«Es lo peor que nos ha pasado en toda la historia de Gladiador»

El impacto en el alma, desde el presidente Álvaro Gómez a EL PUEBLO

Lo que trasmiten las palabras de Álvaro Gómez es el sentimiento genuino de la impotencia absoluta. En los clubes de barrio, cada rincón tiene nombre y apellido, cada mejora en la infraestructura representa el sacrificio de directivos, socios e hinchas que le roban horas a sus propias familias para dejarle algo al club de sus amores. Ver eso en el suelo en cuestión de minutos es, verdaderamente, una pesadilla de la que cuesta despertar. El Presidente con EL PUEBLO, ayer a la mañana. El paso de las horas, al fin de cuentas, no ponen las cosas en su lugar. Porque no hay nada en su lugar. El atroz vendaval de viento y lluvia. El impacto en la sede y en la cancha de Gladiador. Áreas demolidas que es necesario reconstruir. La misión que se viene. La impostergable y dolorosa misión.

«Cuando llegué a la sede, a la cancha, me dieron ganas de llorar. La impotencia fue demasiado grande. Es lo peor que nos ha pasado en los últimos años y quizás en toda la historia de Gladiador.»
Los frentes de una reconstrucción obligada. El panorama que se abre ahora para Gladiador es un fin titánico que excede por completo lo deportivo y se transforma en una causa de resistencia institucional.

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La evaluación técnica y el riesgo inmediato

La intervención de un profesional en arquitectura será el primer paso indispensable. Con techos en situación de riesgo y averías severas en múltiples sectores, la prioridad absoluta antes de levantar el primer ladrillo es garantizar la seguridad del predio.
El abanico de posibilidades que menciona el presidente (líneas de crédito, apoyo estatal, acumulación de recursos propios) requerirá de una gestión milimétrica. En crisis de esta magnitud, la articulación de ayuda externa se vuelve vital.


El impacto colateral

El daño material frena la actividad social y deportiva, un golpe durísimo para un club que funciona como espacio de contención diaria para cientos de jóvenes y familias de la zona.
La pesadilla está instalada y las próximas semanas serán de diagnóstico y templanza. Sin embargo, si algo ha demostrado históricamente el fútbol del interior, es que la identidad y la rebeldía de su gente suelen ser mucho más fuertes que cualquier temporal. Comprobar los efectos devastadores, impacta sobremanera. Vestuarios, barbacoa, tendidos de líneas, techos. Cuesta reconocer que en la sede haya sectores al margen del impacto. Sucede que simplemente, no los hay.


¿Cómo reconstruir lo que el viento y el agua destruyeron?

El impacto climático no entiende de pasiones, pero ensaña su furia allí donde el sacrificio es cotidiano. Las recientes tormentas que azotaron a nuestra ciudad dejaron heridas expuestas en el tejido mismo del fútbol salteño. Gladiador es de los que  padeció en grande: destrozos severos en su sede y en su cancha, un panorama que sacude la estantería de una dirigencia que hoy se debate entre la desazón y la preocupación ante la magnitud de las pérdidas.
Pero el mapa del daño no se detiene en el barrio Artigas. La geografía del dolor deportivo se extiende. El temporal no discriminó y golpeó con la misma dureza a otras instituciones que son faro y contención social en sus comunidades: la realidad del Parque Juan José Vispo Mari y los severos daños sufridos en la cancha y la sede del Club Atlético El Tanque  configuran un escenario crítico.
Ante los escombros y el barro, las preguntas afloran con la fuerza de la necesidad: ¿Cómo reconstruir lo que el viento y el agua destruyeron? ¿Quién auxilia a estas instituciones que, antes de pedir, siempre dan?
El fútbol de Salto no es solo lo que pasa adentro de los 90 minutos. Es la gurisada que merienda, es el vecino que encuentra un lugar de pertenencia, es el dirigente que deja horas de su vida y de su familia para pintar una tribuna o cortar el pasto. Cuando se cae el techo de una sede o se destroza un alambrado, no se daña solo propiedad privada; se daña un pedazo de la identidad de nuestra gente.


En la hora del hombro colectivo

La gravedad de la situación nos convoca a todos. No es momento de mirar para el costado ni de esperar soluciones mágicas que caigan de escritorios lejanos. La reconstrucción de Gladiador, de El Tanque y de cada rincón afectado exige una campaña solidaria de carácter urgente. ¿Es posible o no?
De lo que no hay dudas: se vuelve indispensable aceitar mecanismos de asistencia inmediata. El subsidio, el material, la maquinaria; la burocracia debe ceder ante la emergencia.
A las empresas y al comercio salteño, una mano tendida hoy en materiales de construcción o apoyo logístico es una inversión directa en el futuro de los gurises del departamento.
Al pueblo futbolero: el hincha salteño, por definición, es solidario. Organizar rifas, bonos contribución o jornadas de trabajo comunitario para levantar lo caído debe ser la consigna en los próximos días.
Hoy les toca padecer a ellos. Mañana puede ser cualquiera. La reconstrucción es posible, sí, pero sólo si entendemos que de este temporal no se sale en soledad, sino con el hombro colectivo de todo un Salto que se niega a ver sus canchas en ruinas.  Es hora de jugar el partido más importante: el de la solidaridad.

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