21 C
Salto
sábado, febrero 7, 2026

LOS CENTROS CULTURALES DEL CARNAVAL

Salto, febrero de 2026, barrio Cerro, club Fenix. La noche es un bullicio de plegables y correría, la vereda se transforma en escenario y la calle en platea, el público expectante se olvida de Netflix, YouTube y la mar en coche de distracciones virtuales enlatadas, la luna observa cómplice, la tierra empieza a temblar, nadie se asusta, ya conocen ese terremoto llamado Punto y Coma.

El coro despeina y peina de nuevo, el Galleta levita iluminado, el Mara controla atento la afinación y embellece con su voz como un acróbata de la música, el Cucaracho sin mover un pelo nos hace reir a carcajadas, desde arriba Papino relojea. Son los gurises, mis hermanos de tantos asados.

El humo invade el escenario, no es puesta en escena, es de la parrilla y la expectativa se divide, ¿qué cantará la murga? ¿Para cuándo salen los chori? Un niño de no más de 80 centímetros se cuela en la batería, con dos cartones, fingiendo ser platillero. Pone cara de serio para que nadie lo descubra.

- espacio publicitario -SOL - Calidez en compañía

Ese es el carnaval de Salto, el Peti alcanza una silla, de la galera mi tocayo saca un Fernet y una hilera de niñas y niños transforman el asfalto en primera fila. El tiempo para y todos estamos juntos en el mismo momento de felicidad, como si el propio Universo te dijera, disfrutá pibe, hoy se escribe el libro de la bohemia salteña y tu nombre va a estar en él.

LOS CAJETILLAS TENDRÁN SU MERECIDO

La escena nunca es idéntica, pero el mecanismo se reconoce al primer vistazo. El director ordena el aire con un gesto preciso, la alegría es una herida que nunca cicatriza, la bata es el motor de este bólido de voces, el repertorio es la casa que siempre estamos construyendo, en este techo vivimos todos, estamos tranquilos, porque nada está bajo control.

La murga funciona como un organismo. Ajusta, corrige, vuelve a intentar. El humor se calibra para que pegue donde tiene que pegar. La afinación se cuida como una promesa que debe ser cumplida. La palabra se discute, se pule y se defiende porque ahí está el sentido. Cada quien sabe qué hacer y cuándo hacerlo.

Somos la tropa de choque de Momo y el club es nuestra fortaleza. Sus paredes escuchan discusiones que no figuran en actas. El piso vibra con un redoble, los vecinos se aprenden las nuevas letras. El ritual es sencillo: el arte es repetición y a la gilada ni cabida.

TODOS TOMAN NARANJADA

Los murguistas pagan la fiesta. Mientras los discursos venden el humo sin choripán del carnaval como patrimonio y postal turística, saludan con sombrero ajeno, vampiros oficiales que le chupan la sangre a los trabajadores.

La cuenta real la pagan los murguistas con plata propia, con rifas, con cantinas, con horas robadas al descanso y con una economía doméstica que se estira hasta donde puede. La fiesta existe porque alguien compra telas, arregla bombos, imprime letras, prende la leña y pone cuerpo y alma. 

El aporte público o llega tarde o llega poco o llega condicionado o —casi siempre— nunca llega. En cambio, la murga ya está ensayando, ya está ocupando el club, ya está activando el barrio. La murga trabaja sin cobrar y los jerarcas cobran para sacarse la foto. Los murguistas se mueven en el mundo real del pueblo y los cargos de confianza ocupados por amigos del poder son un cartón pintado, más falso que un dólar rojo. 

El carnaval de Salto se sostiene porque quienes lo hacen entienden algo básico: el arte cuesta, es caro y alguien tiene que bancarlo. Esa responsabilidad, año tras año, recae sobre los mismos hombros. Los murguistas hacen más que cantar y criticar. Financian, gestionan, producen y sostienen una red cultural viva que funciona sin despacho, sin presupuesto fijo y sin aplauso garantizado. El naranjo sigue floreciendo y todos toman naranjada.  El poder público únicamente cultiva espinas.

POLIFONÍAS BARRIALES EN LA VEREDA

En esta calle hoy se escuchan muchas voces, la diferencia en nuestra murga produce armonía, los autos pasan despacio con luces bajas en una respetuosa marcha, las estrellas transitan sus constelaciones y los planetas se alinean en las diferentes cuerdas.

Alguien marca el tiempo con el pie, otra persona canta bajito siguiendo cada detalle, alguien corrige una consonante. El barrio participa con su escucha activa. El club desborda y la polifonía es social. Se superponen voces, risas, opiniones y silencios atentos. El coro prueba un nuevo arreglo que rebota en las paredes, la noche es un lugar seguro y todo gracias al ARTE.

Los centros culturales del carnaval explican una ciudad que se organiza desde abajo. Clubes y cantinas activados por las murgas producen desarrollo, tiempo compartido y sentido. 

BIENVENIDOS AL MUNDO REAL

Todo lo que ocurre en esas noches de ensayo no es en el plano virtual, por un momento las personas se olvidan de los celulares y la birome y el papel vuelven a ocupar su lugar, algo difícil de ver en estos días. 

Porque acá se produce arte en colectivo, sin intermediarios. Porque se transmite un saber que no está escrito en ningún programa: cómo cantar juntos, cómo discutir sin romper, cómo sostener un proyecto común. El club se vuelve escuela, la cantina se vuelve economía cultural y la vereda se vuelve espacio público habitado.

Un espacio donde la comunidad se reconoce, se organiza y se expresa. Acá hubo infancia apropiándose del espacio, familias compartiendo tiempo, vecinos escuchando con atención y artistas trabajando sin red. Hubo formación, contención, producción simbólica y construcción de identidad. Todo lo que se le pide a la cultura cuando se la toma en serio.

El carnaval de Salto cumple una función social real: reunir, ordenar, dar voz y producir alegría con conciencia. Cuando el humo de la parrilla alcanza la luna y el coro ajusta la última nota, queda claro que el centro cultural ya está en marcha. Vive donde la gente se encuentra, donde el arte se hace cargo del barrio y donde el barrio se reconoce en su propia voz.

Ayer volví 40 años en el tiempo, La Punto cantaba por primera vez, como cada noche, como cada ensayo, la novia del Cerro nuevamente nos abraza y nos educa, porque la murga es algo que siempre sucede en el presente. ¡Viva el Arte! ¡Salario digno para las y los Artistas!

Enlace para compartir: https://elpueblodigital.uy/i2j1