La vida de los animales

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Todos los años se viene planteando el mismo problema y cada vez más grave. En ocasión de las jineteadas del prado de lugares similares, un grupo de defensores de los animales se lanza al ruedo para protestar contra dichas acciones.

No pretendemos entrar en la disyuntiva si tienen razón o no. Las jineteadas hoy son un día de fiesta para la gente que trabaja en el campo, pues se entiende que arriesgan por igual tanto el bagual como el jinete, porque pueden resultar gravemente lesionados los dos.

Lo que nos llama poderosamente la atención es que la misma acción no se lleva adelante cuando en los ingresos a la frigoríficos se ven entrar a diario cientos de camines cargados de vacunos o de lanares y hasta de equinos con algunos años.

¿Es que no se sabe que el destino seguro de estos animales es la muerte, que los llevan para matar o es que no tiene la misma “prensa” y por ello no se los defiende?

Pero la “culpa no la tiene el chancho, sino que le rasca el lomo”, como se suele decir en campaña. Es que no hemos visto a nadie que luego proteste en una carnicería o en un supermercado, al comprar carne para consumir.

Somos amantes de los animales y aunque tenemos claro que todo ser viviente nace y muere, no somos capaces de admitir la muerte de nadie, ni tan siquiera de un animal, como un cordero o un ternero que se sabe de antemano cual será su destino.

Tiernas escenas que todos conocemos se dan entre los niños y los corderos o cualquier otra mascota, pero que sepamos son muy pocas las excepciones que se oponen a darles muerte luego.

Lo que aún no se ha entendido es que necesitamos tener una política común frente a la vida animal. Quizás respetándola, quizás sabiendo de antemano, que destino tiene su crianza, pero por sobre todas las cosas: que todos merecen el mayor de los respetos.

Más allá de la repercusión que puede alcanzar cada acción, según el lugar, el momento y demás. Todos los animales merecen nuestro mayor respeto. Si los amamos debemos demostrarlo, respetándolos y asignándoles un lugar en nuestra vida diaria.

No es respeto lo que demuestran muchos dueños de animales que se desentienden de alimentarlos y estos deambulan por la ciudad.

No es respeto a la vida la cría de ningún animal para luego cambiarlo por dinero.

No es para diversión que se los debe preparar, arriesgando hasta su vida y la del animal indómito. Pero para hacer las cosas diferentes necesitamos un cambio cultural y de eso estamos muy lejos.

A.R.D.

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