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jueves, 3 de abril de 2025
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“Llovía”, un cuento de Marta García

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Diario EL PUEBLO digital
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Sobre todo poemas de Marta J. García hemos compartido desde esta página, en otras ocasiones, con los lectores de EL PUEBLO. Hoy compartimos narrativa, un cuento que nos ha hecho llegar la propia Marta, “Marta de Perfiles”, como las conocen muchos en Salto. Es que dedicó una buena cantidad de años al trabajo en el grupo literario Perfiles de Salto, que durante tanto tiempo supo orientar Teresa Prinzo.

“Este es un cuento fantástico y el final queda abierto a la libre interpretación”, nos dijo Marta al entregarnos el material. Es el siguiente:

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LLOVÍA

Una molesta llovizna, esa que te moja a través de la ropa aunque lleves paraguas, hizo que Joaquín, que salía de su trabajo, se resguardara bajo el alero de una casa antigua.

La tarde gris apresuraba a todos hacia su hogar y su tibieza.

Se terminaba el invierno, no de la mejor manera, y la primavera parecía lejana.

La visión no llegaba muy lejos, pero entre la llovizna y una especie de niebla lejana y oscura, Joaquín vio una figura que le llamó la atención. Se acercaba por la calle un hombre alto, de andar ligero pese a su corpulencia y a su rara vestimenta.

Se detuvo a su lado, saludó inclinando la cabeza enhiesta por un sombrero de ala despareja, dejando ver un espeso cabello largo y húmedo por el agua que caía.

Se cubría con un capote oscuro e inusual, que llegaba hasta la mitad de sus piernas, tocando el borde de unas gastadas botas, que terminaban en un doblez ancho, raro para la época actual.

Se sentó en una saliente de la pared, cerca de Joaquín, y lo único que llevaba era una pequeña bolsa de lona, que se notaba que contenía algo de pequeño peso.

Comenzó entre ellos una de esas conversaciones “para pasar el tiempo”. Pero cuando fijó su mirada en Joaquín le llamó la atención los ojos muy negros, penetrantes y con un brillo muy especial. Asustaba un poco. Se sintió incómodo y deseó que parara la llovizna para seguir su camino, pues llegaba la noche.

De pronto el raro personaje siguió la conversación diciendo:

-Yo ando por el mundo sin rumbo fijo. Busco lugares que me sirvan, pero no hago amistades, no es mi fuerte. Mi figura no atrae y mis ojos son especiales. No inspiran confianza. Depende también de con quién me encuentro…

Se levantó, arregló su capote. Su mirada estudió a Joaquín y dijo:

-…porque soy pescador de almas.

Y se alejó con su ligero paso y la niebla lo envolvió, más espesa y oscura que antes.

Joaquín vio que dejó la bolsita de lona, pero ya había desaparecido cuando quiso alcanzarlo, abrió la bolsa, y tenía unas raras monedas, parecían de oro, pero de otra época.

Trató de leer lo que estaba grabado, pero eran signos raros, que él no conocía, pero tenían algo como una fecha, 400, ¿serían del año 400?

Las guardó. Ya le preguntaría a alguien entendido en monedas. Pero lo que lo dejó intranquilo fue la forma de expresarse, y desparecer en la niebla.

-¡Porque yo soy pescador de almas!

¿Qué significarían las monedas?

¿Las olvidó o las dejó para volver?

Pescador de almas…Humanas.

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