«Hubo aquella vez, en que el arte ganó»

España, también desde aquí…nosotros salteños

Ahí, donde la pelota no es simplemente una esfera de cuero rotando sobre el césped, sino un argumento de vida. Porque conviene empezar por el principio, para no perder el rumbo en medio de tanto fueguito artificial. Todos los vimos. Y en Salto también. ¡Faltaba más!.

España fue el rey en el día en que mandó como rey. No necesitó la prepotencia del grito ni el pechazo desaforado para imponer una verdad. Había en esa camiseta roja —que durante tanto tiempo fue sinónimo de la furia, del choque, del ímpetu ciego que terminaba siempre en la puerta del vestuario con las manos vacías— una metamorfosis casi poética. 

Es así, según cuenta la historia. De pronto, un día, alguien decidió que la pelota era para quererla, no para maltratarla. Que el fútbol, si aspira a ser eterno, tiene que parecerse más a la caricia que al martillazo.
Y se dio la cita con la historia. Un campeón mundial para guardarlo en la repisa de las cosas nobles.

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LA BELLEZA DE LA CONVICCIÓN
Hubo momentos, claro, donde la tentación del atajo estuvo ahí, al alcance de la mano. Porque el mundo suele ser impaciente y exige el resultado antes que la forma. Pero esta historia tuvo la grandeza de los tercos, de los que se enamoran de un camino y no se desvían aunque la noche se ponga oscura.
Ganó el fútbol. El de la estética sin adornos inútiles. El que entiende que para dar la vuelta olímpica y quedarse a vivir en el recuerdo de los futboleros de ley, no alcanza solo con llegar primero: importa, y mucho, la elegancia con la que te pusiste de pie para empezar a caminar. Por estos lares salteños, el reparto previo de las predilecciones. La cercanía geográfica con Entre Ríos, el río que al final no se sabe si nos asocia o nos distancia. Todo a expresa validez, porque las opiniones en la vida y en el fútbol no suelen ser absolutas. Pero de algo no hay tanta duda: España ha sido un campeón mundial para la mejor historia. De esos que, cuando pasen los años y la memoria se ponga un  poco mañosa, nos van a hacer decir con una sonrisa melancólica: «hubo aquella vez, en que el arte ganó»


Libertad, ese de Gerardo Cano, el del oficio

No perder el eje en el golpe agolpe; Ferro tiene que saberlo

El  1-1 en el Estadio Álvaro Pérez de San Carlos dejó la llave semifinal de la 22ª Copa del Interior de Clubes  de OFI (Divisional A) en una posición abierta, pero con la balanza levemente inclinada en los papeles hacia Ferro Carril, que definirá la serie este domingo en el Estadio Ernesto Dickinson.

Sin embargo, dar por cerrada la serie o subestimar a Libertad de San Carlos jugando de visitante representa un riesgo alto.

Es el Libertad de Gerardo Cano jugando fuera de su feudo y los peligros tácticos para el conjunto albinegro.
Ha demostrado ser un visitante aguerrido, táctico y extremadamente competitivo en los escenarios más difíciles del interior. Libertad es un equipo diseñado para sufrir cuando corresponde y golpear con contundencia. 

Muestra de ello fue la serie anterior ante Porongos de Flores, donde empató 2-2 en una cancha durísima y terminó definiendo con enorme templanza psicológica por penales (14-13) para meterse entre los cuatro mejores.
A lo largo del torneo, Libertad no ha sido un equipo timorato fuera de San Carlos. Apoya su postura en un bloque medio-bajo bien estructurado para salir disparado en transición rápida aprovechando la potencia de sus atacantes (con figuras como Matías Tavárez y Agustín Giosia).


OFICIO DE ENTRENADOR

Gerardo Cano es un DT de mil batallas en OFI (campeón del Interior con Lavalleja de Minas). Conoce al detalle cómo jugar partidos de 180 minutos, adormecer el ritmo de los locales y capitalizar la desesperación rival.
Aunque el empate de visitante le dan cierta ventaja en los papeles a Ferro Carril, jugar en el Dickinson ante este tipo de rivales entraña riesgos puntuales:
Ferro Carril está obligado por historia y localía a salir a proponer y llevar la iniciativa. Si el equipo salteño se desprotege en la línea de ajuste o queda expuesto en los retrocesos, Libertad es letal atacando los espacios a la espalda de los laterales.
Si los minutos pasan y Ferro no logra romper el cero o tomar ventaja, el Dickinson suele transmitir cierta impaciencia. Libertad sabe jugar con el nerviosismo ajeno y maneja muy bien el tiempo de juego, la pelota parada y las faltas tácticas.


LA FORTALEZA EN LA PELOTA QUIETA

 El conjunto carolino cuenta con buen porte físico y ejecutores precisos. Un tiro libre o un córner aislado pueden cambiar la ecuación del partido sin necesidad de sostener un dominio territorial prolongado.
La paridad rescatada por Ferro Carril en Maldonado fue un resultado valioso pero no determinante. Si bien la Franja llega con el impulso de jugar ante su gente y en un escenario que conoce a la perfección, el verdadero peligro de este partido de vuelta radica en el choque de estilos. La vuelta de Natanel Tabárez en Ferro: factor clave.
Libertad no vendrá a Salto a especular a ciegas; vendrá a cerrar los caminos interiores de Ferro, tapar a los gestores de fútbol del equipo salteño y forzarlo a tirar centros o estrellarse contra un muro. Gerardo Cano es un estratega implacable para leer los momentos del partido y desgastar emocionalmente al local.
Ferro Carril no debe confundir intensidad con apuro. Mantener la vigilancia defensiva sobre las transiciones carolinas será tan importante como la eficacia en el área rival.
Ferro Carril posee el oficio y la jerarquía individual para meterse en la gran final, pero Libertad es un visitante de máxima peligrosidad. Si Ferro concede espacios por exceso de confianza o pierde el eje en el golpe a golpe, la serie puede volverse cuesta arriba. Demasiado cuesta arriba.

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