AGENDA LEGAL: REFLEXIONES SOBRE EL DERECHO
En el entramado discursivo y disruptivo que caracteriza a nuestro ordenamiento jurídico, la Ley 18.246, conocida como “Ley de Unión Concubinaria” se erige como un insumo indispensable para la tutela de derechos en el vínculo intersubjetivo que, sin ceremonia ni protocolización formal, pretende encontrar protección judicial. No obstante, esta norma, en principio noble, ha devenido en arena propicia para maniobras legales.
Recientemente, nos vimos enfrentados a una consulta que ilustra a la perfección esta tensión entre la letra y el espíritu de la ley. Una señora, a quien llamaremos ficticiamente “Elsa” para preservar su intimidad, compartiría durante cuatro décadas una vida matrimonial con su esposo —un hombre que, en un acto de aparente previsión y afecto, evitó divorciarse para asegurarle una pensión de viudez al fallecer. Pero he aquí el quiebre: al fallecer el esposo, Elsa recibió un cedulón judicial donde figura como demandante una tercera persona a quien llamaremos “la amante”, vinculada ocasionalmente al difunto, reclamando derechos amparados por la ley de unión concubinaria.
La demagogia nos arraso porque encuentra en la amante convertida en demandante la mejor coartada para sacarle jugo al victimismo y al oportunismo. No importa cuánto se disfrace de «defensora de derechos»; la amante estrenando rol judicial exhibe sin pudor la astucia del oportunista.
Mientras tanto, la esposa –esa que compartió vida, dolores, alegrías y silencios con su marido durante cuarenta años, aunque con sus piedras y cicatrices– se ve atrapada no solo en el duelo de la pérdida, sino en una batalla legal con olor a puñalada detrás de la espalda.
La ley no es como los aposentos del Rey Salomón, donde dos amantes peleaban por un niño y el juez sacaba una espada. La ley es más bien el vestigio de un templo romano, sólido y austero, hecho para sostener imperios, no para alimentar caprichos y traiciones. Nuestro compromiso como abogados es ser esos arquitectos rudos que no dejan caer el templo del derecho, manteniendo a raya a las amantes oportunistas que pretenden convertirlo en circo, y protegiendo a las esposas que, como mártires de la historia, soportan silenciosas las tempestades de la codicia legal.
Hasta la próxima semana.