Hospital de Salto: cambios, resistencias y el rumbo de la salud pública

Columnas De Opinión

El Hospital de Salto atraviesa cambios con críticas y resistencias. El debate revela tensiones políticas y un proceso de transformación en la salud pública.

Mario Furtado / Edil Frente Amplio

Edil Mario Furtado

Coord. de bancada Frente Amplio
Lista 70


No les parece raro que el Hospital y en especial su directora esté cuestionada de manera permanente pero nadie dice los motivos o razones específicas?

Desde la llegada del primer gobierno de izquierda al Uruguay en 2005, la salud pública se transformó en un objetivo estratégico del Estado. La inversión pública y la creación de un sistema más inclusivo buscaron algo esencial: que nadie quedara fuera del acceso a la atención sanitaria por razones económicas o sociales.
Durante décadas, el sistema había evolucionado con un fuerte desarrollo del sector privado, sostenido en buena medida por transferencias millonarias de recursos públicos hacia prestadores privados. Ese modelo generó avances, pero también profundizó desigualdades entre quienes podían acceder a determinadas prestaciones y quienes dependían exclusivamente de la salud pública.
Con la instalación del Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS) comenzó un proceso de reequilibrio. El objetivo fue fortalecer la salud pública y garantizar un acceso más equitativo a servicios de calidad para los sectores más vulnerables. En ese marco, también muchos profesionales de la salud comenzaron a volcar parte importante de su actividad al ámbito público.
El gobierno anterior, encabezado por el presidente Luis Lacalle Pou, impulsó nuevamente una fuerte transferencia de recursos hacia el sector privado. Desde distintos ámbitos se cuestionó que esa política favorecía intereses corporativos vinculados al sistema mutual y a estructuras empresariales del sector salud.
Hoy el país atraviesa un nuevo cambio político. Con la asunción del presidente Yamandú Orsi, la orientación vuelve a colocar a la salud pública en el centro de las prioridades del Estado. En un contexto de recursos siempre limitados, la decisión es clara: fortalecer la red pública y garantizar que la inversión estatal beneficie principalmente a quienes dependen de ella.
Naturalmente, los cambios en las políticas públicas nunca son neutros. Tocan intereses corporativos, institucionales e incluso personales. Y eso genera resistencias, tanto fuera como dentro del propio sistema de salud.
Nuestro querido Hospital Regional Salto no escapa a ese escenario. Los procesos de transformación suelen ir acompañados de tensiones y cuestionamientos, muchos de ellos provenientes de sectores políticos vinculados históricamente a estructuras corporativas del sistema sanitario.
Un ejemplo ilustra bien algunas contradicciones. Resulta difícil explicar que un tomógrafo haya permanecido más de un año en cajas sin ponerse en funcionamiento y que quienes hoy levantan la voz con tono alarmista no hayan dicho prácticamente nada cuando eran gobierno. ¿Se trata de una preocupación genuina por la salud pública o de un ataque político disfrazado de sensibilidad social?
Lo cierto es que el hospital está cambiando. Y este proceso recién comienza.
Existen problemas estructurales que vienen de administraciones anteriores y que requerirán tiempo, planificación e inversión para resolverse. Pero también es cierto que el Hospital Regional de Salto está llamado a recibir inversiones del gobierno nacional como pocas veces en su historia.
Si el rumbo se mantiene, en el horizonte de los próximos cinco años no sólo veremos mejoras sustanciales en infraestructura, tecnología y servicios. Podremos afirmar, sin exagerar, que la región contará prácticamente con otro hospital.
En ese camino, existe plena confianza en el equipo de gestión del hospital y en la orientación de la política sanitaria nacional encabezada por la ministra Cristina Lustemberg. Una política que ha definido prioridades claras: invertir con especial foco en la primera infancia, fortalecer la atención en salud mental y consolidar la atención primaria como base del sistema.
Son definiciones estratégicas que apuntan a construir una salud pública más cercana, más preventiva y más humana.
El tiempo, como siempre, pondrá las cosas en su lugar. Y probablemente también termine apagando los fuegos artificiales de una oposición encabezada por sectores de la herrerista del Partido Nacional y algunos socios menores del Partido Colorado, que hoy intentan convertir en escándalo lo que en realidad es un proceso de cambio profundo.
Porque cuando se trata de la salud de la gente, lo importante no es el ruido político del momento, sino el rumbo que se elige para el futuro.

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