Columnas De Opinión
Victor Pacin Freire
Victor Pacin Freire
Coach Profesional certificado en Coaching Ontológico (CIC, España y Uruguay), con amplia formación en seguridad vial, desarrollo personal, PNL, trabajo en equipo y resolución de conflictos. Cuenta con más de seis mil horas de experiencia en coaching ejecutivo y de equipos, así como en capacitación en instituciones públicas y privadas, especialmente en temas de tránsito, liderazgo y comunicación. Integra redes internacionales de coaches y forma parte de la Comunidad Uruguaya de Coaching.

Humanizar el tránsito: el rol del inspector de transito

Este artículo fue publicado originalmente el año pasado. Sin embargo, entendemos que resulta conveniente insistir en el tema, debido a su importancia y a la necesidad de continuar promoviendo la reflexión sobre la seguridad vial. Por esta razón, se ha incorporado nueva información y se han actualizado algunos aspectos para esta nueva publicación.

Imagen generada con IA

¿Se puede medir lo que se previene?
NADA QUE SEA HUMANO ME ES INDIFERENTE

La frase “Nada humano me es indiferente” es una traducción de la cita latina “Homo sum; humani nihil a me alienum puto”, de la obra del dramaturgo romano Publio Terencio Africano (Terencio), en su comedia El Auto-Atormentador (Heauton Timorumenos), del año 165 a. C. La expresión significa “Soy un hombre; nada de lo humano me es ajeno” y se interpreta como un llamado a la solidaridad, la empatía y la humanidad, rechazando la indiferencia hacia las experiencias humanas al reconocer la complejidad compartida de todas las personas.

La respuesta a la pregunta de si se puede medir lo que se previene es, sin duda, afirmativa. Tenemos que tener en cuenta la frase de Terencio, ya que, en seguridad vial, sin duda, el factor humano es el que manda y obedece en todas y cada una de nuestras acciones.

Esta frase, que ha perdurado durante siglos, tiene cuatro pilares fundamentales:

Solidaridad:
La frase resalta la necesidad de la interconexión y la dependencia mutua entre las personas.

Empatía:
Es una invitación a entender y compartir la perspectiva y el sufrimiento de los demás, reconociendo la propia verdad en las vivencias ajenas.

Rechazo a la indiferencia:
Se contrapone a la idea de que cada uno debe ocuparse solamente de sus propios asuntos, promoviendo el interés por el prójimo.

Humanismo:
Se asocia con un compromiso hacia la mejora social y una actitud humanista, ya que reconocer lo humano en los demás es un acto de apertura y humildad. (sic)

Esta frase, que me ha acompañado a lo largo de mi vida, la he utilizado dando talleres de Síndrome Vial. Ustedes se preguntarán qué tiene que ver con la seguridad vial y, si miramos profundamente y observamos los accidentes que tenemos a diario, nos vamos a dar cuenta de que todo tiene que ver con nuestras decisiones diarias.

Esto lo podés ver en Google y va a decir más o menos lo mismo. Ha sido utilizado para miles de situaciones en las que el ser humano tenga intervención. Ahora, la pregunta es: ¿cómo hacemos para medir lo que se previene?

¿CUÁLES SERÍAN LAS ACCIONES QUE DEBERÍAMOS TOMAR PARA PODER MEDIR?

Indicadores clave para medir la efectividad en seguridad vial

  • Tasa de mortalidad: número de muertes por accidentes de tránsito por cada 100.000 habitantes.
  • Tasa de lesiones: número de lesiones por accidentes de tránsito por cada 100.000 habitantes.
  • Número de accidentes: cantidad total de accidentes de tránsito registrados en un período determinado.
  • Costo económico: estimación de los costos directos e indirectos asociados con los accidentes de tránsito.
  • Cumplimiento de normas: porcentaje de conductores que cumplen con las normas de tránsito y seguridad vial.

Herramientas para recopilar datos

  • Registros de accidentes: informes policiales y registros de hospitales.
  • Sistemas de información geográfica (SIG): análisis de patrones y tendencias en la seguridad vial.
  • Encuestas y estudios: investigaciones sobre comportamientos y actitudes de los conductores, peatones y ciclistas.

Importancia de la medición

  • Evaluación de políticas y programas: medir la efectividad de las estrategias y políticas de seguridad vial.
  • Identificación de áreas de mejora: detectar problemas específicos y priorizar intervenciones.
  • Asignación de recursos: optimizar la asignación de recursos para maximizar el impacto en la seguridad vial.

Acciones para mejorar la seguridad vial

  • Educación y conciencia: promover campañas de educación vial y concientización sobre la seguridad vial.
  • Infraestructura segura: mejorar la infraestructura vial, incluyendo señalización, iluminación y diseño de carreteras.
  • Legislación y aplicación: fortalecer las leyes y regulaciones de tránsito y asegurar su cumplimiento.
  • Colaboración y coordinación: fomentar la colaboración entre autoridades, organizaciones y comunidades para abordar la seguridad vial.
  • Tecnología e innovación: implementar tecnologías avanzadas, como sistemas de seguridad vehicular y monitoreo del tráfico.

Acciones individuales

  • Conducir de manera defensiva: mantener una actitud atenta y anticipar posibles peligros.
  • Respetar las normas de tránsito: cumplir con las señales de tránsito, los límites de velocidad y otras regulaciones.
  • Usar equipos de seguridad: utilizar cinturones de seguridad, cascos y otros dispositivos de seguridad.
  • Evitar distracciones: no utilizar dispositivos móviles ni realizar otras actividades que distraigan la atención mientras se conduce.

FACTOR HUMANO: INFLUENCIA DEL INSPECTOR DE TRÁNSITO EN LA SEGURIDAD VIAL Y EN LOS ACCIDENTES DE TRÁNSITO

El inspector de tránsito, siempre tan criticado, lamentablemente ha recibido una herencia maldita de otros lugares del país sin tener nada que ver con ello —tengamos en cuenta que no funcionan de la misma manera en Montevideo que en el interior—. Es una parte fundamental para la educación del conductor, tiene una tarea sumamente difícil y se encuentra a diario con situaciones cuyo manejo requiere un gran entrenamiento, trabajo en equipo y, sobre todo, no tomarse como personales las cosas que le dicen. Reconozco que no es fácil. El enfoque que debe tener siempre es el EDUCATIVO, NO RECAUDADOR.

Si el enfoque es recaudador, vamos a seguir teniendo el mismo resultado: una tasa de accidentalidad enorme. Pero, si es educativo y el inspector está lo suficientemente entrenado para dirigirse al contribuyente, fiscalizarlo y hacerle notar si cometió una falta o se saltó una norma, en la mayoría de los casos funciona muy bien.

Sin duda, nos vamos a encontrar con conductores que piensan que tener la libreta desde hace muchos años, de por sí, los habilita a “no equivocarse”. Quizás se equivocaron siempre y nadie se lo hizo notar o, sencillamente, están equivocados en su concepto básico y hace años que no conocen la norma.

No hay mejor ejemplo que el de muchos conductores que no se animan a circular en Montevideo, pero sí en Salto. Eso va acompañado de la excusa —motivo o pretexto que se invoca para eludir una obligación o disculpar una omisión— de que el tránsito es diferente en un lugar y en otro, y eso está lejos de ser verdad. Deberíamos estar preparados para conducir en todo Uruguay sin problemas.

Los inspectores de tránsito deben conocer la norma y las leyes en su totalidad, y poder aplicarlas cuando un contribuyente se lo solicite. Al momento de realizar un protocolo de detención —asunto que tiene diferentes aristas, pero que es para otro escrito—, cuando el inspector tiene la potestad de detener un vehículo, debe saber exactamente cuál es la norma que ese conductor no respetó y evaluar cuán grave es.

Debe determinar si se trata de una norma que puede corregirse, dejándola clara y educando al conductor, o si corresponde aplicar la multa. Si no está seguro de cuál de las dos opciones debe seguir, tiene que acudir a su encargado para discutirla y que este tome la resolución acerca del método que se aplicará.

Repito: el inspector de tránsito tiene que contar con capacitación en comunicación efectiva, ser asertivo, claro, conciso y concreto, conocer la norma y aplicarla educativamente, sin ningún tipo de animosidad personal. Un conductor enojado no está enojado con el inspector en sí, sino con lo que este representa.

El inspector de tránsito tiene que estar entrenado para trabajar en equipo, saber trabajar en conjunto con todos sus compañeros y estar alineado con el contexto de cada protocolo de detención cuando este lo requiera. El mejor ejemplo se produce cuando hay una festividad, como la Noche de la Nostalgia, fin de año, etcétera, y se crea un buen equipo de trabajo. Ese tipo de días, la accidentalidad es casi nula, solamente por el hecho de la publicidad y el trabajo en equipo.

Y, por último, el inspector de tránsito debe estar entrenado y capacitado en la más importante de todas las capacitaciones: la RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS. Sin esta última, las dos anteriores pueden influir bastante, pero esta es la más importante, ya que nos brinda las herramientas para no tomarnos las cosas como personales y resolver siempre el conflicto con el propósito de educar.

El inspector de tránsito tiene que trabajar en conjunto con la sociedad. Ha estado muy separado de ella durante estos últimos años. Es un valor fundamental para la reducción de la mortalidad y la accidentalidad. El inspector de tránsito debe ser un referente en la circulación vial del contribuyente.

Debe ser alguien a quien consultar, alguien que nos saque las dudas. No tiene que ser alguien que esté fuera del circuito contribuyente-gobierno. Debe ser, como dije anteriormente, una persona entrenada, que actúe como consultor del contribuyente, y este último debe verlo, de una vez por todas, como alguien a quien recurrir y no como alguien a quien evitar.

Tenemos un tránsito muy difícil y peligroso en nuestra ciudad. Trabajemos con estadísticas, MAPAS DE RIESGO, MAPAS DE ACCIDENTES, horarios y lesividad. Debemos averiguar cuáles son los lugares de mayor exposición al riesgo y a la peligrosidad.

Cambiar nuestra forma de ver las cosas, realizando y tomando acciones diferentes, va a traer cambios. Si no son los deseados, el camino igualmente es ese: lo arreglamos, lo cambiamos, pero tenemos que tener la verdadera intención de hacer cosas diferentes y aplicar la norma en toda su extensión.

Para terminar, y solamente como un pequeño ejemplo, a las 15 horas, en ARTIGAS Y SARANDÍ, pleno centro de Salto, estuve durante 45 minutos anotando lo mismo que aprendí en el año 1985, en Rivera y Boulevar Artigas, en Montevideo. Nos mandaban a anotar cuántos autos doblaban sin señalero —tengamos en cuenta el parque automotor de aquella época—.

Me encontré con datos que son realmente alarmantes: de cada diez autos o camionetas, siete no tenían las luces reglamentarias encendidas; de cada diez autos o camionetas, ocho no utilizaban cinturón de seguridad.

En cuanto a los niños transportados, solamente vi a uno que iba sentado atrás y con el cinturón colocado. Logré ver a unos cuantos niños de seis, siete u ocho años sentados adelante. Algunos tenían el cinturón puesto. Realmente, esos padres no tienen idea de que, si llegan a chocar y explota el airbag, este puede lastimar mucho al niño, por ser suave en la apreciación. Carecen de conocimiento sobre cómo funciona el airbag.

Con respecto a las motos, el resultado es el mismo. A las que tenían las luces delanteras encendidas no les funcionaban las traseras. Les cuesta horrores tener los espejos —no sé cómo hacen para manejar sin ellos—. Creo que me volvería loco conduciendo sin espejos, pero, sin duda, es algo mío. Ellos pueden.

Uruguay está en el medio de todo. Tenemos una tasa de mortalidad de 12,1. El año pasado murieron 434 personas y el 49 % eran motociclistas. Un disparate. No contemos a los lesionados, algunos de por vida, que vieron truncados sus sueños solamente por no respetar la norma o, sencillamente, por tener el pensamiento mágico de que las cosas malas les suceden a los demás. Cuatro casos de discapacidad permanente.

No me gustan las estadísticas, aunque son las que te proporcionan los datos para saber dónde apuntar, hacia dónde ir y qué acciones tomar. A veces nos olvidamos de que los números son personas que fallecen, que tienen familia, que ya no van a poder hacer lo que amaban y que vieron su futuro comprometido.

Cuando alguien tiene un accidente de tránsito, su vida ya no es la misma. Nunca más va a olvidar el suceso y eso lo va a marcar durante el resto de su existencia. Ese tipo de vivencias tan duras se quedan ahí para siempre.

Compromiso, contribución, responsabilidad y autenticidad: estos pilares deben existir como sociedad para poder tener una vida en armonía y, a su vez, cuidarnos entre todos. Apoyemos al gobierno en sus acciones para mejorar esta epidemia que tenemos en nuestra ciudad. Cuidemos a nuestros hijos y enseñémosles valores y riesgos.


SI QUERÉS SABER CÓMO ES UNA SOCIEDAD,
MIRÁ CÓMO CONDUCE

SINDROME VIAL.

HUMANIZACION DEL TRANSITO

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