La Biblioteca Nacional permanece cerrada por el deterioro de su edificio y la falta de presupuesto para una recuperación estimada en US$ 20 millones.

La Biblioteca Nacional se fundó el 26 de mayo de 1816; es decir, prácticamente nació con la Patria Oriental. Actualmente, en 2026, corre peligro de extinción debido a que permanece cerrada por el deterioro de su edificio. No hay dinero ni presupuesto gubernamental para recuperarla, de acuerdo con lo mencionado por el ministro Oddone, quien alegó que en la Rendición de Cuentas no está prevista una inversión en ese edificio, cuya recuperación insumiría unos 20 millones de dólares.
Si los fundadores de la Biblioteca Nacional en 1816 —entre ellos, el presbítero Dámaso Antonio Larrañaga, quien ya en 1815 envió una carta al Cabildo en la que planteaba la necesidad de crear una biblioteca pública a la que pudieran concurrir los jóvenes y todos aquellos que quisieran acceder al saber— vieran cómo esta administración gubernamental está manejando el tema, les daría un infarto.
Precisamente, el presbítero Larrañaga afirmaba en aquellos años una realidad contundente: la importancia de crear un espacio «para aquellos jóvenes que quisieran acceder al saber». Esa es la expresión clave: acceder al saber, a un conocimiento intelectual. En los libros de la Biblioteca Nacional está todo el conocimiento al que un ciudadano puede acceder. Sin embargo, el Gobierno actual, como en tantas otras cosas, dejó de lado la iniciativa de recuperar su edificio.
En estos momentos, el edificio continúa cerrado, con miles de libros en su interior, mientras los roedores hacen su propia fiesta alimentándose de sus hojas. Los uruguayos miramos azorados cómo el Gobierno nacional muestra su lado más mezquino: no quiere invertir dinero en rescatar este tesoro nacional. Si ese es el criterio sobre lo que representa la cultura, perjudican a los ciudadanos que los votaron y a quienes no lo hicieron; es decir, a toda la ciudadanía uruguaya y a nuestra juventud, que busca material de lectura en ese recinto.
El presbítero Larrañaga fue un gran visionario y precursor en este tema. Lamentablemente, en estos nuevos tiempos, se hace más fácil gobernar a un pueblo ignorante que a uno formado intelectualmente. Seguramente, dentro de algunos años, esta administración pasará al olvido de los uruguayos, porque no querrán recordar este hecho, así como tampoco la inseguridad reinante, el crecimiento de la falta de trabajo, las empresas que cierran, las personas en situación de calle, los sueldos sumergidos y la batería de impuestos que afectan directamente el bolsillo del trabajador. A todo esto se suma esta perlita: transformar el edificio de la Biblioteca Nacional en una tapera.





