INIA elaboró una guía para identificar cuatro niveles de daño por heladas en cítricos y aplicar medidas de prevención y recuperación en los montes.

El material técnico permite diferenciar cuatro niveles de afectación, desde daños leves en brotes y hojas hasta cuadros extremos con necrosis en troncos y ramas principales. También reúne recomendaciones para reducir pérdidas y favorecer la recuperación de los árboles.
Las bajas temperaturas representan uno de los principales riesgos para la producción citrícola, especialmente durante los meses de junio, julio y agosto, cuando aumenta la probabilidad de heladas meteorológicas en la región. Frente a esta situación, el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) elaboró una guía visual que permite reconocer los daños provocados por el frío y adoptar medidas de manejo en los montes afectados.
El documento advierte que las temperaturas ubicadas entre los 2 y los -4 grados Celsius pueden provocar daños en las flores, los frutos y los brotes jóvenes. Cuando el descenso térmico alcanza valores inferiores, también pueden resultar comprometidas las estructuras permanentes del árbol, como las ramas principales y el tronco.
La guía busca facilitar la toma de decisiones en el campo, ya que la intensidad del daño no siempre es evidente inmediatamente después de una helada. En algunos casos, los síntomas aparecen de manera progresiva durante los días posteriores, por lo que resulta necesario monitorear la evolución de cada cuadro y evitar intervenciones apresuradas.
Cuatro niveles de daño por frío
INIA diferencia cuatro niveles de afectación, según la intensidad y la extensión de los síntomas observados en las plantas.
Daño leve
El nivel más bajo se presenta de forma sectorizada en la copa del árbol. Afecta principalmente a los brotes nuevos, las hojas y las pequeñas ramitas. En estos casos, la planta conserva buena parte de su estructura y el daño se concentra en sectores puntuales.
Daño moderado
En un segundo nivel, el deterioro se generaliza en la copa. Puede observarse una caída significativa de frutos, una defoliación importante y la muerte de brotes nuevos y ramas secundarias.
Según el material técnico, el daño suele concentrarse principalmente en la periferia del árbol, mientras que el tronco y las ramas estructurales permanecen sin síntomas visibles de afectación.
Daño severo
Cuando la helada provoca un cuadro severo, se registra una fuerte defoliación, acompañada por una caída masiva de frutos y la muerte de ramas secundarias.
En estos casos, también pueden aparecer daños en la corteza de las ramas principales, incluyendo agrietamientos y desprendimientos. La observación detallada del árbol resulta clave para determinar el alcance real del deterioro.
Daño extremo
El nivel más grave incluye una fuerte defoliación, caída masiva de frutos y muerte de ramas secundarias. Además, las ramas principales y el tronco pueden presentar necrosis, agrietamientos y desprendimientos de la corteza.
Estos síntomas evidencian daños profundos en los tejidos leñosos y requieren una evaluación cuidadosa antes de definir las tareas de recuperación.
Prevención antes de las heladas
El material elaborado por INIA recomienda integrar los pronósticos meteorológicos con el monitoreo local de la temperatura del aire. Para ello, señala la utilidad de herramientas de apoyo a la toma de decisiones, como la aplicación INIA Termomín, que permite estimar la temperatura mínima y la posible duración de una helada.
También se aconseja identificar previamente los sectores con mayor riesgo de daño, considerando factores como la topografía del terreno, la susceptibilidad de cada variedad y portainjerto, la edad de los árboles y la carga de fruta existente.
Los montes ubicados en zonas bajas requieren una atención especial, debido a que el aire frío tiende a acumularse en esos sectores. Ante un pronóstico adverso, INIA recomienda priorizar la cosecha de los cuadros más expuestos o con mayor riesgo de pérdidas.
Otra medida importante consiste en mantener el suelo húmedo antes de una helada. Los suelos con humedad almacenan más calor durante el día y lo liberan gradualmente durante la noche, reduciendo parcialmente el impacto del descenso térmico.
Asimismo, deben mantenerse limpios los corredores de circulación del aire frío y evitar barreras que dificulten su desplazamiento. El control de malezas puede resultar determinante en las zonas donde las heladas tienden a concentrarse.
En los establecimientos que cuenten con sistemas activos de protección, estos deben ponerse en funcionamiento antes de que la temperatura alcance niveles críticos y mantenerse operativos hasta que finalice el período de riesgo.
Evaluación después del evento
Una vez ocurrida la helada, la recomendación es evaluar el daño y continuar observando los árboles durante los días posteriores. La intensidad de los síntomas permitirá definir las estrategias de recuperación para cada sector del monte.
En las áreas más afectadas, INIA aconseja detener temporalmente la cosecha hasta completar una evaluación final. Luego, podrá retomarse la recolección, priorizando los frutos sanos o con daños menores y separando los lotes según su nivel de afectación.
También se recomienda retirar la fruta caída y evitar dejar cuadros sin cosechar, incluso cuando parte de la producción esté dañada. Los frutos remanentes pueden favorecer el desarrollo de moscas de la fruta y aumentar sus poblaciones.
Podas y cuidados posteriores
La poda puede contribuir a la recuperación de la copa, pero no debe realizarse inmediatamente después de una helada. El momento adecuado dependerá del nivel de daño, la susceptibilidad varietal, el destino de la fruta y el estado sanitario del cultivo.
Al iniciar las tareas, las herramientas deben mantenerse afiladas y desinfectadas para evitar la propagación de enfermedades. El material retirado, junto con hojas y frutos caídos, debe sacarse del cuadro o incorporarse al suelo para favorecer su descomposición.
Cuando existan grietas importantes en la corteza, INIA recomienda proteger la estructura del árbol mediante productos antifúngicos y bactericidas. En árboles con una pérdida considerable de follaje, también puede aplicarse pintura blanca en el tronco y las ramas estructurales para prevenir daños causados por la exposición directa al sol.
Por otra parte, durante el invierno debe minimizarse el aporte de agua, debido a que la pérdida de superficie foliar reduce la transpiración. Con la llegada de la primavera, el riego podrá ajustarse progresivamente para acompañar el rebrote vegetativo.
La guía técnica aporta criterios prácticos para que los productores puedan reconocer la gravedad de cada situación y actuar con prudencia. Frente a una helada, la observación del monte, el monitoreo meteorológico y la planificación de las intervenciones resultan fundamentales para reducir pérdidas y favorecer la recuperación de los cítricos.






