El grupo «Salvemos y recuperemos la costa de Salto» inició una movida diferente. Busca impactar en la conciencia colectiva mediante las redes sociales. Gustavo San Andrea, referente del colectivo, explicó la nueva estrategia. Invitó a los salteños a colocar una imagen con el apelativo que da nombre al grupo en sus portadas de Facebook. Logrando así que el reclamo por la erosión sacuda la modorra institucional y política. El mensaje resulta claro y directo para las autoridades de la CTM. Pretende generar eco en una sociedad testigo del derrumbe de su paisaje. La preocupación crece al ritmo de las correntadas del río Uruguay.
Una lucha que ya cumplió una década
Este reclamo no nació ayer ni fue fruto del azar. Desde el año 2013, el grupo señala a la presencia de la represa de Salto Grande como uno de los principales responsables. Entiende que la operativa hidroeléctrica aceleró el desgaste de la piedra y la tierra. El manejo de los caudales provoca una erosión intensa y constante. San Andrea remarcó que el daño resulta irreversible en varios puntos de la faja costera. La presencia de la represa alteró para siempre el comportamiento natural del río. Los vecinos sienten que el precio del progreso energético lo termina pagando el suelo salteño.

La desembocadura del San Antonio: un punto crítico
La zona del arroyo San Antonio presenta el escenario más desolador. Allí la erosión está a punto de devorar toda la plataforma revitalizada. Aquella inversión de hace pocos años pareció quedar en la nada. El agua golpea y socava los cimientos de la infraestructura. San Andrea observó cómo los estragos se hacen notar desde hace mucho tiempo, tanto desde tierra como desde el agua. No solo la tierra se va, sino también un paseo clásico. Los bancos están cerca de quedarse sin soporte, desafiando las leyes de la gravedad. Los vecinos temen que la próxima inundación se lleve otra importante parte de esa zona.

El deterioro visible en Las Cavas y el Ayuí
El panorama no mejora al caminar hacia el sur. En la zona de Las Cavas, el daño resulta evidente para cualquier transeúnte. Las escaleras que antes bajaban a la playa desaparecieron por el efecto del arrastre del agua. San Andrea relató que el avance del río no da tregua en ese sector. Mencionó que las estructuras de hormigón cedieron ante la fuerza de la corriente. La conexión entre la ciudad y su río se está rompiendo físicamente y el trayecto hacia Salto Chico muestra grietas que antes no existían.

Parque José Luis: un kiosco al borde del abismo
El icónico Parque José Luis sufrió transformaciones alarmantes. San Andrea trajo a la memoria una imagen que hoy parece lejana. Recordó que el kiosco del lugar solía estar ubicado en el centro del predio. Hoy, esa misma construcción quedó casi en la orilla del barranco. La tierra que lo rodeaba se escurrió hacia el cauce del Uruguay. Los árboles, que daban sombra a las familias, fueron arrastrados corriente abajo. Las raíces quedaron expuestas como nervios de un gigante herido. El parque pierde metros de extensión cada año ante la mirada atónita de los salteños.

La infraestructura urbana bajo amenaza directa
El peligro ya no solo afecta a la naturaleza, sino a la seguridad pública. San Andrea alertó sobre la situación del alumbrado en la costanera. Algunas columnas se están quedando sin base firme ni sostén adecuado. El agua lavó la tierra que mantenía los postes en su lugar. Esta zona resulta vital, ya que es donde caminan miles de ciudadanos diariamente
Promesas de obras en la «sala de espera»
El grupo mantuvo reuniones con las nuevas autoridades de la Delegación Uruguaya de la Delegación Técnica Mixta de Salto Grande quienes les informaron sobre la existencia de un proyecto en carpeta. Se trata de la etapa 2 del plan que se ejecutó durante la gestión anterior. Aquella primera parte intervino el tramo entre Las Cavas y el Ayuí. Sin embargo, los plazos para la nueva fase resultan inciertos. Desde la CTM no especificaron fechas ni brindaron detalles técnicos en la instancia de reunión. San Andrea manifestó que la comunicación no continuó.

El espejo de la otra orilla: la comparación inevitable
Resulta inevitable mirar hacia Concordia para ver una realidad distinta. En la vecina orilla, Salto Grande invirtió millones de dólares en obras de defensa. Argentina ejecutó proyectos robustos para conservar su costa y evitar desmoronamientos. Concordia recibió fondos millonarios para mitigar el impacto de las crecientes. El organismo binacional parece tener una sensibilidad diferente hacia los reclamos entrerrianos. Mientras en Salto se espera por un llamado, allá las máquinas trabajan sin descanso. Esa disparidad de criterios genera un profundo sentimiento de injusticia en la población. Los salteños se preguntan por qué el cuidado del patrimonio no resulta equitativo.
Un llamado a la acción antes del colapso
La campaña en redes sociales busca romper ese silencio institucional. San Andrea confía en que la presión social logre mover los expedientes dormidos. El grupo no pide lujos, sino simplemente defender la costa de la ciudad. Cada foto de portada en Facebook representa un voto de desconfianza hacia la demora oficial. La costa de Salto no puede esperar más a que los presupuestos se acomoden. El río no sabe de burocracia y continúa su trabajo de desgaste silencioso. Recuperar la costa es, para este grupo, un acto de justicia histórica. La sociedad salteña queda a la espera de una respuesta que esté a la altura del daño.






