Una columna de opinión plantea que el debate político en Salto debe mirar también la herencia de gestiones anteriores y asumir responsabilidades.

Edil Dr. Enzo Molina
Presidente de la Junta Departamental de Salto
Periodo 2025-2026
Bancada CORE
Partido Nacional
En los últimos meses se ha instalado un discurso donde pareciera que todos los problemas de Salto nacieron hace apenas diez meses cuando Albisu asumió impulsado por la Coalición Republicana. Como si antes hubiéramos vivido en un departamento perfecto, sin dificultades financieras, sin calles deterioradas, sin basura por doquier, sin problemas de empleo, sin problemas estructurales y sin decisiones equivocadas acumuladas durante años.
A veces da la sensación de que algunos dirigentes del Frente Amplio hablan de Salto como si nunca hubieran gobernado. Como si muchos de los que hoy levantan la voz desde la Junta Departamental no hubieran sido directores, jerarcas o protagonistas de la administración anterior durante diez años.
Y eso no es un detalle menor. Porque el estado en que quedó el departamento y la Intendencia no apareció de un día para el otro. Las dificultades financieras, el deterioro de calles, la falta de maquinaria, los problemas estructurales y muchas decisiones discutibles vienen de años de gestión.
Sin embargo, escuchamos discursos donde pareciera que ahora nadie fue responsable de nada.
Se olvidan de anuncios que quedaron solo en titulares. Se olvidan de proyectos que nunca existieron en la práctica. Se olvidan de las polémicas, de las renuncias de jerarcas en medio de denuncias penales, de decisiones que comprometieron recursos del departamento y hasta de terrenos entregados en situaciones más que cuestionables.
Pero además hay algo todavía más preocupante: mientras reclaman soluciones rápidas, se han opuesto sistemáticamente a herramientas necesarias para sacar adelante a Salto.
Se opusieron al financiamiento.
Se opusieron al presupuesto.
Promovieron llamados a sala muchas veces más pensados para generar titulares que para construir soluciones.
Y el jueves pasado en la 18^ Sesión Ordinaria, volvieron a demostrarlo al no acompañar un proyecto de excepción que apuntaba a facilitar inversiones y generar trabajo para los salteños, con una inversión de más de 6 millones de dólares.
Entonces es válido preguntarse: ¿qué quieren realmente? Porque no se puede reclamar obras, exigir respuestas inmediatas y al mismo tiempo poner obstáculos cada vez que aparecen instrumentos para avanzar.
La política del palo en la rueda puede servir para una conferencia de prensa o para una publicación en redes. Pero a la larga la termina pagando la gente. La pagan los salteños que esperan oportunidades, trabajo y recuperación para el departamento.
Salto necesita una oposición firme, sí, pero también responsable. Una oposición que controle, proponga y acompañe cuando las medidas son buenas para el departamento, aunque las impulse otro partido político.
Deben aprender que gobernar no es solamente señalar problemas. Gobernar también es hacerse cargo de la herencia que se dejó y actuar con honestidad intelectual frente a la ciudadanía.
Y los salteños tienen memoria. Mucha más memoria de la que algunos creen.










