A veces las personas se muestran indiferentes a ciertas situaciones o frente a individuos que de alguna manera son ‘diferentes’ a nosotros o algunas conductas nos alejan de aquello que para el común no es ‘normal’.
Martín es uno más de la familia del taller’
Julio Horacio Muffolini
En estos tiempos que corren, hay poca empatía y los niveles de discriminación son altos frente a ciertas enfermedades que algunas personas padecen. Principalmente las enfermedades mentales o en este caso con un cierto grado de autismo.
Hace 24 años nacía Martin, un niño que llegó para llenar de amor el hogar de sus abuelos donde su mamá allí vivía. Todo estaba bien, el desarrollo del niño encajaba en los parámetros normales, sin ningún tipo de alteración. Pasado los tres años, los médicos decidieron realizar ciertos estudios debido a algunos comportamientos en la conducta del niño, hasta descubrir un cierto grado de Autismo.
La noticia fue recibida con mucha preocupación y algo de tristeza ya que debían modificarse varias cosas en la vida de Martin; el que iba a recibir una educación y cuidado especial respecto a sus pares.
Con todo el amor de su familia Martin fue creciendo y recibiendo el afecto de propios y extraños ya que es un denominador común debido a su manera; siempre cuenta y tiene buenos amigos en todas partes.
A pesar de sus 24 años Martin es un niño, un infante que tiene devoción por el automovilismo. A tal punto que sabe cada uno de los nombres y las escuderías de la fórmula 1 desde los años 70 en adelante. Contando con lujo y detalles algunos aspectos de esta famosa categoría mundial. No solamente los pilotos sino los circuitos y los países dónde se encuentran.
En el trajín diario camino de su casa a sus estudios, Martin se encontró un día con un taller de autos, donde allí le llamó la atención varios vehículos de carreras, los que estaban para ser reparados después de la competencia. Su curiosidad lo llevo puertas adentro, donde ingresó por primera vez y de allí en más nació con los dueños del local una gran amistad, la que perdura hasta hoy siendo este el ‘live motive’ de la nota.
La familia Muffolini no necesita presentación alguna ante la sociedad salteña, desde Don Victorino hasta Valentino, todos han sido excelentes pilotos y mecánicos en las distintas categorías. Son 4 generaciones muy presentes en la memoria de los amantes de los fierros.
La amistad entablada con Martin, Julio Roque y Julio Horacio llevó a qué en este nuevo cumpleaños haya un gran gesto de ellos con el niño qué el pasado 7 de noviembre celebró su aniversario.
No solamente la amistad, sino que la paciencia y el cariño son las muestras principales que recibe Martin a diario en su visita frecuente, ya que son pocas las cuadras que lo separan del taller ubicado en calle Rivera y Beltrán.
Sabido es que hoy en día un piloto de automovilismo necesita un simulador para entrenar diariamente y a falta de pista es el mejor aliado para emular una carrera. Valentino Muffolini sigue corriendo en la actualidad, por lo que ese simulador es necesario en su ‘búnker’ de entrenamientos.
Esto no fue obstáculo para que la familia decidiera darle otro destino; sorprender a Martin en su día con éste tremendo aparato, para que la felicidad de su aniversario sea completa ya que todo el año y todos los días cuando pasa por el taller les recuerda que el 7 de noviembre es su cumpleaños.
“Estás cosas son las que hay que hacerlas, Martin siempre ha demostrado un gran respeto y una gran educación, sin prejuicio de su condición. En nuestro taller es uno más. Cuando no aparece por algunos días lo extrañamos y le preguntamos a su mamá por él. Con mi padre han hecho una gran amistad, el le pregunta siempre acerca de todo, cuando digo todo es todo (risas). Martin es muy curioso, le gusta saber y aprender. Todo el tiempo nos transmite lo que ha recibido de su casa, de sus abuelos y su mamá”.
La historia del simulador
“Ese simulador de manejo es muy sofisticado, te cuento que nosotros lo usamos para Valentino y también últimamente con Santino mi hijo más chico. Incluso los amigos de ellos iban a mi casa a probar y ’bajar tiempos’. Una sana diversión, un entretenimiento que va de la mano de la pasión de la familia.
Cuando se lo comenté a mis hijos no pusieron objeción. Hubo consenso y entre todos los armamos de apuro para obsequiarlo a Martin. Sabíamos que iba a causar una gran alegría ya que el en su mundo es un piloto de fórmula 1”.
El pasado 7 de noviembre no fue un día más en el taller, desde la noche anterior ya estaban los carteles de felíz cumpleaños para el agasajado, la creatividad de los Muffolini, principalmente la del abuelo para las letras dirigidas al niño de 24 años que se encontró con el mejor regalo.
La proximidad con ambas familias nos hicieron acercarles a ustedes este gesto enorme que solo las grandes personas lo hacen desprendiéndose de un simulador que es necesario por la práctica permanente en el mundo de los fierros. Esto no fue obstáculo; la empatía, el buen corazón y la generosidad se conjugaron en esta gran acción que concluyó con un auto de carreras dentro del hogar de Martin Galarza.
