Hazañas que se extrañan  

A 60 años de la Copa Libertadores más épica de la historia para Peñarol

Aquel memorable 4 a 2 en Santiago de Chile ante River Plate. 

La edición de 1966 de la Copa Libertadores quedó grabada para siempre en la historia del fútbol sudamericano y especialmente en la memoria de Club Atlético Peñarol. Fue una conquista épica, dramática y cargada de emoción, que tuvo su punto máximo el 20 de mayo de 1966 en el Estadio Nacional de Santiago de Chile, cuando el conjunto carbonero derrotó 4 a 2 a Club Atlético River Plate en el partido desempate de la final continental.

Peñarol llegaba a aquella definición con un plantel extraordinario, dirigido por Roque Máspoli y con figuras históricas como Pedro Rocha, Alberto Spencer, Julio César Abbadie, Pablo Forlán y Tito Gonçalves. Del otro lado estaba un poderoso River Plate que contaba con futbolistas de enorme categoría y que venía decidido a conquistar América por primera vez.

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La final de la Copa Libertadores de 1966 se disputó a dos encuentros. El primero se jugó en Montevideo y terminó con triunfo de Peñarol por 2 a 0 en el Estadio Centenario, generando una gran ilusión en el pueblo aurinegro. Sin embargo, en la revancha disputada en Buenos Aires, River Plate se impuso también 3 a 2, obligando a jugar un tercer partido desempate en cancha neutral, tal como marcaba el reglamento de la época.

River lo ganaba 2 a 0. 

Ese encuentro definitivo en Santiago de Chile comenzó de la peor manera para los uruguayos. River Plate dominó gran parte del primer tiempo y llegó a ponerse 2 a 0 arriba con goles de Daniel Onega y Jorge Solari. El equipo argentino parecía tener el título en sus manos, mostrando un fútbol ofensivo y contundente, mientras Peñarol sufría cada avance millonario.

El aluvión mirasol 

Pero en el complemento apareció el espíritu copero de Peñarol, ese carácter histórico que marcaría a generaciones enteras. Alberto Spencer descontó rápidamente y cambió el ánimo del partido. Minutos más tarde Pedro Rocha empató el encuentro y el conjunto uruguayo tomó un impulso anímico impresionante. River sintió el golpe y comenzó a perder solidez defensiva.

Con el partido igualado 2 a 2, Peñarol fue creciendo en confianza y terminó imponiendo toda su experiencia internacional. Alberto Spencer volvió a aparecer para marcar el tercer gol aurinegro, mientras que Julio César Abbadie selló el definitivo 4 a 2 que desató la locura de los hinchas carboneros presentes en Santiago.

Aquella remontada quedó considerada como una de las más grandes en la historia de la Copa Libertadores. Pasar de estar 0-2 abajo en una final decisiva a terminar ganando 4-2 reflejó la enorme personalidad del equipo uruguayo. Alberto Spencer, además, consolidó su leyenda como uno de los máximos goleadores históricos del torneo.

Primero Santiago de Chile, luego el Bernabéu. 

La consagración de 1966 significó la tercera Copa Libertadores para Peñarol, que ya había sido campeón en 1960 y 1961. Ese mismo año, además, el club uruguayo completaría otra página gloriosa al conquistar la Copa Intercontinental frente al poderoso Real Madrid Club de Fútbol, consolidándose como uno de los mejores equipos del mundo.

Más de medio siglo después, aquella final sigue siendo recordada como una de las gestas más heroicas del fútbol sudamericano. El triunfo de Peñarol en Santiago no solo representó un título continental, sino también una demostración de rebeldía futbolística, coraje y mística copera que quedó para siempre en la historia grande del deporte uruguayo.

Hablar de Pedro Virgilio Rocha es hablar de uno de los futbolistas más elegantes, inteligentes y determinantes que tuvo el fútbol uruguayo. Pedro Rocha fue mucho más que una figura de Club Atlético Peñarol: fue el cerebro futbolístico de un equipo legendario que marcó una época dorada en Sudamérica.

En la histórica final de la Copa Libertadores de 1966 frente a Club Atlético River Plate, Rocha volvió a demostrar por qué era considerado uno de los mejores jugadores del continente. Con Peñarol perdiendo 2 a 0 en Santiago de Chile y con el panorama completamente adverso, apareció la personalidad del crack salteño para cambiar el rumbo del partido.

Luego del descuento conseguido por Alberto Spencer, Peñarol comenzó a crecer anímicamente. Allí emergió la figura de Rocha con toda su categoría. El empate aurinegro llegó gracias a una jugada cargada de talento y determinación, donde Pedro Virgilio apareció con su capacidad habitual para llegar desde atrás, leer la jugada antes que todos y definir con enorme calidad. Su gol significó muchísimo más que el 2 a 2 parcial: fue el golpe emocional que terminó derrumbando a River Plate y encendiendo definitivamente la reacción carbonera.

A partir de ese momento, Peñarol se transformó futbolísticamente. El equipo tomó confianza, manejó mejor la pelota y pasó a dominar psicológicamente la final. El gol de Rocha representó el renacer de un equipo que estaba al borde de perder la Copa y terminó construyendo una de las remontadas más recordadas en la historia del fútbol sudamericano.

En aquel Peñarol un salteño; Pedro Virgilio Rocha; ‘El Verdugo’. 

Pedro Virgilio Rocha era un futbolista extraordinario por donde se lo analizara. Tenía técnica, panorama, remate, liderazgo y una inteligencia táctica pocas veces vista. Jugaba como volante ofensivo, pero tenía alma de conductor total. Era capaz de manejar los tiempos del partido, asistir, marcar goles decisivos y aparecer en los momentos más difíciles. Su influencia dentro del campo era enorme.

En aquel Peñarol de los años sesenta, rodeado de figuras históricas como Alberto Spencer, Julio César Abbadie, Pablo Forlán y Tito Gonçalves, Rocha era el enlace perfecto entre el talento y la personalidad competitiva del equipo. Su fútbol elegante contrastaba con la intensidad y el temperamento de las finales coperas, pero justamente allí radicaba su grandeza: sabía jugar y sabía competir.

Además de la Libertadores de 1966, Rocha fue pieza clave en una de las etapas más gloriosas del club aurinegro, conquistando campeonatos uruguayos, títulos internacionales y dejando una huella imborrable en la identidad futbolística de Peñarol. También brilló con la selección uruguaya y posteriormente en el fútbol brasileño, donde alcanzó dimensión continental.

Para muchos historiadores y aficionados, Pedro Virgilio Rocha fue uno de los mejores jugadores uruguayos de todos los tiempos. Su gol en Santiago de Chile quedó inmortalizado no solamente por la importancia deportiva, sino porque simbolizó el corazón de aquel Peñarol copero que nunca se rindió y que convirtió una derrota casi segura en una hazaña eterna.

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