El centenario Parque Solari cuenta con bellezas de incalculable valor. Una arboleda frondosa y variada, variedad de plantas, lugares exclusivos y la Venus de Lely en medio del lago, majestuosa, bella y enorme.

El secreto de la diosa que habita en las aguas del Paseo salteño
Bajo la sombra de los árboles y el reflejo del lago artificial, la Venus agachada del Parque Benito Solari es más que una pieza de mármol. Es hacer cuenta, sacar números y concluir que es un puente de dos mil años que conecta la sensibilidad salteña con el esplendor del helenismo griego y el coleccionismo real europeo.
El Parque Benito Solari de Salto es un espacio público poco común, es un jardín de la memoria donde el paisaje y la cultura se funden en una atmósfera casi onírica. Entre sus senderos y su arquitectura de inspiración europea, emerge una figura que parece haber sido detenida en el tiempo: la Venus del Baño.
Esculpida en el noble mármol de Carrara, esta diosa en cuclillas no solo es un símbolo del patrimonio departamental, sino una ventana a una de las representaciones más revolucionarias del arte antiguo.
Aunque hoy la vemos integrada a la paz del lago, su presencia en el parque guarda ecos de una época en la que su desnudez desafiaba las convenciones sociales. Se dice que, como otras figuras de su tipo, fue relegada a los márgenes de la ciudad cuando el pudor de la sociedad conservadora del siglo XIX no encontraba lugar para la anatomía divina en las plazas céntricas. Sin embargo, su destierro al Parque Solari fue, en realidad, un acto de justicia poética: allí, rodeada de agua, la obra recuperó su propósito original.
LA DIOSA QUE ESCUCHA COSAS
Tal vez el más charlatán sea el viento que hace sonar su voz entre los árboles cuando está un poco malhumorado o que le susurra entre las hojas algunas novedades a la Diosa que muchas veces lo toma como de quien viene y otras se deja llevar por la pasión eólica.
Los pájaros también le cantan cada mañana o cuando la tarde se pone nostalgiosa, su charla es más ruidosa y dispar, son tantas las aves que cada una con su particular idioma que la diosa aveces se confunde con la historia de cada cual.
Están las azaleas con su camino de ensueños, los árboles frutales, las plantas que crecen libre y el pasto bohemio y despreocupado.
Esta el lago que murmura, a veces sucio, a veces descuidado, estancado, maloliente, que a cada rato le pide disculpa porque a él poco lo atienden y da esa sensación que es más residual que espejo de agua. Pero en el fondo es un buen amigo, que sabe escuchar, y sabe callar y que a veces la invita a que se zambulla que la conozca en profundidad.
Recuerda con nostalgia los domingos de retreta, las comptetencias en la pista, los espectáculos artísticos, el zoologico en el gran islote a su izquierda, que un día se fue y nunca más regresó. Dicen que por años habitó en otro parque, pero hoy, no existe más…
La Diosa se muestra humilde siempre, ve pasar niños, mujeres, hombres, enamorados, muchachos traviesos y de los otros, ve jugar al fútbol, ve a los que pasan rumbo a la glorieta a rendirle culto al amor, los ve, siempre lo ve todo.

EL LINAJE DE LA VENUS DE LELY, DE BITINIA A SALTO
Para entender la magnitud de la estatua que custodia el lago salteño, debemos viajar al siglo III a.C. La pieza es una descendiente directa de la famosa Venus de Lely. Esta última, hoy tesoro de la Royal Collection británica y expuesta en el British Museum, es una copia romana de un original griego perdido, atribuido al escultor Doidalsas de Bitinia.
El nombre «Lely» proviene del pintor de la corte inglesa, Sir Peter Lely, quien adquirió la escultura tras la ejecución del rey Carlos I en 1649. Pero más allá de su pedigrí nobiliario, lo que hace que esta Venus sea trascendental es la ruptura que representó en la historia del arte.Hasta la aparición de este modelo, los dioses eran representados en una verticalidad majestuosa, casi inalcanzable. Doidalsas, sin embargo, decidió humanizar lo divino.
LA VENUS AGACHADA, LA “DIOSA SORPRENDIDA”
No está posando para la eternidad; está viviendo un momento de absoluta privacidad. Se inclina sobre su pierna derecha, gira el torso con un movimiento helicoidal y curva su espalda en un gesto de autoprotección. Es, en esencia, la invención de la intimidad en la escultura.La geometría del deseo y el naturalismo helenístico
“¿Por qué esa postura se repitió incansablemente en el mundo antiguo hasta llegar a réplicas como la de Salto? La respuesta es técnica y psicológica. Desde el punto de vista compositivo, la Venus agachada abandona la frontalidad.
Al ser una figura compacta y piramidal, obliga al espectador a rodearla. Cada ángulo ofrece una nueva perspectiva de su anatomía: el pliegue del abdomen provocado por la flexión, la tensión de los muslos y la delicadeza de sus manos intentando cubrir su cuerpo.Este naturalismo era una obsesión en el periodo helenístico. Los artistas ya no buscaban solo la belleza idealizada, sino la verdad del cuerpo humano bajo la influencia del movimiento y la gravedad.
En la Venus del Parque Solari, el mármol de Carrara permite apreciar esa suavidad de la piel que parece ceder ante la presión de la postura, un detalle que el espectador atento puede descubrir bajo la luz cambiante del sol uruguayo.El contraste necesario: Milo frente a LelyA menudo, el público general confunde estas representaciones con la icónica Venus de Milo, pero las diferencias son abismales y definen dos formas de entender el mundo.La Venus de Milo, que hoy reina en el Louvre, es la heredera del clasicismo.
Es una columna de serenidad. Aunque su cuerpo insinúa una ligera torsión, se mantiene erguida, distante y solemne. Ella es la «Venus Victoriosa». En cambio, nuestra Venus del Solari (el modelo de Lely) es la «Venus Púdica». Mientras la de Milo inspira reverencia, la de Lely —y por extensión la de Salto— apela a la empatía y al voyeurismo.
Una es un monumento; la otra es un suspiro.La de Milo representa el equilibrio ideal; la nuestra representa el instante fugaz. Una es divina por su perfección; la otra es divina por su humanidad.Un patrimonio que respira en Salto”, Nos comentó un docente, pintor y profundo conocedor de la historia del arte.
UN PRIVILEGIO CULTURAL
“Tener una réplica de este calibre en un espacio público uruguayo es un privilegio cultural que a menudo pasa desapercibido. La Venus del Parque Solari no es solo decoración; es un diálogo vivo con la historia de la estética occidental. Al verla allí, agachada junto al agua, el observador no solo ve una estatua de mármol, sino que participa de un secreto milenario: el momento exacto en que una diosa decidió bajar de su pedestal para fundirse con la naturaleza y el tiempo.
Visitar el Parque Solari y detenerse ante ella es, en última instancia, un ejercicio de introspección. En su giro brusco y su mirada perdida, la Venus nos recuerda que la belleza más profunda no reside en la pose heroica, sino en la vulnerabilidad de lo cotidiano”, nos comentól hace años un viajero, que siempre que pasaba por Salto se quedaba horas recorriendo la inmensidad del Parque Solari y toda su belleza incalculable..
EL PINCEL QUE SALVÓ A LA DIOSA
Para comprender cómo una escultura de la antigua Roma terminó bautizada con el apellido de un pintor barroco, hay que sumergirse en la convulsa Inglaterra del siglo XVII. Sir Peter Lely (nacido Pieter van der Faes) no solo fue el retratista más influyente de su tiempo, sino un estratega cultural.
Tras la muerte de Van Dyck, Lely se convirtió en el pintor de cámara del rey Carlos I, capturando con una sensualidad característica a las figuras más poderosas de la corte.Sin embargo, su vínculo con la Venus nace de una tragedia política.
Con la ejecución del rey en 1649, la fabulosa colección de arte de la corona (la Commonwealth Sale) fue subastada para pagar las deudas del nuevo régimen puritano de Oliver Cromwell. Lely, que poseía un ojo clínico para la belleza y una ambición coleccionista voraz, adquirió la Venus agachada.
Durante años, la diosa habitó en su taller, sirviendo de inspiración para sus propios retratos femeninos, conocidos por esa mirada lánguida y posturas de «negligencia elegante». Con la restauración de la monarquía en 1660, la estatua fue devuelta a la Royal Collection a cambio de favores políticos y deudas, pero el nombre del pintor quedó sellado a la piedra para siempre. Lely no solo la poseyó; la reintrodujo en la sensibilidad moderna, recordándonos que el arte es un tesoro que sobrevive a las caídas de los imperios.

EL PARQUE SOLARI UN REFUGIO PARA LA BELLA DEL MARMOL
Por su parte, la llegada de esta pieza a Salto cuenta una historia de filantropía y transformación urbana.
El Parque Benito Solari fue originalmente la quinta propiedad privada de la familia Solari. En un gesto de amor por su ciudad, don Benito Solari diseñó este oasis con la ayuda de expertos paisajistas, trayendo especies exóticas y piezas de arte europeo para elevar el espíritu de los salteños.
Pero el parque también funcionó como un elegante «exilio». A finales del siglo XIX y principios del XX, Uruguay vivía una tensión entre la modernización estética y una moralidad victoriana muy rígida. Varias esculturas que hoy admiramos fueron motivo de escándalo en su momento. La Venus del Baño, con su desnudez explícita y su actitud de ser sorprendida sin ropa, no encajaba en la severidad de las plazas principales, custodiadas por instituciones públicas y religiosas
.Al ser trasladada (o instalada directamente) en el parque, la estatua encontró un refugio donde la naturaleza servía de cómplice.
Benito Solari no solo donó 15 hectáreas de tierra en 1923; donó un concepto de libertad estética. La ubicación de la Venus en el lago artificial fue una decisión magistral de diseño: allí, la humedad del ambiente y la vegetación de sauces y eucaliptos crean un microclima que hace que el mármol de Carrara «viva».
La estatua dejó de ser un objeto de censura para convertirse en un objeto de culto paisajístico, recordándonos que, en Salto, el arte y la naturaleza siempre han caminado de la mano bajo el ala de la generosidad privada y cuidado de la comuna.




