Identidad sarpada: Aníbal «Pacha» Ferreira y la poesía del under salteño

El tema no es el individuo versus el colectivo, el verdadero tema es cómo el individuo transita entre su Yo íntimo y su Yo colectivo.

Aníbal Nahuel Ferreira Pintos, más conocido como Pacha, es un productor, músico y organizador de eventos culturales under, representa la nueva generación de artistas que quiere, contra toda la inercia de una ciudad gris, que la poesía siga viva en las calles. 

En esta charla, recorremos su visión sobre la música como oficio, la importancia de los espacios públicos y la construcción de una identidad artística con sello propio y que, al mismo, tiempo es fiel reflejo de un colectivo. 

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¿Qué significa ser un músico «under» en Salto hoy? ¿Es una elección estética o una consecuencia del mercado local?

Ser un artista under es, ante todo, ser un artista independiente. Es esa persona que se graba a sí misma con los equipos que tiene a disposición o que labura con un productor amigo, pero siempre por fuera de los sellos o de un manager que lo represente.

En cuanto a si es una elección o consecuencia del mercado, creo que pasa por la decisión del artista: qué quiere representar y qué mensaje quiere dar. Es cierto que la industria en Uruguay es limitada —incluso a nivel nacional hay gente que no puede vivir exclusivamente de la música— y el mercado local a veces te pone techos. Sin embargo, aunque el mercado te limite, no te impide decir lo que querés decir. Al final del día, ser under en Salto es la elección de seguir haciendo lo que uno ama con lo que tiene a mano.

¿Cómo describirías la salud de la escena under salteña? ¿Hay una red real de apoyo entre colegas o cada uno pelea su espacio por cuenta propia?

Prefiero hablar específicamente del rap, que es lo que conozco. Antes de la pandemia, la escena estaba muy firme; había un ambiente familiar donde cualquiera se sentía cómodo, incluso gente que no era del ambiente caía con el mate a mirar porque había más control y respeto. Pero la pandemia fue un «reinicio» total. Muchos referentes se fueron y hoy los que estamos al frente somos pocos, nos contamos con los dedos de una mano, pero estamos trabajando para recuperar ese brillo.

Si tengo que definir la salud de la escena actual en una palabra, diría que es aceptable. Estamos en ese proceso de forjarla de nuevo, de reconstruir la base. A diferencia de otros lugares donde la escena no supo volver tras el parate, en Salto la estamos sabiendo «remar». La gente que viene de afuera nota que estamos resurgiendo y eso me deja contento: vamos por buen camino, aunque falte.

En cuanto al apoyo, hoy sí existe una red real. Antes, con más gente, quizás había más egos y conflictos por ver quién ocupaba qué espacio, pero eso no termina en nada. Ahora somos menos, pero estamos unidos, compartimos los proyectos y nos ayudamos entre todos.

Lo que sí nos falta es el apoyo institucional. Nos movemos a pulmón porque la Intendencia no nos ha dado la respuesta que esperamos, a diferencia de lo que pasa en Paysandú, donde el gobierno local sí colabora con los eventos de rap. Si llega una ayuda externa, la recibiremos, pero si no, seguiremos nosotros. Ya estamos haciendo la base y no da para bajar los brazos; si hay que seguir solos, lo haremos como siempre: entre nosotros.

Sobre las y los compositores locales: ¿Sentís que hay un sonido o una identidad que identifique a la creación actual en el departamento?

Yo creo que sí. Conozco bandas de rock de compañeros y colegas raperos que están logrando una identidad muy zarpada, algo que demuestran en cada canción. En mi entorno, lo que veo es que hay una búsqueda artística real y propia.

Lo que pasa —y es lo que complica todo— es que, aunque tengas un sonido que te caracterice y estés haciendo algo innovador con la música local, las limitaciones de la industria acá en Salto y en Uruguay no te favorecen. Es una pena, porque el talento y la identidad están ahí, pero falta ese apoyo para que la creación salteña pueda crecer. Lo bueno es que, a pesar de todo, esa identidad existe y nos representa; hay mucha gente metiéndole y haciendo cosas propias que valen la pena.

¿Existen espacios físicos propios para tocar o transformar espacios es parte de lo under?

Nuestros espacios propios son las plazas públicas. Antes de la pandemia, entre 2017 y 2019, la Plaza Artigas era el ícono de la escena hip hop. Hoy, ese rol lo ocupa la Plaza de los Recuerdos. Es nuestro punto de encuentro para rapear, pero también buscamos lugares como el muelle o el puerto donde no molestemos a nadie; nos importa que la gente se sienta cómoda y no queremos invadir con el sonido fuerte.

Nos falta un lugar fijo bajo techo. En la plaza dependés del clima: si llueve, se cancela todo. Nuestra idea a futuro es contar con apoyo de la Intendencia para tener un espacio propio donde no solo hagamos batallas o shows, sino también talleres para enseñar el arte del rap. La Plaza de los Recuerdos nos está permitiendo resurgir, pero para dar el siguiente paso necesitamos una infraestructura que hoy no tenemos.

¿Qué tan difícil es para un músico independiente en Salto vivir de su arte?

Más que difícil, te diría que es casi imposible. Si a los artistas famosos de Montevideo ya se les complica, imaginate al under en Salto. No hablo de la música tropical, que tiene otro circuito; hablo del rap, el trap o el rock. Ser independiente significa que vos te pagás el productor, el video, la imagen y la difusión, invirtiendo plata que muchas veces sabés que no va a volver.

Hay un tema de mentalidad local. En Uruguay la gente suele escuchar lo que ya está en la cima o lo que viene de afuera y no le da la oportunidad al que tiene al lado.

A diferencia de Argentina, donde el público potencia al artista independiente, acá te escuchan recién cuando ya lo lograste; pero si no te apoyan en el camino, es muy difícil llegar. Además, todavía existe ese prejuicio de juzgarnos como si no fuéramos un «ejemplo a seguir» por el tipo de música que hacemos.

A pesar de eso, lo seguimos intentando porque amamos lo que hacemos. Caemos en la realidad de que vivir de esto es casi un imposible, pero la ilusión de crear y dar un mensaje es lo que nos mantiene de pie.

AGADU, MEC, ASDEMYA: ¿sentís que estas instituciones están al servicio del músico under o son estructuras para artistas ya consagrados?

No conozco a fondo todas esas instituciones; a ASDEMYA, por ejemplo, la conozco más por el lado del Carnaval y las comparsas. Pero hablando en general, siento que muchas de estas estructuras colaboran con el que ya está consagrado, con el que ya es un «negocio» para ellos.

Cuando estás arriba, las instituciones y las empresas aparecen porque pueden beneficiarse de tu arte. Por eso, a veces es mejor seguir siendo independiente. Si bien un sello discográfico te puede elevar, también te va a quitar parte de lo que ganás.

El artista under tiene que moverse por su propia voluntad y cuenta propia. A veces, más que una institución, lo que te salva es otra persona del ambiente, alguien que también es under y te pasa el contacto de un local para tocar. Al final, se trata de moverse por uno mismo.

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