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domingo, enero 4, 2026

Entrevista a Luisina Cardozo: el rol de la mujer y el impacto social en el carnaval de Salto

Seguimos a todo Samba y entrevistando a las Escuelas integrantes de ACSES, en esta ocasión entrevisté a Luisina Cardozo, presidenta de Escuela de Samba Belleza Real de Salto de barrio Salto Nuevo.

¿Cómo se dio llegar a ser presidenta de una escuela de samba?

Se dio naturalmente, tengo carácter y sé administrar mucha cantidad de gente, estar en una reunión y poder expresarme. Por ahí surgió la idea de que fuera yo y generar un clima de respeto mutuo, porque no importa el título que tengas, sino que somos todos iguales y que tenemos diferentes maneras de participar.

 ¿Cuál es tu función?

Hay muchas funciones y creo que todas las escuelas manejan la presidencia de diferentes maneras; no hay un libro que diga exactamente qué tiene que hacer un presidente. 

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Me parece que también va en la impronta de cada uno. En mi caso, quizás por ser mujer, le doy un enfoque muy humano, más como madre. Tenemos muchos adolescentes y niños que a veces no están en la mejor situación familiar o económica y una trata de estar ahí como familia y no tanto como autoridad. Por eso digo que depende de cómo una lo quiera tomar.

Pero vos sos la que firma, tenés una responsabilidad.

Sí, pero tenemos un grupo de cuatro personas con las que tomamos las decisiones en conjunto. No es que yo decida todo por ser la presidenta. A veces hay que decidir en el momento y me toca hacerlo a mí, pero siempre nos movemos como equipo. 

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Entonces, funciona como una comisión, un núcleo gestor.

Exacto, cuatro cabezas, cuando trabajan bien, piensan más que una. Lo que pasa es que la gestión es difícil. Nosotros tenemos la suerte de entendernos, pero trabajar juntos no siempre es fácil. Aunque alguien piense distinto, siempre tratamos de llegar a un acuerdo para hacer lo mejor posible.

La gestión tiene esa dificultad, los artistas, no tenemos un perfil orientado a la gestión y ese es un gran problema

En mi caso, por ejemplo, además de ser presidenta de la escuela, soy madrina de batería, entonces eh tengo un poco de cada cosa.

¿Y qué implica exactamente ese rol?

La madrina es una figura en la escuela, al igual que la reina de batería, son puestos puntuados los cuales compiten con las demás madrinas de las otras escuelas. Cada año representamos una temática distinta. Por ejemplo, este año el tema es “Belleza Real en un mundo de fiesta”, que explora cómo cada país y cultura celebra sus festividades.

Veo que funciona incluso como una herramienta pedagógica. Puede estar buenísimo para ayudar a los chicos a estudiar

Totalmente, uno tiene que estudiar. No se trata solo de bailar; estás interpretando un personaje y contando una historia a través del baile.

Y ayuda mucho en la formación de niños y adolescentes

Claro, porque las canciones que representamos cada año aportan conocimientos. Los chicos se aprenden las letras y, sin darse cuenta, van incorporando cultura general.

Entonces es una “ESCUELA” de samba en todo el sentido de la palabra.

Nosotros lo tomamos así. Llegan niños o adolescentes que nunca tocaron un instrumento y se les enseña con muchísima paciencia. Hoy tenemos uno de los grupos de ritmistas más jóvenes; son chicos que se interesaron por la música y tienen futuro en esto. A veces la gente piensa que somos solo unos locos sueltos que bailan y hacen ruido, pero hay mucho trabajo y estudio detrás.

¿Hay mucho prejuicio?

Sí, un poco todavía, cambió mucho la sociedad salteña, pero todavía tenemos un porcentaje de personas que agreden por redes y escriben cosas como: ¿por qué no se van a trabajar? ¿Por qué no van a estudiar?

Cuando la mayoría de los integrantes somos trabajadores y estudiantes, administrativos, profesores, panaderos, etc. Incluso niños que obviamente estudian. 

Nosotros trabajamos, estudiamos, nos perfeccionamos, incluso tratamos de hacerlo socialmente, tratar a veces de orientar gurises que no saben qué van a hacer. Tenemos que tener esa capacidad de entender. 

¿Y con los cuerpos hay prejuicios?

Sí, es difícil, porque siempre está esa presión de comparar o de señalar que a alguien le falta o le sobra algo. No sé cuál será el cuerpo perfecto según el ojo de quién, pero nosotros intentamos que entiendan que lo que importa no es la figura, sino lo que uno siente y disfruta en el momento de bailar.

Es que la cultura machista suele sexualizar todo. A veces los niños y adolescentes están en una energía de inocencia y festejo, pero hay pensamientos malintencionados alrededor.

Es cierto. Por suerte, y creo que tiene que ver con lo mucho que hablamos con los adolescentes y los hombres de la escuela, jamás hemos tenido un problema de ese tipo.

Al contrario, las gurisas se sienten libres de moverse con el vestuario que quieran. Hay mucho respeto; los compañeros ya tienen incorporado ese rol de acompañar y cuidar para que ellas se sientan cómodas y respaldadas. Estamos por empezar nuestro tercer año y nunca hemos vivido una falta de respeto entre los integrantes.

Qué bueno que sea así, porque en otros ámbitos como la murga el ambiente sigue siendo muy machista.

Bueno, a mí me pasó algo increíble el año pasado. A mí me encanta cantar y estuve en la armonía del carnaval de Bella Unión. En un ensayo, antes del lanzamiento del samba, me hicieron una entrevista y me preguntaron qué se sentía estar en un ambiente «de hombres». Yo me quedé sorprendida. Le respondí que no lo sentía así, que si estaba ahí era porque puedo demostrar que soy capaz de cantar. No sabía que expresarse era algo exclusivo de los hombres; yo siempre pensé que era para todos: hombres, mujeres y niños. El periodista no supo qué responderme. 

Las cifras muestran que en las murgas de Salto todavía hay muy poca participación femenina; sigue siendo un espacio mayoritariamente masculino.

Creo que las mujeres a veces se sienten solas o ignoradas en esos ambientes. Por otro lado, las cosas van cambiando con el tiempo. Mi hijo es bailarín de ballet y estudia mucho la historia del arte; él siempre me dice que el maquillaje y las pelucas se inventaron originalmente para los hombres en la corte francesa. Antiguamente, los hombres usaban perfume, zapatos con vuelo y se maquillaban.

Claro, incluso en el teatro históricamente los hombres hacían los papeles femeninos.

Exacto. Por eso me pregunto por qué ahora hay tanto prejuicio sobre cómo uno se viste o lo que se pone. Yo siempre traté de abrirles la mente a mis hijos y les dije que pueden vestirse y sentirse como quieran, siempre y cuando no le falten el respeto al otro. La idea es vivir sin prejuicios, ni para uno mismo ni hacia los demás.

Se nota que hay un proyecto de comunidad y de construcción de ciudadanía detrás de la escuela.

Sí, se trabaja mucho en eso. El año pasado éramos 144 salteños. Somos una de las escuelas más nuevas y chicas, pero trabajamos casi todo el año. Terminamos en febrero y ya en junio o julio, incluso con frío, estamos ensayando. En invierno somos un grupo firme de unas 20 personas, pero para eventos grandes como el lanzamiento del samba, movemos muchísima gente.

Hace poco presentamos la temática de este año en la Plaza Salto Nuevo y convocamos a más de 4000 personas. Fue increíble ver la plaza desbordada hasta las dos de la mañana.

Para terminar, ¿qué mensaje te gustaría dejarle a la gente?

A las y los salteños que tienen prejuicios o que me dicen «me encanta, pero no me animo», les digo que se acerquen. El carnaval es algo popular para disfrutar en familia y con amigos.

Hay muchas formas de participar y ser artista: no es solo bailar o tocar un instrumento. Está el armado de los carros, el vestuario, el maquillaje o la escritura del «enredo». El carnaval es un conjunto de oficios y una oportunidad para expresarse que nadie debería perderse por el qué dirán.

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