Homero vs La Celeste

Una columna que cruza la derrota de la Celeste, Homero, Nolan y el cine para pensar cómo comunicar ideas sin perder a la audiencia.

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            Después de que pasó lo que pasó y de la manera como pasó, la polémica sobre la duración de las charlas que recibían los jugadores de la selección, ha pasado a ser un tema de interés nacional. A falta de partidos, era necesario encontrar alguna conversación que nos permitiera seguir deconstruyendo la derrota y de paso, ver cómo llenamos ese espacio que los medios masivos tenían reservado a la Celeste. Hemos pensado en técnicos, jugadores y directivos pero ¿y los patrocinadores? ¿alguien pensó en las remeras, balones y viajes que ya no se venderán?

            Me preguntaba esto cuando caí en cuenta que el próximo 17 de julio se estrena en cines *La Odisea*, la versión libre de Christopher Nolan, el poema épico de Homero que bien puede calificar como una de las obras literarias más violentas, fantásticas y complejas que nos legaron los griegos. Pero no pensaba solo en la obra sino en como Nolan ha diseñado el dispositivo cinematográfico para transmitir al público la experiencia del viaje de Odiseo (Ulises) y conseguir que acuda a las salas incluso, sin el requisito previo de haber leído la obra. Nolan ha pensado en esto y es posible que “La Odisea” con sus implicancias morales y filosóficas, sea más fácil de trasmitir de lo que parece. Eso sí, Nolan te pedirá que le prestes atención durante casi 3 horas, 18 veces más de lo que los jugadores aguantaban a Bielsa. Además, ha tirado un facto difícil de resistir. Elena de Troya es interpretada por Lupita Nyong’o.

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            La clave está en el cómo y en los recursos que utilizas para seducir a tu audiencia y para eso no se precisa el presupuesto de Nolan. Bastaría que una persona con la suficiente convicción y encanto, se sentara alrededor de un fogón para contarnos una historia o compartirnos una sentida experiencia. Uno de los mecanismos de comunicación más primitivos que conocemos y que sigue funcionando. Ahora, cuando se tocan temas áridos y técnicos, es donde el olfato del comunicador debe sacar a relucir su arsenal de ideas, recursos y artimañas para seducir a un público que se ha tomado un tiempo para escucharte.

            Siguiendo esta línea, recordé el caso de una docente que para abordar en clase la tragedia de Edipo Rey escrita por Sófocles, les dijo a sus estudiantes que les iba a contar la historia de un hombre soberbio que asesinó a su padre, se acostó con su madre con la que procreó hijos y al darse cuenta, se sacó los ojos para de esta forma cumplir su destino trágico. Dicho así de crudo y directo parece escandaloso. Sin embargo, la información resultaba tan apasionante que los gurises se interesaron por la obra y en la siguiente clase, algunos ya habían leído fragmentos por pura curiosidad y claro, para seguir el chisme intenso del ciego. No se trata de banalizar los contenidos sino darle una vuelta para encantar a los receptores. Algo que los docentes por cierto, hacen todos los días

            Volviendo a “La Odisea”, les comparto que mi suegro tenía la costumbre de leerle a la familia a la hora de la cena, algunos fragmentos de la obra de Homero. Conforme recitaba y hacía un pelín de actuación, se le iban llenando los ojos de lágrimas. Los griegos le producían catarsis. Para los que estábamos oyendo la lectura, que podría durar unos 30 minutos, el efecto era distinto. Algunos ponían atención y se preguntaban por qué eran tan complicados los griegos, otros, no veían la hora en que el viejo se callará para huir de la mesa y hacer otra cosa que consideraban más útil. Algunos más, mostraban interés genuino y preguntaban por el significado de alguna palabra desconocida. Mi suegro reaccionaba con encanto y se prodigaba en explicaciones con su innata impronta de docente. Los que querían huir, le pateaban los pies a los preguntones por debajo de la mesa para que dejaran de hacerlo porque si mi suegro sentía que había interés, podía extender la sesión y sumaba la lectura de un pasaje de “La Iliada”. Era un reto de paciencia y cordura para todos los que compartimos esas noches de literatura clásica. Ahora que mi suegro no está, he visto como algunos que estuvieron en esas veladas se interesan genuinamente por “La Odisea” pero otros, la mencionan en público para darse ínfulas, aunque nunca la hayan leído. Así son las vanidades.

            Para terminar pondré el ejemplo reciente de “Obsession”, una película de terror que ha llevado a millones de espectadores a los cines, convirtiéndose en un fenómeno de taquilla. Lo que poco se se dice es que la película utiliza un mecanismo sencillo para cautivar, está estructurada a partir de más o menos largas conversaciones entre los personajes sobre como conseguir el amor. Entre cada diálogo, se van intercalando escenas terroríficas que son las que hacen que el espectador pagué la entrada. El guionista-director Curry Baker, hace una pequeña trampa efectista para que pongamos foco en lo que de verdad le importa, el amor. 

            Hace mucho, conocí la anécdota de un director técnico de fútbol que en la charlas de motivación a los jugadores, les ponía completa la película Rocky que dura 2 horas. No supe si ese equipo consiguió triunfar pero estoy seguro que nadie le pidió al entrenador que dejara de poner películas viejas. No importa que tan elevado sea tu conocimiento, lo valioso es tu estrategia para transmitirlo y hacer que impacte en los que deban escucharte. 

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