El Hip Hop en Salto es un ecosistema de resistencia y construcción colectiva que late con fuerza propia lejos del radar de jerarcas y prohombres, pues el Hip Hop sucede por fuera de esos círculos de poder y no necesita su validación ni su anuencia para existir.
Ese pulso tiene nombre y visión clara. Lucas Fernández, conocido en la escena como Kalu, representa una generación que ha dejado de esperar permisos para ocupar el espacio público. A sus 20 años su figura se expande como un articulador multifacético que entiende el arte como un servicio al territorio.
Desde el graffiti hasta la organización de eventos que fusionan el rap con el compromiso social, su labor pone de manifiesto la vitalidad del movimiento en el litoral. En un contexto donde la institucionalidad suele mirar hacia otro lado, figuras como Kalu asumen la responsabilidad de profesionalizar el sector desde las plazas y las redes.
En esta charla, recorremos su presente con proyectos como la Black Top Bars y la North Rap, explorando qué significa sostener la identidad «under» cuando el hambre de crear choca con la falta de recursos, pero se alimenta de una red de artistas under que empieza a despertar una ciudad dormida.
¿Cómo te querés presentar?
Soy Kalu, me llamo Lucas Fernández, tengo 20 años y desde hace 7 formo parte de la cultura hiphop. Hoy me defino como uno de los tantos gestores culturales autogestionados que tiene el rap Salteño. Soy Rapero, artista graffitero, host y organizador de eventos.
¿Qué significa ser un músico «under» en Salto hoy?
Ser un músico independiente o «under» en nuestra ciudad implica ser un artista que persigue una meta clara sin negociar sus principios ni sus valores. Para mí, es aquel que se niega a ir en contra de su identidad solo para encajar en las exigencias del mainstream. Se trata de sostener la esencia frente a la presión de lo netamente comercial; es, en definitiva, alguien que mantiene la coherencia y, como decimos nosotros, no vende humo.
¿Es una elección estética o una consecuencia del mercado local?
Creo que es una combinación de ambas. Desde lo estético, sin importar el género, el under siempre conserva una esencia pura que contrasta con lo masivo porque se aparta del fin puramente lucrativo.
Es algo que primero se siente —se «es»— y luego se decide mantener como postura de vida. Esa elección se manifiesta en las plazas, ya sea a través del rap, el rock o la murga.
¿Cómo describirías la salud de la escena under salteña?
La escena actual desborda fuerza y tiene muchísimo hambre de crecimiento. La describiría como un motor potente que está encendido y listo para andar, pero al que le falta combustible y en un entorno donde está muy cara la nafta.
¿Hay una red real de apoyo entre colegas o cada uno pelea su espacio por cuenta propia?
Se dan las dos situaciones y muchas veces la falta de unión es hija de una especie de ceguera. Está quien la pelea solo por comodidad o por simple ignorancia, pero también está el que decide abrir los ojos, mirar hacia el costado y reconocer a los colegas.
Cuando hacés eso, te encontrás con un montón de gente, tanto dentro como fuera de tu género, que está dispuesta a impulsarte, darte una mano, proyectar en conjunto y escucharte. A mí me pasa constantemente: encuentro ese respaldo tanto en la escena del rap como en la del rock.
Sobre las y los compositores locales: ¿Sentís que hay un sonido o una identidad que identifique a la creación actual en el departamento?
No, algo que me encanta es que tenemos estilos de sonido muy diversos, pero compartimos esos principios y valores que hacen identificarnos con un mismo nicho
Hablemos de los lugares: ¿Existen espacios físicos propios para tocar o transformar espacios es parte de lo under?
Más que espacios propios serían apropiados diría yo, es parte del under. Nos manifestamos artísticamente en los espacios cotidianos, espacios en los que convivimos y a los que concurrimos normalmente.
¿Qué tan difícil es para un músico independiente en Salto vivir de su arte?
Actualmente muy difícil, dar el primer paso que sería reponer en gastos ya es un logro grandísimo y por el momento no lo hemos conseguido pero aspiramos a la profesionalización
¿El «sueldo de músico» es un mito o una posibilidad real para ti?
Es una posibilidad bastante cercana, ahora lo que pueda rendir ese «sueldo de músico» es otra cosa muy complicada.
AGADU, MEC, ASDEMYA: ¿Sentís que estas instituciones están al servicio del músico under o son estructuras burocráticas que solo benefician a los artistas ya consagrados
No. No sé si por ignorancia o prejuicio hacia el genero. Pero son instituciones con falta de diversificación, totalmente ausentes en el rap del interior. Son instituciones que ignoran y no reconocen la existencia e importancia que tiene nuestra cultura y nuestro movimiento.
¿En qué proyectos estás participando actualmente?
En este momento mi actividad se divide en varios frentes que buscan fortalecer la cultura desde distintos ángulos. Por un lado, participo activamente como host y organizador de la Black Top Bars, una competencia de rap que es fruto del trabajo y la visión de mis compañeras Minerva, Leo y Agus. En paralelo, estamos impulsando la North Rap, un proyecto que funciona como un puente estratégico entre la escena de Salto y la de Paysandú. El objetivo primordial es fomentar el intercambio y la conexión regional; de hecho, este jueves estrenamos esta propuesta en la Plaza Bella Vista de Paysandú junto a V10z, quien es hoy una de las grandes promesas del under uruguayo.
En lo que respecta a mi faceta estrictamente artística, me encuentro trabajando intensamente en tres EPs personales que tengo proyectado lanzar a lo largo de este año. Además, sigo desarrollando .GRAFF, una plataforma que, aunque por el momento se concentra en las redes sociales, cumple la función vital de difundir contenido y material cultural de toda la escena hiphop.
De esa matriz comunicacional nace VDH, un evento que aspira a la pureza del movimiento al reunir sus cuatro elementos fundacionales: el break, el DJ, el graffiti y el rap. Actualmente estamos planificando la segunda fecha de VDH en conjunto con la Black Top Bars, integrando también el deporte y el compromiso social. Esto incluye gestiones de carácter comunitario que van desde el apoyo a ollas populares hasta el proyecto para la construcción de un skatepark en el departamento, entendiendo que el hiphop es, ante todo, una herramienta de transformación para nuestro entorno.
Hacia la profesionalización del nicho
La entrevista con Kalu deja una certeza incómoda pero movilizadora: el talento en el interior sobra, lo que escasea es el puente institucional. Su crítica frontal hacia organismos como AGADU, el MEC o ASDEMYA nace de una observación directa de la realidad territorial.
El Rap del interior habita un punto ciego para la burocracia cultural, existiendo en una «apropiación» constante de espacios cotidianos con una sensibilidad que el mercado formal aún no logra capturar ni comprender. Sin embargo, en ese vacío es donde la identidad se fortalece, lejos de las fórmulas vacías del mainstream.
El camino hacia el «sueldo del músico» y la sostenibilidad de proyectos sociales —como la construcción del skatepark o el apoyo a ollas populares— marca la hoja de ruta de un artista que entiende que no se llega solo.
Para Kalu, la meta es la consolidación de una estructura que reconozca al Hip Hop como un motor de transformación real en Salto. Entre lanzamientos de EPs y la planificación de nuevas fechas para VDH, la escena under salteña demuestra que, aunque la «nafta» esté cara, los gurises garpan este motor encendido con una dirección muy clara: la profesionalización de un arte que se niega a vender su esencia.




