Jueces-Proyecto-acción. La obligatoriedad como cimiento

La capacitación obligatoria busca elevar el nivel del arbitraje salteño, unificar criterios y fortalecer la autoridad dentro de la cancha.

No se impone respeto a los gritos y a tarjetazos

Es un paso fundamental, de esos que marcan un antes y un después. Cuando se habla de refundar, potenciar o, simplemente, elevar la vara de nuestro referato, no se puede construir sobre la arena de la voluntad intermitente. Se debe construir sobre el cemento de la responsabilidad.

Establecer que la asistencia a las etapas de mejoramiento sea obligatoria no es un mero capricho reglamentario; es una declaración de principios.

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El arbitraje moderno no es un pasatiempo de fin de semana. Exige preparación teórica, física y psicológica. Si el fútbol evoluciona en velocidad, táctica y mañas, el árbitro no puede quedar anclado en el voluntarismo.

Las instituciones de la Liga realizan esfuerzos económicos y humanos para competir. Lo mínimo que se puede pretender es un cuerpo arbitral profesionalizado en sus formas, que asuma la capacitación con el mismo rigor con el que un jugador entrena en la semana. Desde la prédica de Federico Margall, Ruben Ricardo Boschertti y Emanuel Priario, para que los receptores tengan en claro lo que es básico.

EN TODA LA LÍNEA

El fin es ambicioso y dinamitador de viejas estructuras: mejorar el arbitraje salteño en toda la línea. Esto significa que el cambio no puede ser cosmético. Debe abarcar:

Unificación de criterios. Que un penal en la Divisional «A» sea penal en la «B» y en la «C». La obligatoriedad de los cursos garantiza que todos escuchen la misma partitura, evitando esa peligrosa lotería de interpretaciones que tanto enerva a los hinchas y a los planteles.

Respaldo institucional y autoridad. Un árbitro que se capacita de forma constante adquiere una mayor seguridad técnica. Esa seguridad es la que sostiene la autoridad en la cancha. No se impone respeto a los gritos ni a los tarjetazos; se impone desde el conocimiento normativo y el posicionamiento físico.

El recambio y el espejo para los jóvenes. Este proyecto debe ser el faro para las nuevas generaciones. El arbitraje salteño necesita savia nueva, y los jóvenes que se asoman al silbato deben mamar desde el primer día esta cultura de la asistencia, el estudio y la disciplina.

Exigir la asistencia obligatoria es, en definitiva, nivelar hacia arriba. Quien pretenda la distinción de impartir justicia en nuestras canchas, debe asumir primero el compromiso de la preparación. El fin —el mejoramiento integral— es el único camino para que el fútbol salteño, en su totalidad, sea más jerarquizado, justo y creíble. El único.

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