Las barberías ¿volvieron para quedarse?

Las barberías en el pasado eran el lugar de reunión de hombres, lugar que además de afeitarse o emprolijar la barba se hablaba de los temas de actualidad incluida la política.
Así como era costumbre cotidianamente reunirse en algún bar o café , lo era también la visita diaria a la barbería.
A medida que la ciudad fue cambiando, fueros desapareciendo, los mayores de cincuenta o sesenta año,podrán recordar que en nuestra ciudad existían una varias, unas de las últimas en desaparecer fue la Peluquería Central, ubicada en calle Joaquín Suárez, en la cuadra del Teatro Larrañaga, peluquería y barbería que vio pasar muchas generaciones por sus clásicos asientos.BARBERÍA BAXTER FINLEY. FUENTE HIPSHOPS.COM
La peluquería y barbería masculina estaba tan arraigada en los habitos de la sociedad que hubo durante décadas el programa televisivo que recreaba el ámbito ciudadano.
En la actualidad a partir de un mayor cuidado en la estética masculina, las barberías han resurgido con características diferentes, pero han vuelto aparentemente para quedarse.
Hay mayor cantidad de productos de cuidado personal para el hombre en el mundo, inclusive en nuestra ciudad, hay marcas tradicionales en cremas para mano y cuerpo como es Nivea, que ha lanzado una crema exclusivamente para caballeros, suplantando el clásico color azul, por el negro con letras blancas.
La peluquería en la Televisión
En los años sesenta, el actor cómico Fidel Pintos interpretaba al peluquero Fidel en el programa cómico Operación ja-já (creado por el empresario Gerardo Sofóvich,
Tras la muerte de Fidel Pintos, en los años 1980, Sofóvich repuso el segmento de la peluquería en el mismo programa Operación ja-já, con Jorge Porcel como el peluquero ucraniano don Mateo Popovich, y con Rolo Puente como el cliente que iba a afeitarse.
Originalmente fue un sketch dentro del programa «Operación Ja-Ja» en los años ’60. «La peluquería» se volvió un clásico en la televisión argentina, reapareciendo ya como un programa en sí mismo; a finales de los años ’80 como «El hijo de Don Mateo»; a principios de los 2000 con «El nieto de Don Mateo»; luego con «La peluquería de Los Mateos»; «La peluquería: 40 años»; y simplemente «La peluquería».

Mónica Nicollielo “Históricamente las barberías eran sitios de construcción de valores y referentes sociales”

Entradilla: Es curioso que Cervantes en su tragicómica obra El Quijote haya elegido, junto al personaje del cura, al barbero para seleccionar los libros de la biblioteca de Alonso Quijano que merecían quemarse por haberlo enloquecido de tal manera que lo convirtio en caballero andante. La figura del cura no deja muchas dudas a la hora de decidir que libros quemar por no ser buenos para el espiritu pero ¿Por qué el barbero?
“El barbero representa el saber popular. Las barberías no solo eran lugares donde se afeitaba y se cortaba el pelo.
También eran como nuestras peluquerías actuales lugares de reunión donde la gente se ponía al día con el ultimo chisme del «mentidero» -como se decía- y donde se opinaba sobre todo, incluso sobre las novelas de caballerias de la época que eran el equivalente de nuestros teleteatros de la tarde.
La gente quería saber que le había pasado a cada personaje en el último capítulo y si la novela valía la pena de ser leída.
De tal forma, que la barbería se transformaba en un sitio de construcción de valores y rbarbero 001 (1)eferentes sociales con su propio mecanismo de censura, que competia con la misma iglesia, como en este capitulo de sentido cómico dentro de El Quijote”.
La relación amistosa entre Don Quijote, el cura y el barbero es uno de los muchos elementos que humanizan la novela y muestra un momento muy particular en la sociedad rural de la época.
Aunque no se les ve ejercer su oficio, sabemos, como explica Augustín Redondo, que el barbero es un «personaje de cierta importancia en la vida de la comunidad, en consonancia con el cura y con el representante de la nobleza [Don Quijote] aun cuando ésta corresponda a las capas inferiores de la estratificación nobiliaria» (1990, p. 139).
En el presente trabajo intento analizar el personaje del barbero en el Quijote como actor dramático: la tensión que surge entre él y el protagonista crea con el protagonista por medio de un socavamiento mutuo; y su relación con el cura como juego entre autoridad y mediación. Aunque parecería que el barbero es un personaje esencial, hay también momentos en los que la narración desplaza esta profesión a la periferia del texto.
La relación amistosa entre Don Quijote, el cura y el barbero es uno de los muchos elementos que humanizan la novela y muestra un momento muy particular en la sociedad rural de la época.
Aunque no se les ve ejercer su oficio, sabemos, como explica Augustín Redondo, que el barbero es un “personaje de cierta importancia en la vida de la comunidad, en consonancia con el cura y con el representante de la nobleza, aún cuando ésta corresponda a las capas inferiores de la estratificación nobiliaria”.
Aunque parecería que el barbero es un personaje esencial, hay también momentos en los que la narración desplaza esta profesión a la periferia del texto.
En la época había una distinción entre los médicos y los físicos; como afirma Joaquín Fernández García “había un abismo entre médicos y cirujanos, tanto profesional como socialmente”.
Los primeros recibían su educación en la universidad en latín; los físicos (dentro de los cuales estaban incluidos barberos, cirujanos y sangradores) en cambio, hablaban solo romance.
Aunque estos hacían una variedad de trabajos como afeitar, sangrar y sacar muelas, nunca tenían el mismo nivel de respeto y autoridad de los que disfrutaban los médicos.
En su “Enseñanza de la Medicina y la Cirugía”, José Luis Peséts sugiere que estas distinciones tenían implicaciones importantes.
Los médicos, siendo productos de universidades conservadoras y religiosas, eran representantes de estamentos más altos y así limitaban la presencia de barberos y cirujanos en las cortes reales por medio de la censura de textos médicos y la prohibición de la cirugía junto a otras profesiones marginalizadas, como curanderos y brujas.
Los cirujanos-barberos, en cambio, representaban, “la creencia en el progreso, en la posibilidad de mejora”, la separación entre la ciencia y la fe, y una actitud de dominio sobre la naturaleza, lo que sustituía el mero servicio a la naturaleza.
Como resultado de su exclusión de los cortes, los barberos cirujanos tenían más contacto con las realidades que los cambios sociales y económicos van determinando.
El barbero trabaja entre la gente: es el vínculo entre el libro y el analfabeto, el pueblo y la corte, y, además, con respecto a sus clientes, la nobleza baja y el campesinado.
La profesión de barbería experimentó una eclosión durante el siglo XVI, la cual presentó una oportunidad de movilidad social.
Al principio de este siglo, los Reyes Católicos organizaron las profesiones médicas de forma más rigurosa, provocando la creación de un ‘protobarbeirato’ que examinaba casos de incompetencia y abuso respecto a los cirujanos barberos.
Aunque una pragmática de 1523 habla de cirujanos, treinta años después, otra de 1552 distingue entre “los médicos, cirujanos, boticarios y barberos”.
Hay que notar que la barbería no llegaría a ser una materia universitaria hasta el siglo XVIII.
Para responder a este crecimiento de necesidad y para atraer a la juventud a la profesión, Felipe II permitió que los cirujanos romancistas pudieran llamarse licenciados (un título antes reservado exclusivamente a los graduados en la universidad).

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Juan Carlos Silveira cuenta la historia de las barberías en Salto

Juan Carlos Silveira es actualmente el director de Nueva Era FM, con una extensa trayectoria en coberturas de amplificación en varios espectáculos con su empresa «Amplia». Cuando se trata de hablar de historias de los salteños, es un libro abierto lleno de anécdotas, de lo que hoy comparte tan solo uno de sus capítulos con EL PUEBLO.

HOMBRES COQUETOSSilveira1
«Me hice cortar el pelo desde chiquito –comenzó relatando-, hablo de los años 50 en adelante. En ese tiempo, yo me cortaba el pelo en el Hotel Español porque mi padre era el dueño, y ahí tenía una peluquería, como también tenía el Hotel Salto, cuyo peluquero y barbero era Pereira, padre de un gran médico salteño, Gómez Pereira. Excelente persona Pereira, de ascendencia brasilera, y la señora era Gómez, y lo inscribieron al hijo según las leyes brasileñas, donde primero se pone el apellido de la madre, que era maestra».
«En aquellos años la gente no solo iba a cortarse el pelo, también iba a afeitarse la barba y a arreglarse el bigote. Antes el hombre era más coqueto, se arreglaba más por higiene personal. Imagínese que hoy en día no se acostumbra a ver a un hombre de traje, antes era lo más común. Los changadores, los que cargaban los bultos en los ómnibus, por ejemplo, andaban de saco».
«Antes no le decíamos peluquería, le decíamos barbería, donde te afeitaban a navaja al ras. No cualquiera manejaba con habilidad una navaja. Si hoy te afeitás y luego te tocás la cara, siempre algo te queda, pero en la barbería no pasaba eso, el rostro te quedaba bien lisito. Ahí tenían un aparato en la pared, de acero inoxidable, que iba enchufado a corriente, que calentaba a vapor todo lo que había adentro, tijeras, navajas, peines, porque partiendo de la higiene, ese mecanismo evitaba que te agarraras pediculosis, caspa, porque al estar todo desinfectado no se contagiaba nada, el tipo no se agarraba nada. Ese aparato se llamaba justamente esterilizador, que además arriba en uno de los compartimientos se ponían una toallitas que calentaban bastante y luego se ponía en la cara del cliente para calentarle la piel del cutis para afeitarlo. Hoy en día, y que me perdonen los peluqueros, vas a un lugar, te cortaron y ya entró otro que le cortan con las mismas tijeras y peine. Antes todas las herramientas estaban bien limpias con el vapor de ese aparato».
«Estos hoteles tenían su barbero, porque por ejemplo, antes los estancieros y su familia vivían en la estancia, no vivían en la ciudad. Cuando venía a Salto a hacer trámites y a comprar el surtido, se trasladaba con toda la familia, y paraban en un hotel. Si no había lugar en el Español se iban al Colón que estaba en la otra esquina, donde está el actual Hotel Uruguay, y el Hotel Uruguay estaba frente al Sanatorio Uruguay. El otro hotel al que iban era al Biasetti».
«No solo en hoteles, la terminal de ómnibus tenía también su peluquero, donde ahora está un galpón grande a media cuadra de la Plaza Treinta y Tres, que es el Lavadero De León».
«La barbería más famosa fue la Central, que estaba en la planta baja del edificio en la que está la Lista 1 del Partido Colorado, por Joaquín Suárez. Había tres sillones de esos grandes de peluquero, ahí me cortaba el pelo. Había gente que expresamente sacaba hora para afeitarse. Ahí también estaba ese aparato del que te conté, el esterilizador».
«Otra barbería que fue famosa fue una que estaba pegada al Hotel Concordia. En la Zona Este, también había barberías y peluquerías. Los De Lima fueron famosos peluqueros en Salto. También estaba a quien todos conocíamos como Carlitos, con su característica corbata de moñito, que tuvo años su barbería en donde ahora hay un comercio al lado de la Escuela 8».
«En ese tiempo, antes de los 70, vino una línea francesa de corte de pelo conocida como ‘Georges Hardy’, a la que yo también me acoplé. Esa línea anduvo muy bien, era un corte bajo a navaja, en esa época había muy buenos navajeros en Salto. Anduvo tan bien que hacían concursos en Salto Uruguay a dónde venían peluqueros de otros lados, un mundo de gente».
CON EL FILO DE LA BOTELLA
«En ese tiempo –agregó-, llegó a Salto un peluquero que no recuerdo en este momento de dónde venía ni su nombre, que se instaló frente a Universitario, llegando a la esquina en la vereda de enfrente, en un garagecito. Este hombre, de tez morena sin llegar a negro, tenía un dominio espectacular de la navaja. Un día me contratan para amplificar unos espectáculos en una boite que se llamó ‘El Sótano’, porque este barbero iba a hacer una demostración de corte de cabello de una manera muy particular mientras unos hacían striptease. Estaba lleno». «Su demostración consistía en agarrar una botella, romperla en el suelo, y con la parte filosa de lo que quedaba, hacía el corte de cabello con modelos que conseguía ahí mismo. Era algo increíble el tipo cortando el pelo con pedazos de botella. Fue lo más comentado en Salto. Muchos tienen prurito en comentarlo, pero estoy seguro que muchos salteños fueron porque fue un show muy vistoso», recordó.

José Gervasio Montero Lemos – Peluquería Gervasio´s
“La peluquería es una profesión divina”

Con más de 30 años en el medio, Gervasio Montero se ha transformado en uno de los últimos peluqueros tradicionales. EL PUEBLO dialogó con él, quien manifestó su alegría porque una nueva generación de jóvenes esté impulsando la profesión.
¿Cuándo surge la idea de la peluquería como profesión?
Comencé a trabajar desde muy chico, ya con 14 años trabajaba en tienda Alaska; luego, en 1978 me fui a Montevideo y volví a Salto en 1981. Ahí me decidí a estudiar peluquería, porque, no me gustaba que me mandaran. Mi hermana, que era peluquera, me dio el apoyo, y bueno, aprendí la profesión. Pero, me fui a trabajar a la Argentina, donde estuve de 1984 a 1989, siempre trabajando en peluquería de mujer, porque yo me recibí de peluquero de mujeres.
En marzo del 89 volví, y en junio del mismo año, abrí mi peluquería en calle Artigas 323 bis; ahí estuve 18 años y medio. El 10 de febrero del 2008 me mudé a donde estoy ahora en calle Rivera, ya van 11 años. Acá en Salto, sin contar los que estuve en Argentina, suman 30 años de profesión, dedicándome a la peluquería masculina. No es poca cosa.
¿Qué ha cambiado en todos estos años; el hombre, se ha vuelto más coqueto?
Toda la vida fueron coquetos los hombres. En las peluquerías de antes, los hombres iban una vez por semana a retocarse la barba, el bigote, a sacarse la pelusa, siempre fue así. Y, cortes que usaban en los años 50 o 60, esos cortes “modernos” que usan los jugadores de fútbol, se los están haciendo ahora; las tendencias vuelINFOME Peluquero Gervasio Monteroven.
En los últimos años ha hecho un boom el retorno de las peluquerías masculinas, con el nombre de Barberías, ¿cómo lo ve?
Bien. Ahora resurgió; hará unos dos años o más, aquí en Salto, nomás, hay un montón de barberías. La gente empezó a volver. Qué pasa. Se terminaron en un tiempo, cuando empezaron a salir todas máquinas como la presto barba y todas esas cosas; eso fue matando a las barberías propiamente dichas. La última que quedaba, recuerdo, era la Central, al lado del Teatro Larrañaga. Ahora, empezaron a resurgir, con otras tendencias más modernas.
Pero la peluquería no es solamente el lugar donde los hombres van a arreglarse; ¿qué más hay?
En la peluquería tiene que haber un poco de psicología; hay gente que llega y, si no hay nadie, le cuenta cosas que, capaz, no le cuentan a nadie. Ahí uno debe hacer oídos sordos, escuchar, dar alguna palabra de aliento, pero, llega hasta ahí. Un montón de gente hace eso. En los 30 años de profesión he pasado por muchas de esas situaciones. Las personas vuelcan sus problemas, se desahogan. Creo que en estos tiempos la gente anda muy estresada.
Yo, que por la profesión hablo mucho con las personas, veo que se vive amargado, apurado; la gente se preocupa por lo mínimo, está de mal carácter.
Una persona se estresa, el estrés lleva a que le suba la presión, y esta, a que le dé un ACV. Siempre hablo con mi señora de que uno está de paso en esta vida. Hay que disfrutarla, cada cual a su manera. Ahora, hay una gran verdad, que el tema económico en los últimos años, es uno, sino el principal, de los factores de ese estrés.
¿Tiene distintas generaciones de clientes de una misma familia?
Sí, por supuesto. Tengo clientes que empezaron a venir desde chiquitos, y, ahora, me traen a sus hijos. Muchachos que venían chicos, que se fueron a estudiar o a vivir a otro lugar, y que después aparecieron y me hacían recordar que el padre los llevaba al otro local, y hoy, ellos, me traen a sus hijos.
Si tuviera que aconsejar a quienes desean comenzar a transitar el camino que usted comenzó hace más de 30 años, ¿qué les diría?
Que es una profesión divina y que le toquen para adelante. Hay que tener la idea y la mentalización de que se va a ser bueno en lo que se haga. Al principio, cuando recién se está empezando, es lógico que pueda pasar alguna macana, pero bueno, forma parte del aprendizaje, pero después, con el tiempo, todo se va arreglando.
También digo, a aquellos que están sin trabajo y no saben qué hacer, que este trabajo da resultado, de él se puede vivir. Repito, es una profesión divina.
Yo comencé yendo a los domicilios y a los clubes a cortar el pelo, hasta que pude poner la peluquería, es lo que se llama el “derecho de piso”, que sucede en todos los ámbitos y todas las profesiones. Pero nunca puede ganarle la desilusión, el desgano, no. Hay que motivarse, porque, después de instalado, a veces no entraba nadie. Después, el boca a boca, como propaganda, es fundamental, la mejor propaganda. Nunca hay que desanimarse.
Y si tuviera que recomendarle a un hijo qué camino seguir, ¿le propondría que tuviera como opción su profesión?
Sí; sin dudas. Ya lo hice, pero, tomaron otro camino.

La Estilista Adriana Machado nos habla del auge de las barberías
“En la actualidad el hombre invierte mucho más en su estética”

Adriana es estilista desde hace treinta años y considera que la barbería es ha tomado en estos tiempos un auge en la sociedad y en el ambiente de la peluquería que hasta el momento venía siendo muy unisex.

En el marco del surgimiento de la peluquería masculina, debido a que el varón hoy se ha vuelto más atento a su cuidado personal, no solamente en su aspecto físico sino también su estética capilar.
Por ese motivo se le ha brindado un especial espacio para atender estos requerimientos masculinos y las barberías comienzan a jugar un rol protagónico.adriana machado informa 002
Históricamente la barbería siempre fue un punto de reunión de los hombres donde se sentían a gusto para compartir diversos temas de interés, tales como la política, deportes y otras lides filosóficas.
De hecho en varias películas de época se recrean instancias que suceden en una barbería.

¿Qué características tiene la barbería en la actualidad, que la diferencia de otros centros de estética capilar?
– “Primeramente quisiera destacar que la barbería en la actualidad ha evolucionado. Se ha modernizado.
La barbería de hoy apunta no solamente al varón mayor, sino al joven, entonces se promueve un formato diferente a la barbería antigua, si bien tiene una infraestructura que apunta a lo retro, ello va conjugado con el modernismo en el servicio que se brinda.
Porque en la barbería actual podemos encontrar un juego de play, una maquinita, un juego de billar o una barra de tragos.grupo de estudiantes de barbería junto a la Estilista Adriana Machado
Allí nos damos cuenta que se conjuga lo retro con lo moderno. Así que el adolescente o el grupo que está esperando se pueden divertir mientras tanto.
Se establece un clima ameno y dinámico-
-¿Lo cierto es entonces que la barbería de hoy apunta a todas las franjas etáreas?
-”Se genera un espacio de socialización, tanto sea de varón que va para afeitarse o hacerse un corte. Si bien aquí aún no es común, en otros lugares las barberías ofrecen también un servicio de manicure, también tratamientos faciales para el varón, desde una mascarilla de barro hasta tratamientos faciales más profundos.
-¿En definitiva el hombre hoy invierte más en su estética?
-”Así es y pienso que se debe a la influencia de los medios, tanto de las redes como de la televisión. Antes ese acceso no era tan fluido. También la diversidad de los productos existentes en el mercado que apuntan a mejorar la imagen masculina.
Se ha derribado el tabú de que el cuidado es exclusivamente de la mujer.
Han surgido los varones metrosexuales que extreman en los cuidados, tanto de la piel, como del cabello, forma de vestir, etcétera.
También están los hombres ubersexuales que no son tan extremistas y los varones clásicos”.
¿Qué diferencia tiene la estética de la barbería?
– “El perfilado de la barba y el corte van a ir siempre de la mano del gusto del cliente.
La tendencia es usar una barba cuidada, el estilo que elige el cliente y el buen asesoramiento del barbero. Hay que destacar que a no todo el mundo le queda bien llevar una barba.
La barba tiene que llevarse bien cuidada y con un estilo que que favorezca al varón.
Hoy en día está de moda el estilo bien peinado, el cliente cuando sale del salón luce una barba y peinado perfectos.
El corte que se usa actualmente es el Fade” es un tipo de corte de pelo en disminución que se realiza en el contorno de la cabeza, y que hace que el pelo vaya de más corto a más largo. Es el más extremo de los cortes en disminución existentes ya que parte de un número más bajo para lograr ese efecto de “desvanecido”en el propio contorno del pelo.
A su vez está de moda el corte masculino Pompadour, que es un clásico de la peluquería masculina.
Con diversas variaciones, el corte Pompadour está de moda y ha logrado seducir a muchos hombres de diversos estilos y edades. Caracterizado por ser flexible, se adapta a muchas formas de cara y tipos de cabello.
La frecuencia que normalmente un cliente concurre al salón para mantener su corte es de quince a veinte días.
Si bien ha cambiado la estructura de una barbería, la esencia se mantiene pues continúa siendo un espacio masculino.
Adriana Machado en su academia dicta cursos de Peluquería Unisex y Barbería; éste último es dictado por un especialista proveniente de la ciudad de Concordia.
“La barbería es un tema muy delicado que requiere de otros conocimientos y manejos de herramientas que difieren de la peluquería unisex” – indicó la estilista.
El barbero debe trabajar de guantes pues trabaja con navajas y tiene un contacto directo con la piel.

Jonathan Ramón Alvez da Rosa – Joven Peluquero o Barbero, de acuerdo a la nueva usanza
“He apostado a un sueño que tenía, y en eso estoy, tratando de ponerle toda la energía”

EL PUEBLO dialogó con Jonathan Álvez, un joven salteño que desde niño soñó con ser peluquero y que hoy, tras animarse a dar el paso y formarse en la profesión, cuenta ya con su emprendimiento propio.
¿Por qué peluquería o barbería, como se dice ahora, y no otra profesión?
Desde chico con un primo, nos cortábamos el pelo solo, porque teníamos máquina. Luego, con el tiempo, mirando las redes sociales, vi los nuevos cortes, los diseños y que la peluquería volvía a tener fuerza, y me gustó. Entonces empecé a averiguar dónde podía estudiar para aprender, y le escribí a un montón de personas, una de las cuales me contestó y me dijo que iban a dar un curso en Salto de barbería, y se me dio, justamente un mes después. Fue el año pasado, en el mes de julio. Siempre me gustó, repitINFOEM Jonathan Alvezo, desde chico, aunque, recién el año pasado me decidí a prepararme en eso que tanto me gustaba. Por mientas, y aún hoy que recién estoy empezando, trabajé en otras cosas. Hice el curso y, de apoco, voy aprendiendo. Aunque se dice que la mejor enseñanza es la de la experiencia. Es algo vocacional.
¿En qué consistía el curso?
Nos enseñaron corte de pelo, barba, las técnicas, ya que según el corte que se quiera, es la técnica a utilizar. Hoy en día se utiliza mucho el degradé, por ejemplo, que es diferente a lo habitual, a los cortes tradicionales, esos son más modernos.
El hombre hoy, ¿es de cuidarse más estéticamente que antes?
No sé mucho sobre las modas de antes, pero, lo que sí veo, es que los algunos hombres tienen mucha constancia y van una vez por semana, por ejemplo, a cortarse el pelo. Nos piden cortes que estén a la moda. En cuanto a la barba, si bien hubo un tiempo que estuvo fuera de moda, ahora, más que nada la juventud, comenzó a usarla y de diferentes formas, corta, más larga y tupida. Se ha vuelto una moda. Lo que no volvió fue el bigote. Eso no piden, por lo menos a mí.
¿Ya se encuentra en el ruedo?
Hace ya cuatro meses que pude abrir mi emprendimiento particular y, por suerte, me va bastante bien. Por suerte tengo unos cuantos clientes, y bueno, esperemos que podamos seguir mejorando. Parecería que les gusta mi trabajo porque han seguido yendo. Algo bien parece que hice, por ahora no he cortado ninguna oreja (risas). A veces, tengo clientas mujeres, también, más que nada para un corte de puntas o más o menos fácil. Eso rompe un poco con el mito de que los peluqueros hombres no atendemos mujeres, que ellas se atienden con mujeres solamente, y que esta profesión es cosa solamente de mujeres. Eso no es así. La peluquería también es una profesión de hombres, demostrado está. He apostado a un sueño que tenía, y en eso estoy, tratando de ponerle toda la energía. La idea es continuar especializándome con cursos, talleres y todo lo que sea prepararme mejor para lo que hago. Siempre trato de sumar más conocimiento. Por el momento, como me va bien, pienso quedarme por Salto. Si bien en Montevideo encontramos a los mejores, por ahora iré a visitarlos; son personas muy accesibles y que siempre están disponibles a dar una mano, eso me llamó la atención.
¿Qué mensaje le daría, como joven emprendedor, a quienes como usted, desean comenzar a transitar el mismo camino?
Que le den para adelante. Que se animen, que se puede. Nada es imposible. Solamente hay que lucharla. Cuando alguien quiere algo, debe de animarse a ir en su búsqueda.

 

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