Hoy es una historia diferente ya que mis hijos la escriben.
2025 fue escenario de múltiples historias de vida, permitiéndonos conocer un poco mejor a aquellas personas con las que compartimos espacio a diario, personas que buscan superarse, brindar la mejor atención al público y dejar su huella. A lo largo del año nos emocionamos, conocimos realidades distintas y empatizamos con la situación del otro, entendiendo que detrás de cada rostro hay una historia que merece ser contada.
Esta historia de vida, a diferencia de las demás, tiene como protagonista a Romina Buzzo, la persona responsable de que cada una de esas historias llegue al lector. La voz que pregunta, escucha y narra. O, como nosotros la conocemos, nuestra mamá.
Si la entrevistáramos siguiendo la estructura que ella misma utiliza con cada protagonista, probablemente comenzaríamos preguntándole cómo está compuesta su familia. No nos cabe duda de que respondería con orgullo, mencionando a sus hijos, a sus padres, a sus hermanos y la gran influencia que tuvieron sus abuelos en su vida, siendo su abuelo el responsable de que su profesión y pasión sea la locución.
Romina es mamá soltera. Su vida no fue fácil y hay cosas que lleva arraigadas porque así le enseñaron, pero aun así intenta cada día no repetir lo mismo con nosotros. Nos ama profundamente a sus cinco hijos y se encarga de hacérnoslo saber todos los días, con palabras, gestos y presencia. Hace que cada uno de nuestros cumpleaños sea especial, único, y celebra cada logro como si fuera propio. Nos presume hasta el cansancio en su programa de radio, con un orgullo se percibe incluso a través del micrófono.
Aunque muchos la conocen por su profesión, nosotros la conocemos por ser alegre, divertida y habladora. Ama cantar y bailar, incluso cuando está sola. Se ríe de sus propios chistes antes de contarlos y tiene la risa más contagiosa que existe. También le encanta sentirse bien, ama el gimnasio y, si me preguntan a mí como su hija, no tengo dudas en decir que es la más bonita de todas.
Es súper trabajadora. Se levanta tempranísimo y termina el día muy tarde, entre notas para el diario, su programa de radio y la publicidad, pero eso no le impide hacerse siempre un espacio para nosotros. Siempre está presente. Nunca faltó a ningún acto escolar, presentación o reunión. Nunca nos hizo notar las ausencias y jamás nos faltó absolutamente nada. Afrontó cada situación complicada con una sonrisa, incluso cuando el cansancio pesaba más.
De noche, aunque esté agotada por todo el día, juega con nosotros, últimamente al impostor. No es muy buena en el juego, se delata con gestos, pero siempre logra contagiarnos su risa. Parece obvio por su profesión, pero es muy habladora, si la perdés, seguramente esté charlando con alguien. Nos cuenta las mismas historias muchas veces, pero nosotros la escuchamos siempre, por la ilusión con la que las cuenta.
Ama la serie Envidiosa (estoy segura de que para este punto se la sabe de memoria), El diario de la princesa y la Coca-Cola.
En el diario, Romina se toma cada historia con mucha seriedad y respeto. Dedica tiempo a pensar cada pregunta, a escuchar sin interrumpir y a crear un espacio seguro para que quienes entrevista se sientan cómodos. Pasa horas desgrabando audios, corrigiendo textos y cuidando cada detalle, y espera con ansiedad el momento en que sus notas finalmente se publican. Algo que nos resulta muy gracioso es que se encariña con cada persona que entrevista. Cuando vuelve a cruzarlas en la calle las saluda como si fueran amigas de toda la vida, con besos, abrazos y sonrisas.
Romina es luchadora, fuerte e inteligente. A pesar de todo, siguió estudiando después de tenernos a los cinco y se recibió de técnica en periodismo, demostrando que nunca es tarde para cumplir sueños. Es también profundamente generosa. Hace cosas desinteresadas sin esperar nada a cambio: lleva regalos al hospital en Navidad, Reyes Magos y el Día del Niño, y va con una merienda y música al hogar del adulto mayor en el Día del Abuelo.
A nosotros siempre nos hizo parte de esa realidad. Nos llevaba con ella, comíamos con los niños de los merenderos en los que participaba, fuimos partícipes de jornadas solidarias y veíamos de cerca situaciones que nos marcaron. Nos enseñó a mirar al otro con empatía y respeto. Si hoy somos quienes somos, es gracias a ella.
Nos enseñó a ser unidos, fuertes, valientes y a pelear por lo que queremos. Nos ama incondicionalmente a nosotros y también a Hero, nuestro perrito, a quien malcría y mima. Siempre está hablándole, haciéndole caricias y tratándolo como un hijo más.
Esta vez, la historia que se cuenta no es la de alguien que pasa por la calle o atiende detrás de un mostrador. Es la historia de quien dedica su vida a contar las historias de los demás, sin saber, o quizás sin darse cuenta, que ella también deja huella todos los días. En su trabajo, con sus notas, y sobre todo, en nosotros.
Porque antes que locutora, periodista o comunicadora, Romina Buzzo es mamá. Y esa, sin dudas, es la historia más importante que escribe a diario.
Escrita esta historia por mis hijos Faustina , Gerónimo,Lautaro y Bautista Caiazzo Buzzo y Nahuel Panizza Buzzo.





