Transportistas, productores y trabajadores reclaman ser escuchados ante el impacto de la guía electrónica de carga y el costo de los combustibles.

Edil Dr. Enzo Molina
Presidente de la Junta Departamental de Salto
Periodo 2025-2026
Bancada CORE
Partido Nacional
Hay reclamos que merecen ser escuchados no por la magnitud de una movilización ni por la capacidad de generar titulares, sino por quiénes los protagonizan.
En estos días, miles de transportistas de carga, productores rurales, trabajadores vinculados a la producción y al transporte, empresarios, comerciantes y emprendedores han hecho sentir su voz en distintos puntos del Uruguay. Lo han hecho con respeto, con firmeza y con la convicción de quienes saben que las decisiones que se toman desde los centros de decisión terminan impactando directamente en su trabajo, en sus familias y en su futuro.
Sería un error pensar que este es únicamente el reclamo de un sector. Lo que hoy se expresa en las rutas refleja una preocupación más amplia: la de quienes producen, transportan, invierten y generan empleo; la de quienes sostienen, muchas veces silenciosamente, buena parte de la actividad económica del país.
Detrás de cada camión hay mucho más que un vehículo. Hay una empresa familiar, un trabajador, una inversión, una cosecha que debe llegar a destino, una industria que espera materia prima, un comercio que necesita abastecerse. Hay esfuerzo acumulado durante años y la incertidumbre propia de quienes viven de su trabajo y no de los discursos.
Por eso sería un error interpretar estas manifestaciones desde una lógica partidaria. Quienes conocen la realidad del interior saben que aquí no hay banderas políticas. Hay preocupación genuina de personas que sienten una presión creciente sobre los costos, sobre la rentabilidad de sus actividades y sobre las condiciones necesarias para seguir produciendo.
El debate sobre la guía electrónica de carga y el costo de los combustibles merece ser abordado con seriedad. Es legítimo que el Estado procure mejorar sus mecanismos de control y modernización. Pero también es legítimo que quienes serán directamente afectados planteen dudas, observaciones y reparos.
Las mejores soluciones rara vez nacen de la imposición. Nacen del diálogo. Nacen de la capacidad de escuchar antes de decidir.
El transporte de carga no es una actividad aislada. Es una de las columnas sobre las que se apoya la producción nacional. Cuando aumentan sus costos o se dificultan sus condiciones de funcionamiento, las consecuencias terminan llegando al productor, al comerciante, a la industria, al trabajador y, en definitiva, a toda la sociedad.
Uruguay se construyó sobre la cultura del trabajo. Sobre el esfuerzo de quienes madrugan, emprenden, producen y asumen riesgos. Buena parte de nuestra historia económica se escribió en el campo, en los talleres, en las pequeñas empresas y también sobre las rutas nacionales que conectan cada rincón del país.
Por eso, cuando una parte importante de la base productiva nacional expresa preocupación, lo prudente no es descalificar ni atribuir intenciones que no existen. Lo prudente es escuchar.
Escuchar este reclamo no implica tomar partido por un sector. Implica reconocer la importancia de quienes producen riqueza, generan empleo y sostienen la actividad económica del Uruguay.
Porque detrás de cada carga transportada hay una familia. Hay una chacra, un comercio, una empresa o una industria. Hay sueños, sacrificios y proyectos de vida.
Y cuando quienes ayudan a mover el país sienten la necesidad de levantar la voz, lo mínimo que corresponde es escucharlos con respeto, con atención y sin prejuicios.










