Columnas De Opinión
Dr. Pablo Sosa Pereira
Dr. Pablo Sosa Pereira
Pablo Sosa es Doctor en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de la República (2022). Especialista en Derecho Electoral, integra la Corte Electoral desde 2009 y actualmente es secretario de la Oficina Electoral de Salto y prosecretario de la Junta Electoral. En 2023 fundó el estudio jurídico Sosa-Pereira & Asociados, enfocándose en Derecho Público y Electoral. Tiene publicaciones académicas y se destaca por su experiencia institucional, práctica profesional y aporte al estudio del sistema electoral.

LA GENTE QUE ME HABITA MUCHAS VIDAS, MUCHOS MAESTROS

Pablo Sosa reflexiona sobre las personas que marcaron su vida, sus aprendizajes y la construcción personal a través de vínculos y maestros.


AGENDA LEGAL: REFLEXIONES SOBRE EL DERECHO

Con el paso del tiempo uno empieza a entender algo que de niño resulta imposible comprender: nadie se construye solo; a veces creemos que nuestra personalidad, nuestras decisiones o incluso nuestras convicciones nacieron únicamente de nosotros. Pero la verdad suele ser otra. Somos, en gran medida, la suma de las personas que nos marcaron; en estos días me encontré pensando en eso; en las muchas vidas que viví dentro de una misma vida.

Mi primera gran maestra, sin dudas, fue mi madre: de ella aprendí muchísimo de lo bueno y también de lo difícil. Mi infancia, pese a todo, fue linda. Pero la vida después me llevó por caminos que quizás no eran los esperables para un adolescente. Hubo responsabilidades prematuras, trabajo temprano, liceo nocturno y etapas donde tocó crecer antes de tiempo.

También heredé cosas de mi abuela Francisca; nunca le dije “abuela”; siempre fue Francisca. Curiosamente, me cuesta conectar emocionalmente con muchos recuerdos de ella, aunque reconozco que gran parte de mi disciplina, de mi estructura mental y de mi carácter vienen de allí. Era una mujer de una firmeza casi militar.

A los quince años llegó mi primer trabajo, en Farmacia del Centro, ahí conocí a Joaquín Pereira Machado y a Diego Landa. En ese momento quizás no dimensionaba todo lo que estaba aprendiendo. Limpiar, repartir, cumplir horarios, asumir responsabilidades. Fue probablemente mi primer contacto real con el mundo adulto.

Después llegó la radio, y con ella apareció Carlos Arredondo, una persona que en cierta etapa ocupó un rol casi paternal en mi vida. De Carlos aprendí códigos, formas, expresiones y una manera de mirar el mundo. También Manuel Raivas dejó enseñanzas valiosas. Eran muy distintos entre sí, y quizás por eso ambos me marcaron.

Más adelante apareció la Facultad de Derecho, y ahí llegaron otros maestros. Arturo Caumont —abogado y escribano, además de una de las figuras más influyentes del civilismo uruguayo— me enseñó que el conocimiento también puede ser disruptivo. Fulvio Gutiérrez despertó mi interés por el Derecho Constitucional; Rafael Biurrun profundizó mi visión jurídica y procesal. Luis Rossi nos acercó al ejercicio profesional práctico, mientras Silvia Cabrera terminó de aterrizar años de teoría en experiencia real.

Mientras tanto ingresé a la Corte Electoral; y allí conocí a personas extraordinarias, entre ellas Maximiliano Muñoz, alguien a quien aprendí a admirar por su equilibrio, su sabiduría y su calidad humana.

Cuando me recibí, llegaron nuevos referentes en la abogacia, Pablo Pascual Perna fue generoso en sus consejos; César Signorelli me aportó su visión del ejercicio profesional. Pero si hay una persona a la que le debo especialmente mi desarrollo en la abogacía, ese es el Doctor Gabriel Cartagena; sin el sinceramente, no estaría donde estoy.

En el mundo financiero también encontré mentores. Rodrigo Álvarez Langón y Nicolás Rodríguez Martínez me ayudaron a comprender algo esencial: trabajar duro resuelve el presente, pero planificar inteligentemente construye el futuro.

Por eso hoy pienso que vivir también consiste en saber observar, escuchar y aprender; tomar lo bueno, identificar lo malo y seguir construyéndose.

Hasta la próxima semana.

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