Cuestiona el eslogan “un gobierno de izquierda cumple” y señala brecha entre promesas y gestión: recortes a CERP, medidas recaudatorias en comercio y demoras en seguridad.

Edil Pablo Williams
Coord. de bancada CORE
Partido Nacional
El relato contra el dato: La ironía de los carteles de «sabremos cumplir».
En las últimas semanas, en varias calles de nuestra ciudad ha aparecido cartelería con una consigna que busca, a fuerza de repetición, transformarse en verdad: «Un gobierno de izquierda cumple». Sin embargo, para quien camina la calle y analiza la gestión sin el lente del comité, la frase no suena a balance de logros, sino a una provocación. A poco más de un año de gestión del Frente Amplio, la distancia entre las promesas de la campaña de 2024 y la realidad de 2026 no solo es amplia, sino que en algunos sectores es directamente una traición al discurso fundacional.
El centralismo educativo: El castigo a los CERP.
Uno de los puntos más dolorosos de esta «promesa cumplida» es la educación. Durante años, la descentralización fue la bandera del FA, pero el presupuesto reveló una cara distinta. Los Centros Regionales de Profesores (CERP), que son el corazón de la formación docente en el interior, han sufrido recortes sistemáticos en sus partidas de funcionamiento y horas docentes.
Lo que en campaña se vendió como un fortalecimiento de la educación pública, hoy se traduce en un vaciamiento de los centros regionales para oxigenar los recursos en Montevideo. Es un centralismo renovado que castiga al estudiante del interior, obligándolo nuevamente a mirar hacia la capital si pretende una formación de calidad, desmantelando un proceso de federalización educativa que había costado décadas consolidar.
El comercio y las compras al exterior: De la solución a la caja.
Otro golpe a la credibilidad llega por el lado del consumo y el comercio. El sector comercial, asfixiado por la competencia de precios y la logística, elevó un reclamo legítimo sobre la regulación de las compras en el exterior. La «promesa» fue equilibrar la cancha. No obstante, la solución del gobierno terminó siendo una vuelta de tuerca netamente recaudatoria.
Lo que iba a ser una política de protección al comercio local se transformó en un gravamen, que no baja los costos para los comerciantes locales, pero sí aumenta la recaudación estatal a través del consumo individual. No se protegió al pequeño comerciante; se utilizó su reclamo como excusa para engrosar las arcas públicas en un momento donde el déficit fiscal empieza a apretar más de lo admitido en los discursos.
Seguridad: Un plan con un año de demora.
Quizás el punto más crítico es la seguridad. El país votó en 2024 con la promesa de un plan de seguridad existente que frenara el avance del delito, y bajo la promesa de un «shock» de gestión integral. Sin embargo, hemos pasado el primer año de gobierno entre diagnósticos, mesas de diálogo y revisiones burocráticas.
Resulta casi cínico que los carteles hablen de «cumplir» cuando el plan estratégico de seguridad recién comienza a asomar sus primeras líneas operativas a catorce meses de la asunción. Para las familias que siguen esperando la presencia policial prometida y el control efectivo del territorio, ese año de demora no es un plazo administrativo; es tiempo perdido que se cobra en vidas y en pérdida de libertad en los barrios. Un gobierno que se toma un año para diseñar lo que prometió tener listo para el primer día, no es un gobierno que cumple, es un gobierno que improvisa sobre la marcha.
Conclusión.
El papel aguanta todo, incluso la frase «un gobierno de izquierda cumple». Pero la realidad de los centros educativos del interior, el bolsillo del ciudadano y la inseguridad latente dicen lo contrario. Los carteles que hoy vemos colgados no son más que un intento de tapar con propaganda los baches de una gestión que, en sus temas clave, ha demostrado que su prioridad es el relato capitalino y la recaudación, dejando las promesas de campaña en el archivo del olvido. La ciudadanía tiene memoria, y no hay cartel lo suficientemente grande como para ocultar los recortes y las demoras que hoy marcan el día a día del Uruguay.







