Carlos Cardozo Roux, conocido popularmente como Poty y en redes sociales como Charles Rosas, no vende solo flores. Vende gestos, emociones y momentos. En cada rosa que ofrece hay una historia previa, marcada por la calle, el esfuerzo y un aprendizaje temprano que comenzó mucho antes de dedicarse a este oficio cargado de simbolismo.
Su vínculo con el trabajo nació en plena crisis del país, cuando siendo apenas un adolescente encontró en la venta de diarios una forma de salir adelante. “Yo empecé a los 14 años a vender diario El Pueblo, 14, 15 años, y para mí era una salida laboral en un tiempo de crisis que todo el mundo andaba precisando trabajo, estamos hablando del año 2002, 2003”, recuerda.
Antes había probado con otros rubros, como la venta de alpargatas o trabajos en ferias, pero fue esa experiencia la que terminó marcando su camino.
Los domingos eran innegociables. La constancia, aun en las dificultades, fue una de las primeras grandes enseñanzas. “Todos los domingos eran sagrados… aunque a veces me dormía y más de una vez tuve que tocar el timbre para que me abrieran la puerta porque los muchachos ya se habían ido”, cuenta, evocando aquellas mañanas en las que algún periodista de EL PUEBLO salía a alcanzarle el diario para que pudiera cumplir con su tarea. Ese vínculo tenía algo especial. “Para mí eran distintos siempre, tenían esa magia de ser distintos por la venta”.
Con el tiempo, ese contacto permanente con la gente se transformó en una verdadera escuela. La calle le enseñó a escuchar, a observar y a comprender realidades ajenas. “El trato con la gente te brinda una experiencia que después te suma para vender cualquier cosa. La gente te habla, te cuenta sus problemas”, explica. Esa capacidad de conectar es hoy una de las bases de su trabajo como vendedor de rosas.
«Y bueno, es algo que es lindo porque lo que mueve es el amor y es lo que nos mueve a nosotros también en la vida»
Actualmente, Poty recorre calles, semáforos, restaurantes y eventos, siempre con respeto y pidiendo permiso. “Donde me dejan vender voy y vendo, donde me dicen que no, bueno, está”, resume con naturalidad.
Se define como emprendedor y vendedor callejero a la vez, dos conceptos que para él no se contradicen. “No solamente emprender es un negocio, también es emprender viajes, conocer lugares, personas nuevas”, afirma.
Ese espíritu lo llevó a recorrer casi todo el país. Ha trabajado en todos los departamentos del Uruguay, excepto Artigas. Salto, Paysandú, Río Negro, Rocha, Rivera, Tacuarembó, Durazno y el litoral forman parte de su mapa cotidiano. No se rige por un calendario fijo para acercarse a esos lugares. “A veces donde me lleva el viento yo voy, donde sigo mi instinto de ir”. Solo algunas fechas marcan hitos claros, como San Valentín, el Día de la Madre o la Fiesta de la Primavera «sagrada» en Dolores, a la que define como “la meca del vendedor de rosas.Después de San Valentín y el Dia de la Madre, es la Fiesta de la Primavera donde más rosas se venden»
Pero, ¿por qué las rosas? La respuesta tiene más que ver con lo emocional que con lo comercial. “Las rosas es algo que a mí me encanta porque tiene una magia intrínseca que está buena, que uno trabaja con el amor”, sostiene. La mayoría de sus ventas están ligadas a regalos, sorpresas y declaraciones silenciosas. “Mayormente vendo rosas para la gente que quiere regalarle a otras personas, sorprender”.
La reacción de quien recibe una rosa es, para él, una de las mayores recompensas. “Es algo mágico ver la mirada de la persona cuando recibe la rosa, cómo sonríen”, dice. Los colores también juegan su papel, el rojo en San Valentín, el amarillo el 21 de septiembre, aunque aclara que cada rosa tiene su significado y su momento.» Ahora en este momento tengo unas rosas lindas, hermosas. Tengo amarilla, celeste, roja, azul, matizada, tengo de todos los colores».
Un trabajo digno
El camino no estuvo exento de prejuicios. Poty reconoce haber sufrido desprecio por ser vendedor callejero, pero nunca permitió que eso lo detuviera. “Estoy haciendo un trabajo digno y no tengo por qué tener vergüenza”, afirma. Incluso, asegura que la rosa suele ser una aliada inesperada. “La rosa tiene esa magia de que te abre todas las puertas”, al punto de haber ingresado a fiestas privadas y terminar vendiendo más de lo imaginado.
Actualmente cuenta con su empresa unipersonal para poder brindar la comodidad de cobrar con tarjeta lo que para el fue «ingresar a un mundo que todavía no termino bien de comprender, nos estamos adaptando, pero sí, fue como una ventana nueva que se me abrió al tener tarjeta y todo ese sistema que yo no conocía»
En el cierre, el agradecimiento ocupa un lugar central. Recuerda a Margarita, quien le enseñó a trabajar con rosas y peluches; a Daniel y Marcelo; y especialmente a Julio De Brum, referente clave de aquellos domingos de venta de diarios. “Julio me enseñó a vender en la calle y a ordenar la plata, tener ese control necesario al momento de la liquidacion”, destaca. «Era con el que trabajábamos todos los domingos , trabajábamos con él y con Matías y con Belén» ,recuerda con agradecimiento y cariño»Todos los domingos era sagrado, llueve o truene. A veces estaba lloviendo y había que vender igual y poníamos los diarios en las bolsas para que no se mojaran y trabajábamos igual. Un paragüita, una sombrilla siempre nos daban».
También hay un lugar especial para su madre, «quien más de una vez me despertó para que no faltara al trabajo, y un agradecimiento especial a Marta Claret que fue la que me impulsó a salir adelante siempre»
La historia de Carlos Cardozo Roux es la de un trabajador que hizo de la calle una escuela y de las rosas un lenguaje. En cada flor que ofrece hay algo más que un producto porque hay respeto, hay esfuerzo y hay una convicción profunda. Porque, como él mismo lo resume, vender rosas es trabajar con la magia del amor.






