES

La realidad laboral muchas veces conspira contra el tiempo en familia. Jornadas extensas, múltiples empleos y la necesidad de sostener la economía del hogar dificultan compartir momentos cotidianos con los hijos. En ese contexto, numerosos especialistas destacan que la calidad del tiempo suele resultar más significativa que la cantidad. Conversar, jugar, acompañar una tarea escolar o simplemente escuchar lo que un niño tiene para contar puede fortalecer el vínculo de una manera que ningún regalo logra reemplazar.

La crianza actual también enfrenta desafíos que generaciones anteriores prácticamente no conocieron. Las pantallas, las redes sociales y el acceso permanente a internet obligan a madres y padres a involucrarse en el mundo digital de sus hijos. Educar hoy implica enseñar el uso responsable de la tecnología, prevenir el ciberacoso, cuidar la privacidad, fomentar hábitos saludables y ayudar a distinguir la enorme cantidad de información que circula diariamente.

ENTRE EL AFECTO Y LOS LÍMITES

A esto se suma una búsqueda permanente de equilibrio entre el afecto y los límites. Muchos padres crecieron bajo modelos excesivamente autoritarios y hoy intentan construir vínculos diferentes. Pero evitar el autoritarismo no significa renunciar a la autoridad. La tarea consiste en establecer normas claras, coherentes y respetuosas que permitan a los hijos desarrollar autonomía, responsabilidad y capacidad para convivir con otros.

Otro fenómeno propio de esta época es la presión que ejercen las redes sociales. Allí abundan imágenes de familias aparentemente perfectas, vacaciones soñadas, celebraciones impecables y padres que parecen hacer todo bien. Esa comparación permanente puede generar frustración y una sensación de insuficiencia. Sin embargo, los especialistas en crianza coinciden en que los hijos no necesitan padres perfectos, sino adultos disponibles, consistentes y capaces de acompañarlos incluso cuando se equivocan.

FAMILIAS DIVERSAS Y REALIDADES DIFERENTES

También cambió la forma de entender qué significa ser familia. Hoy conviven hogares biparentales, monoparentales, ensamblados, adoptivos y muchas otras configuraciones. En todas ellas puede existir una figura paterna significativa, incluso sin un vínculo biológico. Muchos hombres ejercen la paternidad desde el compromiso cotidiano, el afecto y la responsabilidad, acompañando el crecimiento de niños y adolescentes como verdaderos referentes.

Al mismo tiempo, es necesario reconocer que no todos los padres cumplen ese rol. Hay hijos que mantienen contacto esporádico con sus padres y otros que nunca lo tuvieron. También existen familias donde fueron los abuelos, tíos, padrastros o incluso las madres quienes asumieron en soledad todas las responsabilidades de la crianza. Hablar del Día del Padre también implica visibilizar esas historias, sin desconocer las dificultades que generan las ausencias afectivas.

UNA PATERNIDAD EN CONSTRUCCIÓN

La sociedad uruguaya ha avanzado hacia una concepción más amplia y corresponsable de la paternidad, pero todavía enfrenta desafíos importantes. La igualdad en las tareas de cuidado, mejores políticas de conciliación entre el trabajo y la familia, licencias parentales más equitativas y una mayor presencia paterna después de las separaciones siguen siendo temas pendientes.

La paternidad de hoy es distinta a la de hace varias décadas, pero no puede resumirse en una única imagen. Conviven padres profundamente comprometidos con otros que permanecen ausentes; hombres que comparten la crianza en igualdad con otros que todavía reproducen modelos tradicionales. El desafío sigue siendo el mismo: construir vínculos donde el cuidado, el respeto, la responsabilidad y la presencia cotidiana tengan más peso que los estereotipos. Porque, más allá de los cambios sociales, ningún hijo necesita un padre perfecto; necesita un adulto que realmente esté presente.


Lic.en Sicologia Santiago Cesio:

La presencia activa del padre fortalece el desarrollo emocional, cognitivo y afectivo de los niños

En el marco del informe especial por el Día del Padre, el licenciado en Psicología Santiago Cesio Arbiza, especializado en masculinidades, paternidad y corresponsabilidad en los cuidados, destacó la importancia que tiene la participación activa de los padres en la crianza de niños y niñas, señalando que su presencia genera beneficios concretos en el desarrollo emocional, afectivo y cognitivo de las infancias.

Cesio Arbiza explicó que actualmente trabaja estos temas tanto desde la investigación como desde la docencia en la Facultad de Psicología, donde aborda junto a los estudiantes la teoría del apego y el papel de las figuras de cuidado en los primeros años de vida.

“Lo que está bueno dejar como mensaje es la importancia de la presencia de la figura paterna en los vínculos primarios de los niños y las niñas, compartiendo los cuidados y la crianza”, expresó.

UNA BASE SEGURA PARA EL DESARROLLO EMOCIONAL

Según indicó el profesional, cuando el padre se involucra de manera cotidiana en las tareas de cuidado —acompañando, consolando, jugando, escuchando y brindando afecto— el niño percibe que cuenta con más de un referente disponible y confiable.

El involucramiento paterno tiene grandes beneficios a nivel del desarrollo emocional y afectivo porque el niño ve que ambos referentes participan en los cuidados, el consuelo y la atención. Eso ayuda a constituir una base segura para sus vínculos presentes y futuros”, sostuvo.

Esa seguridad emocional, agregó, influye luego en la forma en que los niños se relacionan con otras personas a medida que crecen.

TAMBIÉN MEJORA EL DESEMPEÑO ESCOLAR

El especialista señaló que los beneficios no se limitan al plano afectivo. Diversos estudios muestran que cuando el padre participa activamente en actividades como leer cuentos, ayudar con los deberes o acompañar procesos de aprendizaje, los niños suelen mostrar mejores niveles de concentración y rendimiento académico.

“Cuando las tareas escolares se comparten y el padre también está presente en esos espacios, los niños muchas veces logran un mejor desempeño y una mayor capacidad de atención”, explicó.

A pesar de los avances culturales de los últimos años, Cesio Arbiza advirtió que las estadísticas continúan mostrando que la mayor carga de la crianza y de las tareas domésticas sigue recayendo sobre las mujeres.

El involucramiento paterno ha mejorado, pero todavía no alcanza los niveles deseables. Las mujeres siguen estando más sobrecargadas con los cuidados, mientras que muchos varones dedican menos tiempo a esas tareas»

Por eso consideró necesario promover una mirada de corresponsabilidad, donde la crianza no sea entendida como una tarea exclusivamente materna, sino como una responsabilidad compartida.

MÁS ALLÁ DEL DEPORTE Y LOS ROLES TRADICIONALES

Durante la entrevista también se refirió a un fenómeno frecuente de la fuerte presencia de los padres en actividades deportivas de sus hijos, especialmente cuando se trata de varones.

Si bien valoró ese acompañamiento, señaló que la participación paterna no debería limitarse a los espacios tradicionalmente asociados a la masculinidad.

“El padre también puede compartir tiempo de calidad leyendo un cuento, cocinando, jugando o realizando actividades cotidianas con niños y niñas. Es importante ampliar la idea de qué significa cuidar”, afirmó.

LA EXCEPCIÓN: CUANDO LA AUSENCIA PROTEGE

El sicologo aclaró que, si bien la presencia activa del padre aporta importantes beneficios al desarrollo infantil, existen situaciones particulares en las que el alejamiento de esa figura resulta necesario para proteger a niños y niñas.

Explicó que una parte de las ausencias paternas se da en contextos de violencia intrafamiliar, un tema que también forma parte del trabajo sobre masculinidades y nuevas formas de ejercer la paternidad.

«Muchas veces también lo que se ve es la ausencia por situaciones de violencia. En esos casos, la figura paterna puede ser quien ejerce la violencia dentro del ámbito familiar y, desde ese lugar, genera un daño. Entonces, cuando existe una situación de violencia, el no contacto con esa figura paterna puede ser necesario para proteger a los niños y niñas.»

El profesional subrayó que estos casos deben analizarse de manera particular y que no pueden compararse con otras situaciones de ausencia paterna, ya que el objetivo prioritario es siempre garantizar el bienestar y la seguridad de las infancias.

UN CAMBIO CULTURAL EN MARCHA

Finalmente, Santiago Cesio consideró que la sociedad atraviesa un proceso de transformación respecto a las formas de ejercer la paternidad y las masculinidades.

“Son temas que nos invitan a cuestionar muchas ideas que tenemos muy aprendidas y a pensar otras maneras de vincularnos y cuidar”, agregó.

«La presencia activa, afectuosa y cotidiana del padre no solo beneficia a los niños y niñas, sino que también contribuye a construir relaciones familiares más equilibradas y saludables.»


Juan Romero – Sociólogo

Nuevas paternidades: entre el legado del modelo patriarcal y los desafíos de una crianza más igualitaria

En el marco del Día del Padre, la figura paterna vuelve a instalarse en el centro del debate, no solo desde la celebración, sino también desde la reflexión sobre los profundos cambios que ha experimentado en las últimas décadas.

Para el sociólogo Juan Romero, la sociedad atraviesa una transición en la forma de entender la paternidad, marcada por el pasaje desde el tradicional modelo patriarcal hacia vínculos más afectivos, participativos y corresponsables.

Lejos de tratarse de un proceso concluido, Romero sostiene que los hombres conviven hoy con tensiones entre los antiguos mandatos sociales y las nuevas expectativas que plantea la crianza contemporánea.

“Lo que estamos viviendo en los últimos 40 años es un cambio de modelo de paternidad y maternidad. El modelo patriarcal tradicional se ha ido desgranando y hoy la sociología contemporánea habla de nuevas paternidades. Es una tensión entre la transformación y la resistencia al cambio, especialmente por parte de los varones”.

El entrevistado señaló que estas tensiones también ayudan a comprender algunos fenómenos sociales de extrema violencia. “A veces se llega a situaciones trágicas, como los femicidios, que son, en parte, el reflejo de esas tensiones que existen entre los cambios sociales y las resistencias culturales”.

DE LA AUTORIDAD AL VÍNCULO AFECTIVO

Uno de los cambios más notorios es la forma en que hoy se ejerce la paternidad. Mientras décadas atrás predominaba una autoridad basada exclusivamente en el rol del padre, actualmente se busca construir relaciones más cercanas con los hijos.

Romero recordó que durante muchos años frases como “porque soy tu padre” bastaban para cerrar cualquier discusión dentro del hogar.

“Se ha ido pasando a una paternidad más empática, más cercana y más comunicativa, donde los varones procuran construir lazos afectivos e involucrarse emocionalmente en el desarrollo de sus hijos”.

Incluso mencionó que en países europeos, como Francia, actualmente se debate hasta qué punto la vida de los hijos debe ocupar el centro de la vida familiar, un intercambio que demuestra que las formas de ejercer la parentalidad continúan evolucionando.

LA CORRESPONSABILIDAD COMIENZA A INSTALARSE

Otro de los cambios destacados es la creciente participación de los hombres en las tareas cotidianas de cuidado, impulsada también por la mayor inserción laboral de las mujeres. “Hoy, en Uruguay, prácticamente la mitad del mercado de trabajo está compuesto por mujeres. Eso hizo que el modelo del padre únicamente proveedor se fuera desgastando”.

En consecuencia, cada vez son más frecuentes las familias donde ambos integrantes organizan conjuntamente las responsabilidades. “Los varones van asumiendo tareas de cuidado, como la higiene, la alimentación, llevar a los hijos al médico, a la escuela o preparar la comida. Se va construyendo una verdadera corresponsabilidad”.

YA NO EXISTE UN ÚNICO MODELO DE FAMILIA

Otro fenómeno relevante es la diversidad de configuraciones familiares existentes en la actualidad. Hasta las décadas de 1970 y 1980, alrededor del 90 % de los hogares respondían al modelo de familia nuclear, integrado por padre, madre e hijos. Hoy ese formato continúa siendo el más frecuente, pero representa apenas algo más de la mitad de los hogares.

El especialista explicó que actualmente conviven múltiples formas de organización familiar: familias ensambladas, monoparentales, extendidas, hogares donde los abuelos forman parte del núcleo cotidiano, familias homoparentales y padres separados que comparten la crianza.

“Hoy la sociología habla de familias, en plural. Decir que la familia desapareció responde más a una postura ideológica que a la evidencia científica”.

En ese sentido, recordó la visión de un reconocido sociólogo alemán, quien sostiene que el verdadero elemento que define a una familia no es el vínculo biológico, sino el afecto. “Donde hay afecto, hay familia. Ese es el criterio que enseñamos a los futuros trabajadores sociales cuando realizan intervenciones en territorio”.

LOS VIEJOS MANDATOS AÚN SIGUEN PRESENTES

Pese a los avances, el especialista advirtió que permanecen importantes resistencias culturales. La principal continúa siendo el mandato del hombre como proveedor económico del hogar.

“Muchos hombres sienten que su identidad masculina queda cuestionada cuando la mujer gana más que ellos. No es un problema para la mujer; es el hombre quien siente que no está cumpliendo el rol que la sociedad le asignó”.

También persiste una marcada desigualdad en la distribución de las tareas domésticas. Explicó que muchos hombres consideran que “ayudan” en la casa, cuando en realidad siguen entendiendo que la responsabilidad principal continúa siendo de la mujer.

“El hombre dice que ayuda, pero la mujer sigue siendo quien cocina, limpia, organiza y lleva adelante la mayor parte de las tareas del hogar”.

Las investigaciones sobre el uso del tiempo muestran que, aunque hubo avances importantes respecto al siglo pasado, las mujeres continúan dedicando cerca del 70 % del tiempo destinado a las tareas de cuidado, mientras los hombres apenas alcanzan aproximadamente un 30 %.

POLÍTICAS PÚBLICAS QUE TODAVÍA NO ACOMPAÑAN

Finalmente, el especialista sostuvo que las propias instituciones mantienen rasgos del antiguo modelo patriarcal. Puso como ejemplo las diferencias entre las licencias maternales y paternas, diseñadas bajo la idea de que la madre debe ser la principal responsable del cuidado.

“Las estructuras laborales y muchas políticas públicas todavía operan bajo la lógica de que el principal cuidador es la mujer. Eso también constituye una resistencia al cambio”.

Como conclusión, afirmó que las nuevas generaciones de hombres crecen en medio de un escenario híbrido, donde conviven los mandatos tradicionales con nuevas formas de ejercer la paternidad.

“No hay un modelo que haya terminado completamente ni otro que esté plenamente consolidado. Los adolescentes de hoy conviven con ambas formas de entender la paternidad”.

Incluso reconoció que quienes pertenecen a generaciones anteriores también atraviesan un proceso de revisión personal.

“Yo soy del siglo XX y crecí con un modelo más patriarcal. Como me dicen mis hijos, tengo que reconstruirme. Creo que todos, de alguna manera, estamos aprendiendo a cambiar la forma en que educamos y nos vinculamos con nuestros hijos”.


Dra. Mónica González – Pediatra y magíster en Humanización de la Salud

Los hijos no necesitan padres perfectos, necesitan padres presentes”: la mirada de la pediatría sobre las nuevas paternidades

En el marco de las entrevistas especiales por el Día del Padre, la pediatra y magíster en Humanización de la Salud, Dra. Mónica González, reflexionó sobre la profunda transformación que ha experimentado la figura paterna en las últimas décadas y el impacto que esa participación tiene en el desarrollo integral de niños y adolescentes.

Desde la mirada pediátrica, la especialista sostiene que hoy existe abundante evidencia científica que demuestra que la presencia activa del padre favorece el desarrollo cerebral, emocional y social de los hijos desde antes del nacimiento y durante todas las etapas de crecimiento.

Para la profesional, el modelo tradicional en el que el padre era visto únicamente como sostén económico ha quedado atrás.

Tradicionalmente se hablaba de la madre como la principal cuidadora. ¿Cómo ha cambiado el rol del padre en la crianza?

“Ha cambiado muchísimo y para bien. Durante muchos años, el padre fue visto principalmente como quien sostenía económicamente a la familia. Hoy sabemos que su papel va mucho más allá. Un padre que participa desde el embarazo, juega, conversa, cuida y acompaña favorece el desarrollo del cerebro, el lenguaje, la autoestima y la regulación de las emociones de sus hijos. Ya no hablamos de que el padre ‘ayuda’ a la madre; hablamos de compartir la crianza”.

Además, agrega la pediatra que esto no solo beneficia a la familia. “Es un derecho del niño. La Convención sobre los Derechos del Niño reconoce que ambos padres tienen responsabilidades comunes en su cuidado y desarrollo, siempre pensando en el interés superior del niño”.

CUÁNDO EMPIEZA REALMENTE A CONSTRUIRSE EL VÍNCULO ENTRE UN PADRE Y SU HIJO

“Mucho antes del nacimiento. Empieza durante el embarazo, cuando el padre acompaña a la madre a los controles, habla con el bebé, participa en las decisiones y brinda apoyo emocional. Ese acompañamiento disminuye el estrés materno, fortalece a la familia y facilita que, una vez nacido el bebé, se establezca un apego seguro”.

Por otra parte, la especialista destaca la importancia que tiene la presencia del padre durante el parto y en los primeros días de vida.

“Es un momento único. Siempre que las condiciones lo permitan, la presencia del padre transmite tranquilidad a la madre y favorece el vínculo con el recién nacido. Si la madre no puede realizar inmediatamente el contacto piel con piel, el padre puede hacerlo y también es deseable que lo realice siempre. Ese primer abrazo ayuda al bebé a adaptarse al nacimiento y fortalece el apego”.

En Uruguay, la legislación reconoce el derecho de la mujer a estar acompañada durante el parto por la persona de su confianza. “Hoy, afortunadamente, quedó atrás la época en que los padres esperaban fuera de la sala de partos”, destaca.

“Siempre les digo algo a los padres: salvo amamantar, prácticamente todos los cuidados de un bebé pueden ser realizados tanto por la mamá como por el papá. Por eso, ya no hablamos solamente de la relación madre-hijo, sino de una verdadera tríada de madre, padre e hijo”.

EN LOS PRIMEROS AÑOS, ¿QUÉ NECESITA UN NIÑO DE SU PADRE?

“Necesita tiempo, cariño y disponibilidad emocional. No hacen falta grandes regalos ni planes extraordinarios. Leer un cuento, tirarse a jugar en el piso, bañarlo, darle de comer o consolarlo cuando llora son momentos que construyen la confianza y la seguridad en el niño”.

Para nuestra entrevistada, “los niños aprenden mirando. El padre es un modelo de cómo expresar afecto, resolver problemas, respetar a los demás y enfrentar las dificultades”.

Al llegar a la etapa escolar, el padre sigue siendo esencial. “El padre sigue siendo una figura muy importante. Es bueno que conozca la escuela, a los docentes, a los amigos de sus hijos y que se interese por lo que viven cada día. También debe acompañar las tareas sin hacerlas por ellos, estimular el deporte, la lectura y la curiosidad”.

La Dra. afirma, por otra parte, la importancia de los límites. “Los límites deben ser claros, afectuosos y acordados entre ambos padres. Cuando los niños crecen, es muy importante que las normas sean coherentes”.

EL ROL DEL PADRE EN LA ADOLESCENCIA

“La adolescencia necesita padres muy presentes, aunque a veces parezca que los hijos buscan distancia. Siguen siendo una referencia fundamental”, indica.

“Es el momento de escuchar más, dialogar sin juzgar, respetar la autonomía que van conquistando y mantener límites claros. Las investigaciones muestran que los adolescentes que mantienen una buena comunicación con sus padres presentan menos consumo de alcohol y otras drogas, menos conductas de riesgo y mejor salud mental”.

¿ES MÁS IMPORTANTE LA CALIDAD DEL TIEMPO O LA CANTIDAD?

“Las dos cosas importan. Solemos decir que lo importante es la calidad, pero para que exista esa calidad primero tiene que haber tiempo. Los vínculos se construyen en los pequeños momentos de todos los días: un desayuno compartido, una conversación camino a la escuela, un partido de fútbol en la plaza o simplemente estar disponibles cuando un hijo necesita hablar”.

¿LOS PADRES PARTICIPAN HOY MÁS EN LOS CONTROLES DE SALUD DE SUS HIJOS?

“En los últimos años hemos visto un cambio muy positivo. Cada vez es más frecuente que los padres acompañen los controles pediátricos, concurran a las consultas de urgencia, participen en la internación y, sobre todo, se involucren en las decisiones relacionadas con la salud de sus hijos. Muchas veces concurre el padre solo con su bebé o su niño escolar a los controles, sin ningún problema”.

Para la profesional, esta participación tiene un enorme valor. “Cuando ambos padres conocen al niño, comprenden las indicaciones y participan de las decisiones, se favorece la continuidad de los cuidados, mejora la adherencia a los tratamientos y disminuyen los errores o malentendidos. Además, el niño siente a sus padres presentes y eso le genera mucha seguridad”.

UN MENSAJE A LOS PADRES DESDE LA PEDIATRÍA

“Nunca subestimen el valor de su presencia. Los hijos no necesitan padres perfectos; necesitan padres que estén, que abracen, que escuchen, que jueguen, que pongan límites con cariño y que acompañen en el día a día”.

Afirma que está demostrado que un padre involucrado desde el embarazo y presente durante la infancia y la adolescencia favorece el desarrollo físico, emocional, social y cognitivo de sus hijos.

“En este Día del Padre queremos reconocer a todos los papás que cada día hacen ese esfuerzo. Acompañar a un hijo es una de las experiencias más valiosas de la vida. Desde la pediatría tenemos el privilegio de caminar junto a las familias en ese recorrido”.


Luis Massarino – Fotógrafo

La cámara que retrató a Salto y el hombre que hizo de la familia su mayor legado

El reconocido periodista gráfico salteño repasa una vida dedicada al trabajo, la responsabilidad y los afectos, convencido de que los valores siguen siendo la mejor herencia para las nuevas generaciones.

Hablar de Luis Massarino es hablar de una parte de la historia del periodismo gráfico en Salto. Durante décadas recorrió calles, barrios, instituciones, eventos deportivos, actos oficiales y acontecimientos sociales con su cámara al hombro, registrando imágenes que hoy forman parte de la memoria colectiva de varias generaciones de salteños. Su nombre se convirtió en sinónimo de compromiso, profesionalismo y pasión por contar la realidad a través de una fotografía.

Sin embargo, detrás del reconocido periodista gráfico existe un hombre sencillo, de profundas convicciones familiares, que encuentra su mayor orgullo no en las miles de imágenes que tomó a lo largo de su carrera, sino en la familia que formó junto a su esposa. Padre de varios hijos y abuelo de nueve nietos, Massarino sostiene que el verdadero éxito de una persona no se mide por el reconocimiento público, sino por los valores que logra transmitir dentro de su hogar.

En una conversación cargada de recuerdos y emociones, reflexiona sobre la paternidad, la educación, el paso del tiempo y la importancia de mantener vivas aquellas enseñanzas que marcaron toda su vida.

LA RESPONSABILIDAD COMO FILOSOFÍA DE VIDA

Existe una costumbre que identifica a Luis Massarino y que resume buena parte de su manera de entender la vida. Cada vez que fotografía a uno de sus nietos, además de colocar la fecha, escribe discretamente una letra: la “R”.

No es un detalle casual. Esa letra representa la palabra “responsabilidad”, el principio que considera indispensable para construir una buena persona. Está convencido de que la responsabilidad, acompañada de la honestidad y la cultura del trabajo, abre puertas en cualquier ámbito de la vida.

Cuenta que esos valores los aprendió de sus propios padres y fueron los mismos que procuró inculcar a sus hijos desde pequeños. Incluso hoy, ya adultos, asegura que esa enseñanza continúa presente dentro de la familia y, muchas veces, entre ellos mismos recuerdan aquella simple letra que terminó transformándose en un símbolo familiar.

LA FELICIDAD DE SER PADRE Y EL PRIVILEGIO DE SER ABUELO

Aunque reconoce que convertirse en abuelo representa una inmensa alegría, explica que la experiencia de ser padre ocupa un lugar diferente e irrepetible.

Recuerda con especial emoción el nacimiento de sus primeros hijos, unos mellizos cuya llegada, curiosamente, siempre había imaginado antes incluso de formar una familia. Aquel día marcó el comienzo de una historia familiar que, con el paso de los años, fue creciendo hasta reunir hijos, nueras, yernos y nueve nietos alrededor de una misma mesa.

Hoy disfruta acompañando a los más pequeños, enseñándoles, fotografiándolos y compartiendo momentos que sabe que quedarán para siempre en la memoria de todos.

EDUCAR AYER Y EDUCAR HOY

Massarino observa que la sociedad ha cambiado profundamente y que la crianza de los hijos plantea desafíos muy diferentes a los de décadas atrás.

Recuerda que durante su infancia la escuela tenía un papel central en la formación de los niños y que existía una disciplina basada en el respeto hacia los docentes, la familia y los mayores. Sin idealizar el pasado, entiende que aquellas experiencias contribuyeron a formar generaciones comprometidas con el trabajo y el esfuerzo.

A su entender, hoy existen muchas más distracciones y responsabilidades, pero sostiene que la tarea de los padres sigue siendo la misma: acompañar, orientar y predicar con el ejemplo.

EL ORGULLO DE VER CRECER A LOS HIJOS

Pocas cosas emocionan tanto a Luis como observar el camino recorrido por cada uno de sus hijos.

Recuerda que, junto a su esposa, siempre procuraron apoyarlos cuando decidieron iniciar sus propios emprendimientos, aun cuando eso implicara asumir riesgos o enfrentar incertidumbres.

Hoy siente una enorme satisfacción al ver que todos lograron desarrollarse, construir sus propios proyectos y formar sus familias, como fruto del esfuerzo, la perseverancia y el trabajo constante.

LA FAMILIA, UN REFUGIO QUE PERMANECE

En la casa de los Massarino, las reuniones familiares siguen siendo una tradición inalterable.

Cumpleaños, celebraciones o simplemente un fin de semana cualquiera sirven como excusa para reunir nuevamente a hijos y nietos alrededor de una mesa larga, donde abundan las conversaciones, las anécdotas y el afecto.

Aunque reconoce que muchas familias ya no conservan esas costumbres, considera que mantener esos espacios de encuentro fortalece los vínculos y transmite un sentido de pertenencia imposible de reemplazar.

LA PESCA COMO ESCUELA DE VIDA

Otra de las grandes pasiones que atraviesa varias generaciones de la familia es la pesca.

Desde pequeños, sus hijos aprendieron a compartir jornadas junto a él en el río, donde, además de disfrutar de la naturaleza, recibían enseñanzas sobre el respeto, la prudencia y la responsabilidad.

Con el paso del tiempo, los roles cambiaron y ahora son ellos quienes invitan a su padre y abuelo a seguir compartiendo esa pasión que permanece intacta.

EL LEGADO QUE TRASCIENDE UNA CARRERA

Después de toda una vida dedicada al periodismo gráfico, Luis Massarino sabe que las fotografías pueden inmortalizar un instante, pero también comprende que existen imágenes mucho más profundas: las que quedan grabadas en la memoria de una familia unida.

Por eso, cuando piensa en el legado que desea dejar, no habla de premios ni de reconocimientos profesionales. Prefiere recordar el ejemplo cotidiano, el trabajo honesto, el respeto por los demás y la responsabilidad como principios innegociables.

Quizás por eso, cada vez que uno de sus nietos encuentre aquella pequeña “R” escrita al margen de una vieja fotografía, comprenderá que detrás de esa letra existía toda una forma de vivir. La misma que convirtió a Luis Massarino no solo en uno de los periodistas gráficos más reconocidos de Salto, sino también en un padre y abuelo cuya mayor obra siempre fue su propia familia.


Ing. Agr. Gonzalo Trindade

«Ser padre es un aprendizaje permanente que cambia la forma de ver la vida»

El entrevistado reflexiona sobre la paternidad, la crianza de un hijo con síndrome de Down, la inclusión y los desafíos que enfrentan hoy las familias en una sociedad marcada por la inmediatez y las nuevas tecnologías.

Más allá de su trayectoria profesional como Ingeniero Agrónomo, Gonzalo Trindade habla desde el lugar más importante de su vida: el de padre. Con serenidad, sensibilidad y una profunda honestidad, comparte cómo la llegada de su hijo Nicolás, transformó su manera de entender el mundo y lo llevó a descubrir una profesión para la que nadie entrega un manual.

Su experiencia, atravesada por la crianza de un niño con síndrome de Down, le permitió, junto a su esposa, Eva Oxandabarat, comprender que las verdaderas barreras no están en las personas, sino en una sociedad que aún tiene mucho por aprender sobre inclusión. En esta entrevista, Trindade reflexiona sobre los cambios generacionales, el papel de la familia, la educación y la importancia de acompañar a cada niño respetando sus propios tiempos y capacidades.

«UNO NUNCA TERMINA DE APRENDER A SER PADRE»

Para Gonzalo Trindade, la paternidad no comienza el día en que se recibe la noticia de un embarazo ni termina cuando el hijo alcanza determinada edad. Es un proceso continuo de transformación personal.

«Uno va mutando constantemente», sostiene, convencido de que ser padre implica aprender todos los días. Si bien reconoce que cada persona toma modelos de quienes lo precedieron, entiende que las realidades cambian y obligan a adaptarse permanentemente.

Esa evolución, explica, forma parte del crecimiento tanto de los hijos como de los propios padres, quienes deben asumir que no existen recetas universales para educar.

LOS NIÑOS DE HOY CRECEN EN OTRA REALIDAD

Al comparar la infancia actual con la de generaciones anteriores, Trindade observa diferencias profundas.

Las nuevas tecnologías, el acceso inmediato a la información y las redes sociales ofrecen oportunidades que antes parecían impensables. Sin embargo, advierte que esa facilidad también genera expectativas de resultados rápidos y poca tolerancia a la frustración.

Según explica, mientras generaciones anteriores aprendieron que los logros requerían esfuerzo y constancia, hoy muchos niños esperan respuestas inmediatas, lo que puede derivar en mayores niveles de ansiedad y frustración.

Al mismo tiempo, señala que las dificultades emocionales y de salud mental afectan cada vez más a niños y adolescentes, independientemente de que presenten o no alguna discapacidad.

«LAS BARRERAS LAS PONEMOS LOS ADULTOS»

Uno de los momentos más profundos de la entrevista llega cuando aborda la discapacidad de su hijo.

Lejos de centrar el problema en las limitaciones del niño, Trindade sostiene que las principales barreras son construidas por la sociedad.

Reconoce que existen avances en materia de inclusión, pero considera que todavía falta capacitación para docentes, educadores y profesionales, además de mayores recursos que acompañen las políticas públicas.

También cuestiona los estereotipos que suelen instalarse sobre determinadas discapacidades.

«No existe un único perfil. Cada niño es diferente», afirma, remarcando que los prejuicios terminan condicionando mucho más que las propias limitaciones.

EDUCAR RESPETANDO LOS TIEMPOS DE CADA HIJO

Para Trindade, uno de los mayores desafíos de la crianza consiste en encontrar el equilibrio entre estimular a los hijos y no imponerles expectativas imposibles.

Entiende que cada niño posee sus propios ritmos, intereses y capacidades, y que el verdadero rol de los padres consiste en acompañar ese proceso sin fijar metas que generen frustraciones innecesarias.

En ese camino destaca el apoyo recibido por la Asociación Down, institución que les brindó orientación desde los primeros momentos.

Según relata, el acompañamiento de familias con experiencias similares permitió recorrer un camino mucho más claro y comprender cuáles eran las mejores herramientas para potenciar el desarrollo de su hijo.

LAS PRIORIDADES CAMBIAN PARA SIEMPRE

Cuando se le pregunta qué es lo más lindo y lo más difícil de ser padre, la respuesta surge casi sin pensar.

Lo más gratificante, asegura, es regresar a casa y encontrarse con ese abrazo que cambia completamente el día.

Pero también reconoce que la paternidad implica resignar muchas cosas personales.

Los proyectos individuales, los gustos y hasta los tiempos propios pasan a un segundo o tercer plano porque las necesidades de los hijos ocupan naturalmente el primer lugar.

Esa renuncia, lejos de vivirse como un sacrificio, forma parte del compromiso que implica formar una familia.

LA DECISIÓN DE TENER HIJOS DEBE SER RESPONSABLE

Consultado sobre las nuevas generaciones y las parejas que deciden no tener hijos, Trindade adopta una postura respetuosa.

Considera que hoy la maternidad y la paternidad dejaron de ser una obligación social para convertirse en una elección consciente.

A su entender, esa libertad es positiva, ya que traer un hijo al mundo requiere compromiso, tiempo y verdadera vocación.

Obligar o presionar a alguien para ser padre o madre puede derivar en situaciones mucho más complejas que la decisión responsable de no tener descendencia.

UNA EXPERIENCIA QUE VOLVERÍA A VIVIR

Al finalizar la conversación, Gonzalo Trindade no duda. A pesar de los desafíos, las incertidumbres y todo lo aprendido en el camino, volvería a recorrer exactamente la misma experiencia.

Quizás, dice entre sonrisas, le gustaría poder encontrarse con su versión del pasado para darle algunos consejos. Pero mientras eso siga siendo imposible, continuará haciendo lo que considera la tarea más importante de su vida: aprender cada día a ser un mejor padre.

Su testimonio deja una enseñanza que trasciende cualquier experiencia personal: la inclusión comienza cuando la sociedad aprende a mirar a cada niño por lo que realmente es, sin etiquetas, sin prejuicios y respetando su singularidad.


Roberto Cabrera

«Ser padre es educar con amor, poner límites y estar siempre cuando los hijos lo necesitan»

La experiencia de un padre y abuelo que reflexiona sobre los cambios de la familia, la educación y los valores en tiempos de nuevas generaciones

En vísperas de un nuevo Día del Padre, Roberto Cabrera comparte una mirada cargada de experiencia, sensibilidad y sinceridad sobre el significado de ser padre y abuelo en la sociedad actual. Desde la vivencia de haber formado una familia unida y atravesar momentos de enorme felicidad y también de profundo dolor, sostiene que la paternidad va mucho más allá del vínculo biológico: implica educar, acompañar, marcar límites y estar presente aun cuando las circunstancias sean difíciles.

Con la serenidad que otorgan los años, Cabrera analiza cómo cambiaron las formas de criar a los hijos, reflexiona sobre la pérdida de algunos valores tradicionales y destaca el enorme papel que hoy cumplen los abuelos dentro de muchas familias. Su testimonio es también un homenaje a quienes, desde el amor cotidiano, construyen generaciones con esfuerzo y dedicación.

«SER PADRE NUNCA TERMINA»

Para Roberto Cabrera, la paternidad no concluye cuando los hijos llegan a la adultez. Por el contrario, entiende que ese compromiso se transforma y continúa a través de los nietos.

«Uno siempre piensa que todo lo que no hizo bien con los hijos puede intentar mejorarlo en la siguiente generación», afirma. Sin embargo, reconoce que el rol del abuelo es diferente al del padre. Mientras los padres tienen la responsabilidad de educar y corregir, los abuelos suelen convertirse en un refugio de afecto y comprensión.

Lejos de aceptar que los abuelos simplemente «malcrían» a sus nietos, considera que el verdadero desafío consiste en acompañarlos sin sustituir la autoridad de sus padres.

UNA SOCIEDAD QUE CAMBIÓ DEMASIADO RÁPIDO

Al comparar la crianza de décadas atrás con la actual, Cabrera observa profundas diferencias.

A su entender, uno de los principales cambios pasa por la pérdida de determinadas normas de convivencia y respeto que antes se enseñaban tanto en la casa como en la escuela.

Recuerda que antiguamente la palabra del maestro tenía una enorme autoridad dentro de las familias y que los padres respaldaban esa tarea educativa. Hoy, sostiene, esa realidad es distinta y muchas veces los niños crecen sin incorporar hábitos tan simples como saludar, respetar a los mayores o aceptar límites.

Para él, no se trata solamente de un cambio generacional, sino también de una transformación en la dinámica familiar.

EL TIEMPO, EL GRAN ENEMIGO DE LA EDUCACIÓN

Uno de los factores que más preocupa a Cabrera es la falta de tiempo que tienen actualmente muchos padres.

Explica que las exigencias económicas obligan a trabajar durante largas jornadas y eso reduce las horas de convivencia familiar, precisamente el espacio donde se transmiten los valores fundamentales.

Considera que cuando los padres llegan agotados después de extensas jornadas laborales resulta mucho más difícil ejercer la autoridad, dialogar con los hijos o corregir determinadas conductas.

No responsabiliza a las familias, sino a una realidad social que exige cada vez mayores sacrificios para sostener un hogar.

EDUCAR TAMBIÉN ES PONER LÍMITES

Para Roberto Cabrera existe una idea que resume buena parte de su experiencia como padre: los límites son indispensables.

Entiende que la autoridad no significa autoritarismo, sino enseñar que existen normas que deben cumplirse.

Respetar horarios, aceptar un «no» como respuesta o comprender que no siempre es posible tener todo son enseñanzas que, a su juicio, ayudan a formar personas responsables.

Reconoce que hoy esa tarea resulta mucho más compleja debido al avance de la tecnología, las redes sociales y las nuevas formas de comunicación, pero insiste en que los principios esenciales continúan siendo los mismos.

GENARO, UNA NUEVA ESPERANZA

Cuando habla de su nieto Genaro, la emoción aparece de inmediato.

Lo define como un niño especial, responsable, educado y con una madurez poco común para su edad.

Destaca su compromiso con la escuela, el deporte y las actividades cotidianas, pero sobre todo valora su actitud positiva frente a la vida.

Confiesa que, mientras continúa transitando el duelo por la pérdida de uno de sus hijos, muchas veces encuentra en Genaro gestos, actitudes y rasgos que le recuerdan a él.

Esa presencia se ha convertido en una fuente permanente de fortaleza y esperanza para toda la familia.

LA FAMILIA, EL LEGADO MÁS IMPORTANTE

Al reflexionar sobre el futuro, Roberto Cabrera asegura que desea ser recordado como un hombre que siempre actuó pensando en el bien de sus hijos y nietos.

Reconoce que en ocasiones fue exigente y duro, pero afirma que cada consejo, cada corrección y cada decisión tuvieron siempre un único propósito: ayudarlos a ser mejores personas.

Más que cualquier logro material, considera que el mayor patrimonio de una persona es dejar una familia unida, capaz de sostenerse tanto en los momentos felices como en las adversidades.

Porque, para él, ser padre y abuelo significa exactamente eso: estar siempre cuando los seres queridos lo necesitan.

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