Salto reclama restablecer el descuento del IMESI al 40% para aliviar la caída del comercio, la pérdida de competitividad y la fuga de consumo hacia Argentina.

Alexander Fagundez
Edil CORE
Lista 404
La comparecencia del Centro Comercial e Industrial de Salto ante la Comisión de Turismo y Trabajo de la Junta Departamental, de la que tengo el honor de presidir, dejó algo muy claro: la situación económica y social del departamento es mucho más grave de lo que algunos quieren admitir.
Los datos expuestos por el Magister y Economista Pablo Cortondo, asesor del CCIS, no fueron opiniones políticas ni consignas partidarias. Fueron cifras. Frías. Contundentes. Cinco trimestres consecutivos de caída real en las ventas, entre un 5% y un 11% mensual, con un acumulado que alcanza el 40%, si distinción de rubros. Comercios trabajando menos. Familias más endeudadas. Empresas frenando inversiones. Y un crecimiento alarmante de la informalidad.
Detrás de cada porcentaje hay personas. Hay comerciantes que abren todos los días sin saber si llegarán a fin de mes. Hay trabajadores que sostienen empleos precarios por miedo a perderlo todo. Hay familias que ya no logran cubrir sus cuentas básicas y quedan atrapadas en la mora porque ni siquiera pueden acceder al crédito formal.
Y mientras eso ocurre, el gobierno nacional parece mirar la frontera desde Montevideo, como si Salto fuera apenas un dato estadístico más.
La reducción progresiva del descuento del IMESI sobre los combustibles ha sido un golpe durísimo para el litoral norte. Primero bajó del 40% al 32%, luego al 24%, después al 17% y ahora ronda apenas el 15%. Todo esto acompañado por sucesivos aumentos del combustible.
El resultado es evidente: pérdida de competitividad, caída del consumo local y estímulo directo al cruce hacia Concordia.
En departamentos de frontera, el combustible no es solamente un producto más. Es un termómetro económico. Cuando cargar nafta vuelve a ser mucho más barato del otro lado, no solo se pierde venta en estaciones de servicio: se pierden compras en supermercados, farmacias, comercios, gastronomía y servicios. Se fuga dinero. Se enfría la economía local.
Y lo más preocupante es que las señales del gobierno de Yamandú Orsi van exactamente en sentido contrario al que necesita el interior. Se habla de equilibrio fiscal mientras las economías fronterizas soportan una competencia absolutamente desigual frente a Argentina y Brasil. Se recortan exoneraciones, pero no aparecen medidas reales de alivio para quienes producen, invierten y generan empleo genuino.
Salto necesita algo más que diagnósticos correctos. Necesita decisiones políticas.
Es urgente restablecer el descuento del IMESI al 40%, tal como existía originalmente para las zonas fronterizas. No como privilegio, sino como herramienta de equilibrio territorial. Porque competir en frontera con las mismas reglas que Montevideo simplemente no existe.
También es imprescindible fortalecer al comercio local, combatir la informalidad, mejorar la infraestructura turística y generar políticas públicas que entiendan la realidad específica del norte del país.
La sesión dejó otro mensaje importante: el turismo, la gastronomía, el comercio y los servicios siguen siendo motores estratégicos para Salto. Pero ningún motor funciona si el Estado le pone el pie arriba.
Hoy Salto necesita alivio, planificación y defensa firme de sus intereses.
Porque detrás de cada comercio que baja sus ventas hay una familia salteña haciendo esfuerzos enormes para resistir.










