Julio invita a reconocer los aportes afrodescendientes, combatir el racismo y construir igualdad mediante educación, derechos y reparación histórica.

Edil Paulina Yaque
Edila – Frente Amplio
Julio nos invita a mirar la historia de la comunidad afrodescendiente, pero también a preguntarnos qué futuro estamos construyendo para las nuevas generaciones.
El Mes de la Afrodescendencia es una oportunidad para reconocer los enormes aportes de la comunidad afrouruguaya a la construcción de nuestro país, también para reflexionar sobre las desigualdades que aún persisten. La población afrodescendiente representa más del 10 % de la población uruguaya y, sin embargo, continúa enfrentando mayores niveles de pobreza, dificultades para acceder al empleo de calidad, menores oportunidades educativas y situaciones de discriminación cotidiana que limitan el ejercicio pleno de sus derechos.
Estas desigualdades no son casuales. Son la consecuencia de siglos de esclavitud, exclusión y racismo estructural. Por eso, es necesario hablar de reparación.
Pero también es necesario mirar la realidad desde una perspectiva interseccional, entendiendo que las desigualdades no actúan de forma aislada. El color de la piel, el género, el lugar donde se nace o las condiciones económicas muchas veces se entrecruzan y profundizan las exclusiones. Si no somos capaces de mirar esas realidades en conjunto, difícilmente podamos construir políticas públicas que lleguen verdaderamente a todas y todos.
Para transformar esta realidad, la educación debe ocupar un lugar central en cualquier estrategia para combatir el racismo y reparar las desigualdades históricas. Debemos comenzar desde la primera infancia; educar para que no exista el racismo. Es imprescindible que en nuestras escuelas se enseñe la historia de la población afrodescendiente, que se reconozca el valor de la cultura afrouruguaya y del candombe, y que se incorporen los aportes de tantas mujeres y hombres afro a nuestro país. Esto no es solo reconocer una parte de nuestra identidad nacional: es formar generaciones que crezcan libres de prejuicios y orgullosas de la diversidad que nos constituye.
Debemos garantizar que las niñas, niños y adolescentes afrodescendientes puedan desarrollar toda su trayectoria educativa con el acompañamiento necesario. Y eso implica comprender que nadie estudia en igualdad de condiciones cuando faltan derechos básicos. La reparación histórica también exige políticas que fortalezcan a las familias, asegurando acceso a la vivienda, al trabajo, a la salud y al bienestar.
El mayor acto de reparación que podemos construir es que cada niña y cada niño afrodescendiente crezca sintiéndose orgulloso de su identidad, con las mismas oportunidades para aprender, desarrollarse y soñar que cualquier otro niño o niña del Uruguay.
Que julio sea un compromiso para construir un país donde la igualdad deje de ser una aspiración y se convierta, definitivamente, en una realidad.










