Abrir los ojos en Salto es un acto de rebeldía contra la costumbre. Nos han vendido un mapa vacío donde la capital es el sol y nosotros apenas sombras errantes en la periferia, pero la realidad es un animal hambriento y, como dice Fernando Cabrera; se engaña el que crea la verdad.
Quien ignora las diferencias entre lo que es municipal y lo que es nacional vive a merced de un trauma administrativo que lo inhibe de presentar proyectos. Es hora de dejar de esperar milagros de una cultura centralista y empezar a construir una solución propia, para todas y todos los artistas de Salto.
La inadecuación: la medida de lo real en el suelo que pisamos
Debemos saber dónde terminan nuestros pies y dónde comienza nuestra sombra, cuál es el territorio que nos contiene. La gestión es eso: el arte de lo adecuado, la capacidad de mirar un rincón de Salto y entender que tiene sus propios desafíos y sus propias soluciones.
Siempre dicen los representantes nacionales: Uruguay es muy chiquito, no es necesario una oficina en el interior. Pero eso no es verdad, Salto es inmenso y tiene miles de artistas. Pretender que una visión general, parida en un escritorio lejano, alimente el espíritu de una comunidad particular es ingenuidad o alevosía, pero nunca es inocencia.
Existe un proyecto de poder colonialista que depende de que el interior no se desarrolle y para eso, nada mejor que alimentar el centralismo montevideano para evitar que lleguen los recursos a sus legítimos beneficiarios.
El centralismo como una parálisis de la voluntad
Esa inercia que llamamos centralismo es el refugio de los que quieren que todo continúe igual. No podemos pretender que partan soluciones a nuestros problemas locales de una capital que ni siquiera sabe que existimos, mientras nuestras propias herramientas de gestión se oxidan por el desuso.
Es un monstruo enorme que se alimenta de nuestra ignorancia y falta de capacidad para hacer que funcione los mecanismo locales y, en consecuencia, no aporta soluciones reales para el departamento. Terminamos cediendo nuestro poder.
El centralismo vive aprovechando cada recurso, mientras nosotros somos como niños en penitencia que no pueden hacer ruido para que la capital pueda dormir la siesta de su desinterés. Tenemos que despertarnos y despertarlos. ¡Se terminó el recreo!
El espejo del poder público: la omisión municipal
¿Qué decir del poder público municipal? Tampoco se despertó todavía o, en una de esas, su sueño es otro. Tal vez a los ocupantes de cargos públicos —porque llamarlos de políticos sería darles un reconocimiento que no merecen— tienen otro sueño donde lo correcto es instrumentalizar el arte y apoyar únicamente artistas “oficiales”.
Existe una barrera, una estructura sólida y bruta como un muro de piedra que, históricamente le impide a los jerarcas municipales entender el Arte y a las y los trabajadores del Arte.
Es una tragedia que los que sostienen las riendas de lo público departamental carezcan de la visión para ver el horizonte. No hay técnicos, solo sombras que repiten gestos vacíos.
Estamos solos, compañeras y compañeros, de nadie podemos esperar nada y debemos nosotros mismos inyectarle vida a nuestra categoría de trabajadores del Arte. Es nuestro derecho y debemos buscar los caminos para conseguir que el poder público haga su trabajo de garantizarlos.
El inventario del mundo: saber a qué santo o santa rezarle
Hay que conocer los caminos para que podamos ser eficientes. La gestión es un ejercicio de precisión sobre el mapa del poder:
El brazo de la nación: el tesoro distante
Son las naves que vienen de lejos, cargadas con el presupuesto central. Su lenguaje es el de la ley nacional y su mirada, aunque intenta ser descentralizada, siempre empieza y termina en el puerto de la capital.
- El MEC y sus tentáculos: la Dirección Nacional de Cultura y los institutos especializados (INAE para artes escénicas, INMUS para música, INAV para visuales). Ellos dictan la norma macro.
- Fondos Concursables y FEFCA: el dinero que llega por “mérito y competencia”, una especie de lotería técnica que requiere conocer las reglas del Estado garante. En la mayoría de los casos el premio sale en la capital.
- El Sodre: El gigante de la formación y la difusión oficial, la referencia del estándar nacional.
El pulso de la casa: la autoridad del territorio
Aquí el aire es el mismo que respiramos. Es la estructura que tiene la obligación legal directa sobre el suelo que pisas.
- Intendencia de Salto y Coordinación de Cultura: el poder ejecutivo local, el dueño de las llaves de los teatros y los presupuestos de cercanía. Es quien debe garantizar el derecho al arte del ciudadano salteño.
- Junta Departamental: el cuerpo legislativo que crea las normas locales; es donde tendrían que estar pensando en un decreto departamental de cultura para que el apoyo deje de ser un favor y se vuelva un derecho.
- Comisión de Cultura: es una comisión integrada por ediles pero que no se sabe si existe o es una fantasía. Nunca nadie la vio.
Lo ultra-local y lo gremial
Es el primer escalón, el que está en el territorio y, por eso, el más fértil para la incidencia real. Es donde el diálogo no puede ser ignorado porque todos somos vecinos.
- Los Municipios (Alcaldías): son la unidad básica de la descentralización. Gestionan recursos directos para su territorio particular (como Belén, Constitución o San Antonio) y son el primer mostrador de la democracia.
- ASDEMYA (Asociación Salteña de Músicos y Afines): el gremio, la fuerza colectiva de los trabajadores. Representa la necesidad de protección social y profesionalización en el territorio. Es el ejemplo vivo de que la unión es la única salida para dejar de ser «artistas pobres» y empezar a ser trabajadores con derechos.
- Centros MEC y Nodos de Gestión: los puntos de contacto donde la técnica nacional intenta tocar la tierra municipal. El gran problema aquí es la desidia y desconexión local de los funcionarios públicos.
¿La unión hace la fuerza?
Sigamos la lógica, si somos débiles como categoría como para hacer valer nuestros derechos, se debe a que estamos desunidos, rotos, dispersos, como ceniza al viento, y esa es nuestra debilidad. El arte es un derecho de la comunidad y su gestión es garantizar nuestro acceso a la belleza y al pan.
La política es la única salida digna, el puente que construimos entre nuestra soledad y el mundo que nos rodea. Únicamente generando un proyecto político, que nos ampare a todos, podremos salir adelante. Es en la unión donde el productor cultural encuentra su verdadera estatura, transformando su necesidad en una voluntad social invencible.
El objetivo es conquistar la representatividad que necesitamos para dialogar en igualdad de condiciones con las instituciones. Nos sucede lo inverso de lo que le sucedió al famoso Quijote de la Mancha, luchamos contra molinos de viento que en realidad son gigantes disfrazados cuya estrategia es quedarse inmóviles y fingir que no es con ellos la cosa.
Es hora de dejar de ser espectadores de la omisión pública y convertirnos en los autores de nuestro propio destino. ¡Viva el Arte! ¡Salario digno para las y los artistas!




