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domingo, febrero 15, 2026

Junta de Salto: casa del pueblo y democracia local

Columnas De Opinión

Junta Departamental de Salto: rol de los ediles, contralor y cercanía con los vecinos. Una institución plural, abierta y al servicio de la ciudadanía, que fortalece la democracia local a través del diálogo, la gestión y el compromiso diario.

Dr. Enzo Molina Franchini

Presidente
Junta Departamental de Salto(CORE)

La Junta Departamental de Salto es, ante todo, la casa del pueblo. No es solo un edificio ni un ámbito formal de sesiones: es el punto de encuentro entre la ciudadanía y la institucionalidad democrática del departamento. Allí llegan las preocupaciones de los vecinos, se plantean problemas reales y se trabaja para encontrar respuestas concretas a situaciones que afectan la vida cotidiana de los salteños.

Quienes integramos la Junta, desde todas las bancas, compartimos una responsabilidad que va mucho más allá de ocupar un lugar en el plenario. Representar implica estar cerca, escuchar con atención y gestionar con compromiso. Los ediles no solo legislamos y ejercemos el contralor del Ejecutivo departamental; también intervenimos a diario en gestiones concretas de vecinos ante la Intendencia y ante distintos organismos del Estado. Muchas veces se trata de trámites demorados, reclamos por servicios, planteos vinculados a infraestructura barrial o situaciones personales que requieren acompañamiento y orientación. Ese trabajo, que rara vez tiene visibilidad pública y que no suele reflejarse en titulares, es una parte fundamental del rol del edil y tiene un único objetivo común: el bienestar de los salteños.

El edil es, en muchos casos, el primer contacto de la ciudadanía con el sistema institucional. Es quien recibe el planteo directo, quien escucha sin intermediarios, quien orienta sobre los caminos posibles, quien abre puertas y ayuda a canalizar soluciones. Esa función de cercanía no es secundaria ni complementaria: es una de las bases de la democracia departamental. Una Junta fuerte no se mide únicamente por la cantidad de decretos o resoluciones que aprueba, sino por su capacidad de estar presente en la realidad concreta de la gente, de recorrer los barrios, de conocer de primera mano las necesidades y de actuar con sensibilidad y eficacia.

La diversidad política no es un obstáculo; es una riqueza que debemos cuidar. Las diferencias existen y son naturales en democracia. Cada partido, cada sector y cada edil tiene su visión sobre los problemas y las prioridades del departamento. Pero la Junta funciona cuando esas diferencias se transforman en diálogo, respeto y trabajo serio. Funciona cuando el debate es firme pero constructivo, cuando se priorizan los argumentos por encima de las descalificaciones y cuando se entiende que el adversario político no es un enemigo, sino un representante legítimo de otra parte de la ciudadanía. Cada bancada aporta su mirada, su experiencia y sus propuestas, y de ese intercambio plural surgen decisiones más sólidas y más justas. El objetivo final siempre debe ser el mismo: Salto y su gente, por encima de cualquier interés sectorial o coyuntural.

También es importante recordar que la Junta cumple un rol de contralor que fortalece la transparencia y la calidad institucional. Controlar no significa obstaculizar; significa garantizar que los recursos públicos se administren con responsabilidad, que las decisiones se ajusten a la normativa vigente y que las políticas públicas respondan efectivamente a las necesidades del departamento. Ese equilibrio entre legislar, controlar y gestionar es lo que da sentido al trabajo cotidiano del edil.

Como presidente, me corresponde cuidar este ámbito y garantizar que todos los ediles puedan ejercer su función con libertad, respeto y responsabilidad. Me corresponde promover un clima de convivencia democrática que permita el debate profundo sin perder la cordialidad, y asegurar que la institución funcione con orden, transparencia y apertura. La Junta no pertenece a un partido ni a un gobierno de turno: pertenece a la ciudadanía. Es una institución permanente que trasciende coyunturas y nombres propios. Por eso es importante que los vecinos la sientan cercana, accesible y útil, que la perciban como un espacio donde su voz tiene eco.La invitación es clara y permanente: que la gente busque a sus ediles, que se acerque, que plantee sus inquietudes, que participe. La Junta está para eso. Las puertas deben estar abiertas no solo en sentido físico, sino también en actitud y disposición. Escuchar es el primer paso para transformar, y participar es la mejor manera de fortalecer la vida democrática.

Fortalecer este vínculo entre representantes y vecinos es fortalecer la democracia local. Una democracia que no se limita al acto electoral, sino que se construye todos los días, en el diálogo, en la gestión y en el compromiso compartido. Ese es el desafío y también el compromiso permanente: consolidar una Junta abierta, plural y activa, al servicio de Salto, que honre su condición de verdadera casa del pueblo y que esté a la altura de la confianza que la ciudadanía deposita en ella.

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