Cuando te pregunten para qué sirve estudiar la tragedia respondé que es para no cometer los mismos errores, porque esa era la función que tenía en la democracia griega, recordarle al pueblo que los gobernantes se equivocan casi que fatalmente. El tema de todas ellas es la HYBRIS, el peor de los pecados, el pecado del exceso, el de creerse igual o mejor que Dios, algo que le suele pasara los jefes de Estado.
La diferencia entre tragedia y comedia según Aristóteles
Para distinguir ambos géneros, Aristóteles propone observar la “estatura” moral y política de quienes protagonizan la historia. La diferencia reside en la naturaleza del personaje y su relación con el error:
La comedia: se ocupa de personas comunes con vicios simpáticos. El conflicto surge de situaciones absurdas que culminan en perdón y reconciliación. Es el triunfo de la flexibilidad humana. La comedia celebra la capacidad de reírnos de nuestras fallas para continuar el camino.
La tragedia: sus personajes son figuras de gran poder —reyes o jefes de Estado— que cometen un pecado fatal: la hybris. En este escenario, el error es definitivo; el destino se cumple y la caída del líder arrastra a la comunidad hacia la catástrofe.
Mientras la comedia enseña la convivencia entre ciudadanos, la tragedia alerta de los excesos de los poderosos. Advierte que la soberbia ante las leyes del universo conduce a la ruina absoluta. Es de ahí que nace el famoso dicho: si no fuera trágico, sería cómico. La diferencia entre la risa y el llanto depende de la jerarquía del protagonista y la magnitud de su caída.
Agamenón: orgullo triunfal por la victoria militar y aceptación de honores divinos
Esquilo, 458 a.C. Trilogía: La Orestíada. Personajes principales: Agamenón, Clitemnestra, Casandra, Egisto. Ganadora del 1º premio. Fue el último gran triunfo de Esquilo.
El primer acto de esta tragedia moderna se refleja en la figura de Donald Trump tras el éxito de la extracción. Al igual que Agamenón al regresar de Troya, Trump ha caminado sobre la “púrpura” del reconocimiento mediático, atribuyéndose un poder que raya en lo mesiánico.
Su declaración de que Estados Unidos administrará Venezuela de manera transitoria recuerda la arrogancia del rey micénico que, ebrio de triunfo, ignora que la victoria suele llevar consigo la semilla de la propia destrucción.
La hybris aquí es la convicción de que el vencedor tiene el derecho divino de reorganizar el mundo a su imagen, olvidando que el exceso de confianza siempre despierta la envidia de la Némesis política.
Edipo rey: autosuficiencia intelectual y creencia de poder burlar al destino
Sófocles, c. 429 a.C. Personajes principales: Edipo, Yocasta, Creonte, Tiresias. Resultado del torneo: 2º premio, sorprendentemente no ganó (ganó Filocles), aunque Aristóteles la consideró después la tragedia perfecta.
Nicolás Maduro encarnó, hasta su detención el 3 de enero, la ceguera de Edipo. Su hybris fue la convicción de que su control sobre el aparato estatal y militar era absoluto e inquebrantable. Al igual que el rey de Tebas, ignoró las señales: la dolarización de facto, el aislamiento internacional y las grietas en sus propios anillos de seguridad.
Su soberbia intelectual le hizo creer que podía engañar a la Esfinge de la vanidad y descifrar el “enigma” de la perpetuación en el poder, mediante la represión y la retórica, sin darse cuenta de que su propia guardia y el silencio de sus aliados eran los mensajeros que anunciaban su paradero a las fuerzas especiales estadounidenses.
Su caída fue el resultado de un destino que él mismo forjó al subestimar las moiras que se movían en su dirección.
Ayante: desprecio por la ayuda divina y confianza excesiva en su fuerza
Sófocles, c. 440 a.C. Personajes principales: Ayante, Odiseo, Tecmessa, Teucro, Atenea. Se desconoce el puesto en el torneo, pero consolidó a Sófocles como el autor favorito de Atenas por encima de la vieja escuela de Esquilo.
La operación militar en sí, con el despliegue de los MH-47G Chinook sobre el cielo de Caracas, es un monumento a la hybris de Ayante. La confianza ciega en la superioridad tecnológica y la fuerza bruta —el creer que “no se necesita la ayuda de los dioses” para ganar la guerra— es el sello de la actual política exterior de Washington.
Trump ha alardeado de la “perfección” del ataque, describiéndolo como un espectáculo televisivo de violencia quirúrgica. Sin embargo, los griegos nos enseñan que Ayante, a pesar de su fuerza, terminó perdiendo la razón al ser manipulado por Atenea. La soberbia de creer que la tecnología militar exime al líder de las consecuencias morales y políticas es una locura que suele preceder al caos.
Las bacantes: negación de la divinidad y rigidez racional frente a lo sagrado
Eurípides, 405 a.C. (obra póstuma). Personajes principales: Dioniso, Penteo, Ágave, Cadmo, Tiresias. Ganadora del 1º premio. Se representó tras la muerte del autor y es considerada su obra maestra absoluta.
Finalmente, la llegada de Maduro al Centro de Detención de Brooklyn marca el acto final de Penteo. El rey que intentó encarcelar a Dioniso terminó siendo despedazado por no reconocer la fuerza de lo irracional y lo colectivo.
El chavismo, en su rigidez autoritaria, no pudo contener la «marea» de una intervención que operó fuera de sus esquemas lógicos de defensa. Pero la advertencia también es para el captor: si la administración Trump intenta imponer un orden rígido y externo sobre la efervescencia social de Venezuela, corre el riesgo de ser consumida por las mismas fuerzas que hoy cree haber dominado.
La tragedia perdura en el tiempo, para recordarle a los gobernantes que no son omnipotentes y que nadie escapa ileso de la desmesura; la hybris de hoy es siempre la catástrofe de mañana.
Es por eso que los constituyentes, en nuestra carta magna, dispusieron que el poder público garantice la producción y el acceso al ARTE; porque es inconcebible una democracia fuerte sin una producción de arte independiente robusta. ¡Viva el Arte! ¡Salario digno para las y los Artistas!





