
La pasaron mal en San Carlos de Maldonado
Pasada la final de la Copa Nacional de Selecciones en categoría mayores, comenzaron a multiplicarse las voces de los hinchas que viajaron hasta Maldonado para presenciar el encuentro. Durante estas horas, el malestar ha sido generalizado y apunta directamente a las condiciones que ofreció el estadio de San Carlos.
Lluvias en las previas; un verdadero lodo.
Las precipitaciones registradas en la previa complicaron aún más un escenario que ya presentaba dificultades. La zona asignada para la parcialidad salteña terminó completamente anegada, con sectores cubiertos de barro y con una visibilidad prácticamente nula en varios puntos. Incluso, hubo hinchas que, pese a haber abonado su entrada y llegar con el tiempo justo, no pudieron observar el partido o apenas lograron seguir fragmentos del mismo, según los propios testimonios.
Lo cierto es que el escenario designado para que Maldonado ejerciera la localía no contaba con las condiciones adecuadas para albergar una final de estas características. La organización del fútbol del interior no advirtió —o no corrigió a tiempo— estas falencias, y tampoco se registraron gestiones concretas para modificar la sede del encuentro.
Debieron mirar de pie todo el juego.
A esto se sumó una situación que generó aún más indignación entre los hinchas: muchos debieron permanecer de pie durante los 90 minutos, simplemente porque no había visibilidad en los sectores asignados. Sin asientos, sin espacios adecuados y sin condiciones mínimas de comodidad, siguieron el partido como pudieron.
La falta de infraestructura fue evidente. No hubo lugar suficiente para la cantidad de público que llegó desde Salto, una hinchada que recorrió más de 600 kilómetros con la ilusión de vivir una final. Sin embargo, ese esfuerzo terminó chocando con una realidad adversa: malas condiciones, escasa organización y una experiencia que, lejos de estar a la altura del evento, dejó más frustración que disfrute.
El enclave del lugar complicado
A esto se suma la ubicación del estadio, enclavado en una zona compleja, donde el acceso y la logística ya representan un desafío en condiciones normales, más aún en horario nocturno. En definitiva, para los hinchas de Salto, la experiencia terminó siendo adversa en todo sentido: muchos hicieron el esfuerzo de viajar, pagaron su entrada y, sin embargo, se quedaron prácticamente sin partido.




