INAU bajo alerta: agresión a cuidacoches activa una investigación sobre controles y violencia juvenil en Salto

Agresión a cuidacoches en Salto involucra a menores del INAU y activa investigación por fallas en controles y supervisión institucional.


Aldana Antúnez tras agresión a cuidacoches

La tranquilidad de la tarde del domingo en el centro de nuestra ciudad se vio quebrada por un episodio de violencia extrema que hoy tiene a un hombre recuperándose en el Hospital tras recibir lesiones de entidad. El hecho, ocurrido en la intersección de las calles Washington Beltrán, entre Cervantes y Vilardebó, no solo dejó a una persona herida de gravedad, sino que puso bajo la lupa el funcionamiento de los centros de amparo del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU). Dos de los tres jóvenes detenidos por la Policía pertenecen al centro Arazatí, una unidad de protección especial en el departamento.

La directora departamental de INAU, la maestra Aldana Antúnez, confirmó en diálogo con Diario El Pueblo que la institución ha tomado cartas en el asunto de manera inmediata. Más allá de la intervención judicial que ya determinó medidas para los implicados, el organismo inició una investigación administrativa para detectar posibles fallos en los protocolos de vigilancia. La pregunta que resuena en la comunidad es cómo adolescentes bajo tutela estatal pudieron protagonizar un hecho de tal magnitud en un horario donde deberían estar bajo supervisión directa.

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Una respuesta desproporcionada y la ausencia de armas

A pesar de las versiones iniciales que circularon en diversos medios locales, que indicaban el uso de un arma blanca, la información oficial y las declaraciones de Antúnez aclaran el panorama. La jerarca fue tajante al declarar que los adolescentes no utilizaron cuchillos ni elementos punzantes durante la gresca. Sin embargo, esto no resta gravedad al asunto: la agresión física fue de tal entidad que el cuidacoches fue trasladado al CTI del Hospital Regional Salto en estado inconsciente y con pronóstico reservado debido a los severos traumatismos recibidos.

La directora no buscó atenuantes para el comportamiento de los jóvenes. Aunque se mencionó un altercado previo o una posible provocación, la jerarca subrayó que bajo ningún concepto se puede validar una reacción de esa naturaleza. “Es una agresión de los adolescentes y no vamos a desconocer esa agresión. Tenemos que ser conscientes que hubo una agresión grave”, señaló con firmeza. La institución se solidarizó con la víctima, un ciudadano en situación de vulnerabilidad, y mantiene un seguimiento diario de su evolución médica a través del equipo de trabajo social del nosocomio.

El domingo: El día más crítico para la vigilancia

Uno de los puntos más sensibles de la entrevista radicó en la gestión del tiempo libre de los adolescentes. El domingo es, por definición, un día complejo para los centros de protección. Al no haber clases ni talleres formativos, los jóvenes disponen de horas ociosas que, en ocasiones, derivan en fugas o salidas no autorizadas. En este caso puntual, los adolescentes no contaban con el permiso de INAU para estar en la vía pública al momento del incidente, ocurrido sobre las 18:30 horas.

Antúnez explicó que el centro Arazatí ha enfrentado días difíciles en cuanto al cumplimiento de las normas de convivencia. Solo la semana pasada, se contabilizaron cinco salidas no autorizadas. “Hoy esa cifra bajó a cuatro, pero el trabajo es constante”, admitió. La investigación interna busca determinar si hubo omisiones por parte del personal de turno o si los sistemas de seguridad física de los centros resultan insuficientes para contener a jóvenes que, en muchos casos, desafían sistemáticamente la autoridad institucional.

El trasfondo de la vulnerabilidad: 215 historias rotas

Para entender por qué un adolescente reacciona con violencia extrema, es necesario mirar hacia atrás. Salto registra actualmente una cifra que la propia directora califica como «muy elevada»: 215 niños y adolescentes bajo amparo judicial. Estos menores no llegan al INAU por elección, sino porque la Justicia ha determinado que sus derechos fundamentales —vivienda, salud, educación o integridad física— han sido vulnerados de forma crítica en sus entornos familiares.

La mayoría de estos jóvenes cargan con mochilas pesadas de violencia intrafamiliar y abandono. “Son niños o adolescentes que vivieron la violencia desde chiquitos”, reflexionó Antúnez. Esta exposición temprana al conflicto hace que el uso de la fuerza sea, para muchos de ellos, una herramienta naturalizada de comunicación. El desafío del INAU es desaprender esas conductas, una tarea que se vuelve titánica cuando el sistema de salud mental no da abasto para atender los cuadros de autoagresión y trastornos de conducta que presentan muchos de ellos.

Hacia una reforma de los controles territoriales

El incidente del domingo convoca a las mesas de trabajo interinstitucionales. La zona extremo este es un punto caliente donde la presencia del Estado debe ser más efectiva. La directora departamental insistió en que el INAU no puede trabajar como una isla; se requiere de la Policía, el Mides, el Ministerio de Salud Pública y la Intendencia para generar una red de contención real. El compromiso asumido es mejorar los controles internos y la formación de los educadores de trato directo.

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