Haberkorn: periodismo contra relatos y tiranía del clic

El periodista Leonardo Haberkorn analiza la polarización en Uruguay, los mitos de la historia reciente y el desafío de narrar con rigor en la era digital.

La obsesión por el dato contra la tiranía del clic: una charla a fondo con Leonardo Haberkorn

El reconocido periodista, docente e investigador analizó con mirada crítica los relatos de la historia reciente, el impacto difuso de las redes sociales y la vigencia del periodismo riguroso en tiempos de consumo fragmentado.

Leonardo Haberkorn se define como un curioso persistente. En una época en la que el consumo de información parece devorado por el escaneo rápido de titulares , las opiniones prefabricadas en redes y la polarización política , su figura se planta como un estandarte de la rigurosidad histórica y el archivo de largo aliento. De visita en Salto para presentar su aclamado libro El pacto de silencio , Haberkorn dedicó la mañana a revisar viejos tomos impresos en la redacción de este diario —fiel a su estilo obsesivo por el dato documentado — y se prestó a un extenso y reflexivo diálogo sobre el pasado, el presente y el complejo futuro de la profesión periodística.

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Para el autor de obras clave como Milicos y Tupas o Historias Tupamaros , el desafío actual no radica en ignorar los nuevos formatos, sino en evitar que la inmediatez licúe el compromiso con la verdad. A pesar del ruido ambiente, Haberkorn comprueba en cada charla de salón colmado que el público lector no ha desaparecido y mantiene un genuino interés por desentrañar lo que las versiones oficiales prefieren omitir.

El laberinto de las redes y la comodidad binaria

El punto de partida obligado en la conversación es el modo en que la sociedad contemporánea procesa la realidad. Ante la encrucijada de si el uruguayo promedio realmente se informa o simplemente consume slogans adaptados a sus propios sesgos , Haberkorn reconoce que conviven dos realidades paralelas. Por un lado, se consolida una alarmante tendencia global al consumo fragmentario y atemporal de contenidos que circulan sin fecha ni contexto.

Esta lógica de trinchera digital transforma cualquier artículo de prensa en un proyectil político. Según el investigador, las notas que señalan culpables claros de uno u otro bloque del espectro político obtienen un éxito inmediato garantizado en el debate digital. Por el contrario, los informes profundos que abordan problemas estructurales y difusos, donde las responsabilidades son compartidas por sucesivas administraciones a lo largo del tiempo, suelen pasar completamente desapercibidos en las redes.

A juicio de Haberkorn, este escenario se agrava porque los actores políticos globales han encontrado una enorme comodidad en radicalizar los discursos , reduciendo el debate de ideas a meras consignas de confrontación mutua : un esquema rígido de «el otro es el malo y yo soy el bueno».

La deconstrucción de los relatos históricos en Uruguay

Cuestionar los relatos oficiales en Uruguay suele tener un costo alto, algo que Haberkorn conoce de primera mano tras recibir críticas de la izquierda y de la derecha por igual a lo largo de su trayectoria. Al profundizar en las razones de esta resistencia social a los matices, explica que en el país se han edificado relatos históricos muy rígidos sobre los cuales diversos sectores pretendieron y pretenden construir capitales políticos reales.

El investigador desmenuza las responsabilidades históricas sin concesiones y con el archivo como respaldo. Detalla que la dictadura cívico-militar montó su propio andamiaje discursivo para sostenerse durante trece años , ocultando que en su momento contó con apoyos civiles y caudales de votos nada despreciables. Pero, al mismo tiempo, señala que los sectores que integraron la guerrilla también edificaron una épica propia sobre sus acciones para cimentar un sustento político altamente exitoso que los llevó, eventualmente, hasta la propia Presidencia de la República.

Como ejemplo de estas omisiones colectivas por conveniencia partidaria, Haberkorn rescata un episodio clave: el golpe de Estado de febrero de 1973. A su entender, ese fue el verdadero inicio del quiebre institucional, cuando los militares impusieron sus condiciones y tomaron el control fáctico ante la pasividad general de todo el arco político. Sin embargo, la memoria histórica oficial insiste en recordar únicamente el golpe de junio. La razón de este olvido selectivo, afirma, es que en febrero la izquierda —especialmente el Partido Comunista a través de sus editoriales en el diario El Popular— apoyó inicialmente el planteo militar bajo la ilusión de un «militarismo de izquierda» de corte peruano , mientras el resto de los partidos tradicionales calculaba ventajas electorales o sucesiones presidenciales en silencio.

Para el periodista, el camino hacia la pérdida de la democracia fue una «tragedia colectiva» con múltiples factores locales e internacionales en el contexto de la Guerra Fría. No obstante, delimita las responsabilidades con claridad científica: la decisión de salir a matar gente en aras de una revolución al estilo cubano pertenece estrictamente al MLN ; mientras que la responsabilidad de sumir al país en el terrorismo de Estado, las desapariciones, las torturas masivas y el secuestro institucional durante más de una década le cabe enteramente a las Fuerzas Armadas.

El «cable a tierra» y la fascinación por la naturaleza

Frente a la densidad de investigar crímenes de lesa humanidad, pasados oscuros y pactos de silencio en el día a día , la bibliografía de Haberkorn sorprende al incluir libros de cuentos infantiles sobre fauna autóctona uruguaya e historias de fútbol para niños. Al ser consultado sobre si esta faceta representa su salvación frente a la miseria humana que documenta en sus investigaciones, admite que es su verdadero «cable a tierra».

Con una sonrisa, recuerda los años en que trabajó realizando una guía ecoturística del este del país junto a Carlos Prigioni , una de las mayores autoridades en zoología del Uruguay y un imitador de animales formidable. Haberkorn relata con fascinación una anécdota en una comisaría de Isidoro Noblía, en Cerro Largo, donde Prigioni comenzó a reproducir sucesivamente sonidos de pumas, gatos monteses y yaguaretés ante los policías para rastrear si los vecinos habían escuchado felinos salvajes en la zona durante la noche.

«Fue algo impresionante (…). Con él me di cuenta y dije: esto es todo lo que buscaba para niños». De esa feliz exploración surgieron sus publicaciones infantiles, una ventana necesaria para escapar temporalmente de la saturación del debate político tradicional.

Formar a las nuevas generaciones sin claudicar

Como docente universitario de periodismo, el dilema de cómo formar a los jóvenes en la era de TikTok y los formatos virales de quince segundos está muy presente en sus aulas. Lejos de adoptar una postura rígida o nostálgica, Haberkorn asegura que si un estudiante le propone realizar periodismo de investigación adaptado a esas plataformas rápidas, jamás lo rechazaría; al contrario, le daría todo su respaldo.

Para el cronista, el secreto del futuro de la profesión no radica en negar el avance tecnológico del mundo moderno , sino en lograr amalgamar los dos universos: mantener el rigor técnico, el chequeo exhaustivo y la ética en la investigación de los hechos, pero utilizando las herramientas narrativas visuales y los recursos de comunicación instintivos que las nuevas generaciones manejan a la perfección. Su consejo para quienes deciden abrazar la carrera periodística a pesar de las complejidades del mercado actual es incondicional y se apoya en la pasión:

«Si la vocación es grande, yo digo que siga la vocación. Porque la vocación, hacer lo que a uno le gusta, es lo máximo».

A pesar de los desafíos y las transformaciones tecnológicas, Haberkorn insiste en que las ventajas democráticas actuales son infinitas en comparación con el pasado. Hoy ya no se depende exclusivamente de la estructura millonaria de una gran corporación de medios tradicional para difundir una investigación ; cualquier periodista con rigor y un teléfono inteligente puede abrirse al mundo entero a través de un podcast, un blog o un canal de streaming. El soporte cambia velozmente, pero la necesidad social de historias verdaderas y bien contadas permanece inalterable.

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