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jueves, febrero 19, 2026

La Vuelta vuelve a Salto: más que una etapa, un reencuentro

Quince años de ausencia no pasan inadvertidos. En ese tiempo, nuevas generaciones crecieron sin ver el pelotón ingresar a la ciudad, sin sentir el murmullo creciente de la caravana acercándose ni el estallido de aplausos en la llegada. Por eso, el regreso de la edición 81 de la Vuelta Ciclista del Uruguay a Salto es mucho más que una noticia deportiva: es un reencuentro con la memoria colectiva.

La tradicional competencia organizada por la Federación Ciclista del Uruguay vuelve a incluir al departamento en su recorrido después de una prolongada ausencia.

La Vuelta Ciclista del Uruguay no es simplemente una carrera. Es una institución deportiva con arraigo popular, capaz de movilizar ciudades enteras. Allí donde llega, transforma el ritmo cotidiano: convoca a familias, dinamiza el comercio, despierta vocaciones deportivas y refuerza el sentido de pertenencia. El ciclismo, con su cercanía al público y su carácter itinerante, mantiene una mística que pocas disciplinas conservan.

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Salto tiene historia en el ciclismo. Tiene rutas desafiantes, clubes formadores y una cultura deportiva que trasciende generaciones. Haber quedado fuera del recorrido durante tanto tiempo fue una ausencia sentida. Por eso este retorno no es menor: representa reconocimiento, integración y descentralización real del deporte nacional.

El primer fin de semana de turismo, cuando finalmente se concrete la llegada, la ciudad volverá a vestirse de fiesta. Habrá expectativa en las veredas, niños buscando un recuerdo del pelotón y adultos evocando ediciones pasadas. La Vuelta conecta pasado y presente en un mismo instante: la bicicleta como símbolo de esfuerzo, constancia y trabajo en equipo.

Sin embargo, el desafío no termina con la llegada. El verdadero objetivo debe ser la continuidad. Que Salto no sea una escala ocasional sino un punto consolidado dentro del calendario. Para eso se requiere compromiso institucional, respaldo empresarial y, sobre todo, una comunidad que haga suyo el evento.

Después de 15 años, la Vuelta vuelve a rodar por suelo salteño. Y cuando el pelotón cruce la meta, no solo estará completando una etapa: estará cerrando un paréntesis en la historia deportiva de la ciudad y abriendo una nueva oportunidad para que la tradición continúe.

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