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miércoles, agosto 27, 2025

Gabriel Cartagena: una vida dedicada al Derecho, la docencia y los valores familiares

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El protagonista de esta historia de vida es Gabriel Cartagena, abogado salteño con una trayectoria marcada por el esfuerzo, la perseverancia y el compromiso ético. Desde niño tuvo claro que su vocación sería el Derecho, inspirado por su familia trabajadora y por un sueño que lo acompañó desde los 8 años. 

Con el tiempo, no solo se convirtió en profesional, sino también en docente universitario, referente en su área y miembro activo de la comunidad. Su vida combina la dedicación al estudio, la pasión por la docencia, el ejercicio de la abogacía junto a su familia y la firme convicción de que la verdad, la ética y los valores humanos son pilares fundamentales en la profesión. 

Hoy, después de más de dos décadas de trabajo, Gabriel comparte su recorrido, sus recuerdos de estudiante, sus desafíos como abogado y su mensaje a las nuevas generaciones. 

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¿Cómo está compuesta tu familia? 

«Mi señora Vanesa y mi hija Sofi de 13 años.» 

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¿Cuándo decidiste ser abogado y por qué? 

«A los 8 años de edad, mi abuelo estaba haciendo una obra en la casa de él y yo estaba en la puerta, en una puerta de chapa que era donde estaba la obra. Ahí le puse: ‘DR Gabriel’. Mi abuelo Orlando Sanguinetti, que era mi abuelo materno, me dice: ‘¿Y qué escribiste ahí?’. Le digo: ‘Abuelo, vos sabés que yo voy a ser abogado cuando sea grande. Quiero ser presidente y voy a ser abogado’. 

Y bueno, hice la escuela, hice el liceo. Fui uno de los pocos en el liceo de Fray Bentos que no fui a orientación vocacional, me acuerdo de aquello porque yo tenía clarísimo que quería estudiar Derecho. 

Mamá funcionaria postal, papá trabajó en la actividad privada, tuvo un comercio, después trabajó en el frigorífico INCUR de Río Negro. O sea, no venimos de familia de profesionales, venimos de gente trabajadora. Y yo decido tomar la carrera de Derecho. Después charlando con Jorge, mi hermano que hoy es escribano, él también tenía la orientación de hacer Derecho y se volcó a la escribanía. 

Trabajamos juntos desde que nos recibimos en el año 2005, cuando abrimos el escritorio acá en Salto. Con Javier, que es mi hermano más chico, pasó lo mismo: él quería hacer Traductorado Público, pero como la carrera estaba solo en Montevideo y nosotros estudiábamos en Salto, se vino a estudiar abogacía y hoy es defensor público en Río Negro. 

O sea que los tres nos orientamos por el Derecho. De hecho, Vanesa también tiene formación en Derecho porque es estudiante avanzada, y mi cuñada Mónica es abogada también. Todos nos conocimos en la facultad en la Regional Norte. Con Vanesa comenzamos nuestra relación en el año 1998.» 

¿Qué recordás de tus años como estudiante de Derecho? 

«Los tiempos lindos de la Regional Norte, cuando las clases eran en lo que hoy es la Universidad Católica, en el edificio de calle Artigas. Las peñas de Derecho y las de Enfermería que se hacían los días viernes y sábados. Eran el reencuentro de los que no viajábamos a nuestros departamentos, porque nos quedábamos para el baile que se hacía.

Recuerdo la amistad y la buena relación que existía porque nos conocíamos todos. Éramos pocos alumnos y también pocos profesores, entonces había una interacción muy linda. Estudiábamos, cumplíamos con los exámenes, y yo siempre trabajando, cumpliendo con mi actividad sindical. 

Mi abuela, María Emilia Etchezart, me decía: ‘No te metas en política’. Y yo le respondía: ‘No, abuela, no me voy a meter’. Pero me encantaba la política. Así que cuando arranca el Foro Universitario en el año 1998, empecé a trabajar en él. Después, junto a Vanesa, a Jorge, a Pablo Perna, al intendente de Paysandú Nicolás Olivera y a varios compañeros, armamos la lista 2002, que se opuso a lo que iba a ser la FEU en la huelga del 2002, en plena crisis. 

Arranqué en la actividad gremial estudiantil, y eso estuvo muy bueno. Mantengo buen vínculo incluso con los que estaban en contra en aquel momento: Gabriel Duarte, Hugo Lemos, Domostoj. Ellos estaban en la FEU y nosotros en el Foro y la CGU. Formamos un grupo local, fue el primer indicio de una coalición en la Facultad de Derecho, allá por 2002. 

Tengo un recuerdo muy lindo también de la inauguración del edificio nuevo de la Regional con el presidente Jorge Batlle. Tuve la oportunidad de estar presente, tengo fotos de ese momento. Fuimos todos los becarios del Club de Leones con el logo del club, en agradecimiento por el local nuevo que íbamos a tener.» 

«Entonces, estudié en el local viejo y en la Regional. En 2002, sin ser abogado, tuve la chance de ser invitado por el profesor Marcelo Bauzá para sumarme a la cátedra de Derecho Informático. Hoy tengo más de 20 años de docencia, lo que me ha dado mucha práctica. También me integré a la actividad de cogobierno, participando en cada elección de la universidad. Actualmente, enseño Informática Jurídica I y II, materias de Derecho y Escribanía.» 

«Al principio trabajé con mi hermano Javier, hasta que entró en la actividad pública y se fue del escritorio. Lo mismo pasó con Mónica, que hoy trabaja en la Defensoría Pública. Con quien he seguido trabajando es con Jorge, el escribano. Con él ya llevamos casi 20 años de trabajo conjunto en Salto. 

Siempre digo que el orgullo más grande que tengo es mantener en alto los valores profesionales y éticos que me transmitieron mi papá, mi mamá y mis abuelos. Decir la verdad a la gente, aunque tenga precio. Al profesional sincero muchas veces no lo quieren, pero creo que el éxito está en eso: ser franco. 

A veces toca decirle al cliente: ‘No, mirá, no está bien lo que estás haciendo. Y no porque yo sea tu abogado tenés que seguir adelante. Hacelo, pero te vas a equivocar’. Ese es el equilibrio que busco, mantener la justicia, los principios y los valores éticos familiares. No es fácil en el mundo actual. Nos tocó atravesar la pandemia, con el Poder Judicial cerrado nueve meses, sin ingresos, y aun así sosteniendo la familia, pagando la Caja Profesional e impuestos. Es una actividad dura y sin beneficios. 

El profesional en Uruguay tiene reconocimiento, sí, pero con muchísimo esfuerzo. Nunca dejas de estudiar. Si dejás de hacerlo, muere tu vida profesional. Tenés que estar siempre

actualizado. En nuestro escritorio intentamos dar un servicio integral: asesoramiento contable, apoyo de ingenieros agrimensores, seguros. En Salto trabajamos en todas las materias, aunque me especializo en informática, laboral, familia y en procesos contra el Estado, como amparos médicos y medicaciones de alto costo. Hemos tenido sentencias favorables en amparos y medidas cautelares, lo que nos posiciona a la vanguardia en estos temas. 

Sumamos a Gastón Ferreira, un colega joven, y proyectamos integrar un contador y más profesionales. Pero siempre con un trato cercano con la gente. El cliente quiere hablar con el abogado, no con otra persona. Esa inmediatez es fundamental.» 

«Mi primer caso importante fue una restitución internacional de un niño salteño que gané en la Suprema Corte de Justicia, fallo 5 a 0. Eso me marcó. 

También hemos tenido satisfacciones como la gestión de cinco premios del 5 de Oro que cobraron clientes con nuestro apoyo, combinando abogacía, escribanía y contaduría. 

He participado públicamente en debates, como cuando me opuse técnicamente al ‘cero kilo’, fundamentando su ilegalidad en el Código Aduanero y en el MERCOSUR. Viajé a Montevideo a presentar el escrito. Fue difícil, hubo controles sobre mi persona, pero con el tiempo se me dio la razón. 

Por supuesto, también he tenido casos duros, procesos largos que aún no se resuelven y ‘perlitas negras’ de personas que malinterpretan o abusan de la labor profesional. Pero siempre me respaldé en la transparencia y en documentar todo.» 

«Soy católico, creyente, y creo en hacer las cosas bien. Me manejo tranquilo por Salto, con mi señora y mi hija, sabiendo que no me creo más ni menos que nadie. Escuchar a la persona y ponerse en su lugar es fundamental. 

Jamás dejo a alguien sin asesoramiento porque no pueda pagar. Siempre digo que el trámite se hace igual y el día que pueda pagar, pagará. Eso nos ha permitido sostener 20 años de trabajo con Jorge. 

Soy agradecido a Salto. Vivo aquí hace 28 años, más que en mi Río Negro natal. Mi hija es salteña, mi mujer también. Vine como estudiante, me quedé como profesional y docente, y colaboro en asociaciones, deporte y comunidad. 

Mi primer escritorio me lo compré trabajando como gerente del Club Universitario, en 2007. Aportaba al BPS y con ese sueldo lo logré. Luego ya estaba trabajando como procurador con Mónica y Jorge.» 

¿Qué le dirías a un estudiante que recién empieza la carrera de abogacía?

«Que las posibilidades son para todos. Vivimos en un mundo muy competitivo: hay que estudiar, capacitarse y especializarse.

Salto tiene hoy muchos estudiantes de Derecho, habrá aún más abogados. Pero deben seguir formándose. El mundo que se viene es tecnológico. Todos, sin importar la profesión, tenemos que aprender de tecnología porque atraviesa nuestra vida diaria.

Yo siempre les digo a los jóvenes que aprovechen el polo universitario de Salto, que tiene carreras que no hay en otros lugares. Debemos consolidar Salto como ciudad universitaria, con congresos, capacitación y desarrollo. Tenemos equipos médicos, jurídicos, científicos y sociales de primer nivel. Ahora necesitamos abrirnos a las grandes ligas, y eso será posible si los jóvenes se capacitan.”

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