Escrito en colaboración con Romina Buzzo
El miércoles 26 de noviembre, el Aula Magna del CENUR Litoral Norte recibió la obra Esperando la Carroza, interpretada por un elenco integrado, en parte, por personas privadas de libertad de la Unidad Nº 20.
La función reunió a una sala colmada y la directora de la unidad, María de los Ángeles Machado, destacó esta dimensión: “Muchas gracias por la cobertura, es una gran oportunidad este proceso de encuentro de los privados de libertad, en esta salida tan especial con su familia”.
El elenco había vivido recientemente un hecho histórico: la presentación de Esperando la Carroza en el Museo del Carnaval en Montevideo, con la presencia del Presidente de la República. Machado recordó:
“Un ómnibus de Salto con privados de libertad que estrenaron en Montevideo… para nosotros es muy grato que este tipo de instancias se dé como marco de oportunidades, apertura de puertas, la creación de una sala de teatro dentro de la unidad y el fortalecimiento del grupo. Esto es un proceso que el Ministerio de Educación y Cultura lleva adelante a lo largo de todo el año… y este es el resultado”.
EL PUNTO DE VISTA POLÍTICO
Esta experiencia nos ofrece una oportunidad para observar cómo entiende al ARTE el poder público, un enfoque que suele quedar fuera del debate y que, muchas veces, mezcla valores estéticos, argumentos morales, discursos ideológicos y percepciones personales.
La perspectiva institucional tiene otra lógica. Se basa en responsabilidades, planificación y criterios verificables. El arte para el poder público, además de un derecho que debe ser garantizado, puede ser una herramienta para producir beneficios para la sociedad.
Para el artista, el teatro es una experiencia expresiva. Para el poder público, en este caso, es un instrumento que promueve la convivencia, el orden institucional y la recuperación. Esta diferencia es fundamental y permite evitar interpretaciones que reducen el teatro en la cárcel a simple entretenimiento o a una concesión. Para la institución, la práctica artística forma parte de una estrategia.

LA LÓGICA PÚBLICA
El poder público administra políticas culturales, educativas y penitenciarias. Su obligación es ordenar procesos, manejar recursos con eficiencia y asegurar que cada programa genere resultados concretos que beneficien a la sociedad.
Cuando incorpora el arte en contextos de encierro, lo hace como herramienta de intervención para promover convivencia, disciplina, comunicación y participación en un entorno estructurado.
LA LIBERTAD COMO OBJETO DE ESTUDIO
La prisión delimita quién está dentro y quién está fuera y el teatro interviene en esa frontera para sostener un discurso público sobre lo que significa “recuperar” a alguien para la comunidad.
La libertad aparece como un recurso administrado por el poder para reforzar esa idea de recuperación: se otorga en dosis, se hace visible en escena y se presenta como consecuencia de la acción institucional. La creación teatral pasa, también, a integrar la forma con la que el poder público explica su función frente a la ciudadanía.

INDICADORES Y EVALUACIÓN TÉCNICA
En este tipo de programas, la evaluación institucional se apoya en datos: asistencia estable, cumplimiento de horarios, regularidad de ensayo, seguimiento de indicaciones, manejo de la palabra en grupo, coordinación con pares, preparación para presentarse ante público y respuesta frente a situaciones imprevistas.
Ese conjunto de comportamientos tiene relevancia directa en la gestión penitenciaria y en los procesos de resocialización, que forman parte de las obligaciones del Estado dentro del sistema.
UNA DOBLE FUNCIÓN EN UN MISMO PROCESO
El teatro cumple así dos funciones simultáneas. Aporta una experiencia expresiva para quienes actúan y opera como una herramienta pedagógica para la institución. Esa doble condición genera una articulación estable. La autonomía creativa sostiene el interés y el compromiso de los participantes. La estructura estatal sostiene la continuidad, la organización y la utilidad social del programa.
CÓMO SE BENEFICIA LA SOCIEDAD CON ESTA POLÍTICA
Una política cultural en contexto de encierro se justifica cuando genera efectos verificables fuera del escenario. La sociedad recibe el impacto de estos programas cuando quienes atraviesan procesos de resocialización regresan con mayor capacidad para integrarse a entornos donde se requieren hábitos estables, disposición al trabajo colectivo y manejo adecuado de la palabra.
La experiencia teatral aporta un entrenamiento que fortalece estas competencias y, en consecuencia, reduce tensiones futuras, mejora las posibilidades de reinserción y sostiene un clima institucional más seguro. La política pública se orienta a ese beneficio concreto.

VIGILAR, PUNIR Y RESOCIALIZAR
Una política cultural en contexto de encierro también funciona como mensaje hacia afuera. El Estado necesita demostrar que administra el castigo sin abandonar la producción de ciudadanía. El teatro le permite afirmar este punto: disciplina y arte funcionando en paralelo bajo su autoridad.
Crear, en este marco, es también un acto político. Muestra que el poder público tiene control y, también, la capacidad de generar circuitos simbólicos incluso en los márgenes. La creación se vuelve parte del dispositivo con el que el poder se legitima ante la sociedad.
LAS DIFERENTES FUNCIONES DEL ARTE
La función presentada en el CENUR es el resultado visible de un proceso artístico y, al mismo tiempo, una evidencia de gestión pública orientada a objetivos medibles. El valor estético existe, pero la novedad está en cómo el Estado incorpora esa práctica dentro de una estrategia educativa, convivencial y resocializadora, con impacto directo en la vida diaria del establecimiento penitenciario.
El ARTE crea belleza, pero también otro sinfín de beneficios como la paz social, por eso es tan importante que el poder público garantice las condiciones para que exista abundante producción de arte independiente; cuanto más arte se produzca, menos necesarias serán las cárceles.
Obra: Esperando la Carroza – Unidad Nº 20, Salto | Dirección: Néstor Chiriff y Evangelina Olguín.










