El Espacio de la Junta de Salto

LOS CIMIENTOS DE UN NUEVO SALTO

Columnas De Opinión

Enzo Molina repasa el primer año de gestión en Salto, marcado por decisiones difíciles, orden institucional y bases para el desarrollo futuro.

Dr. Enzo Molina

Edil Dr. Enzo Molina

Presidente de la Junta Departamental de Salto
Periodo 2025-2026
Bancada CORE
Partido Nacional

Hay gobiernos que son recordados por las obras que inauguran. Otros tienen la responsabilidad, menos visible pero igualmente trascendente, de ordenar, tomar decisiones y sentar las bases para que esas obras puedan hacerse realidad. Este primer año de gestión en Salto nos encontró, precisamente, ante ese desafío.

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Gobernar nunca es elegir entre lo bueno y lo malo. La mayoría de las veces es elegir entre lo difícil y lo necesario. Es asumir responsabilidades aun sabiendo que algunas decisiones generan críticas, desgaste o incomprensión. Esa es la esencia del servicio público cuando se ejerce con honestidad intelectual y con sentido de responsabilidad.

Nos tocó debatir y aprobar herramientas financieras indispensables para dar estabilidad a la administración, discutir un presupuesto quinquenal que marcará el rumbo del departamento, afrontar las consecuencias de una transición política que implicó decisiones complejas sobre cargos de confianza, participar en llamados a sala y defender, en el Parlamento, la modificación parcial del Plan de Ordenamiento Territorial por entender que representa una oportunidad de desarrollo imprescindible para Salto. Detrás de cada uno de esos episodios hubo horas de estudio, diálogo, diferencias y, sobre todo, la convicción de que el interés general debía prevalecer sobre cualquier cálculo circunstancial.

La política pierde sentido cuando se reduce a administrar el presente. Su verdadera misión es crear las condiciones para un futuro mejor. Eso exige coraje para decidir, firmeza para sostener las convicciones y humildad para escuchar cuando existen argumentos que enriquecen el camino.

Esa forma de entender la función pública no nació conmigo. La aprendí en el Partido Nacional, inspirado en una tradición profundamente artiguista que concibe la política como un servicio y no como un privilegio. Una tradición que defiende la libertad con responsabilidad, el respeto por las instituciones, la descentralización y la igualdad de oportunidades para quienes viven lejos de los grandes centros de decisión. Como hombre del norte, esa convicción tiene para mí un significado especial: defender a Salto también es defender el derecho del interior a crecer, desarrollarse y ser escuchado.

En los próximos días concluirá una etapa institucional con el cambio de autoridades en la Junta Departamental. Los cargos son transitorios; las convicciones permanecen. Seguiré ejerciendo la política con la misma pasión con la que asumí cada responsabilidad que la ciudadanía me confió, convencido de que todavía queda mucho por hacer por nuestro departamento.

A quienes depositaron su confianza en nosotros les reitero un compromiso que considero irrenunciable: seremos garantes del cumplimiento de la palabra empeñada. Las campañas terminan el día de la elección; los compromisos comienzan ese mismo día y deben sostenerse durante todo el ejercicio del gobierno.

Creo en una política que construye, que dialoga, que decide y que no renuncia a sus principios. Porque, al final del camino, gobernar no es buscar el aplauso inmediato. Gobernar es tener la serenidad de hacer lo correcto, aun cuando sea lo más difícil.

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