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jueves, febrero 5, 2026
Columnas De Opinión

Entre el ingenio artesanal y un sistema al borde del colapso

La realidad del tránsito en Salto presenta desafíos cotidianos que parecen no tener fin. Mientras los conductores intentan navegar por arterias principales, la falta de una sincronización efectiva se vuelve el principal obstáculo. Alberto Subí, director de Movilidad Urbana, reconoce que la gestión de los semáforos se realiza de una manera casi casera y artesanal.

El mantenimiento en manos del ingenio local

La responsabilidad de mantener estos equipos recae sobre el equipo de pintura y cartelería. Ante la falta de recursos técnicos avanzados, los funcionarios deben fabricar repuestos y reinventar soluciones con lo que tienen a mano. Es una tarea voluntariosa que choca de frente con la antigüedad de los controladores, muchos de los cuales ya no admiten reparaciones.

La «onda verde»: una excepción y no la regla

En Salto, circular por calle Artigas a 42 km/h garantiza un flujo continuo. Sin embargo, este escenario es una fortuna inalcanzable en el resto de la ciudad. Subí sostiene que las calles Uruguay, Artigas y Rivera están coordinadas. Aun así, admite que las actualizaciones de los GPS desregulan el sistema de forma intermitente.

Calle Brasil: el punto crítico del sistema

El mayor dolor de cabeza para las autoridades y conductores se encuentra en calle Brasil. Allí, los controladores son de mala calidad y sumamente viejos. La situación se agrava porque la empresa proveedora se retiró del país, dejando a la Intendencia sin repuestos ni soporte técnico. En esta zona, el sistema quedó «bloqueado» en una configuración que ya no permite modificaciones.

El peligro de la «frenada forzada»

Existe una explicación política y técnica para el caos actual. Según Subí, el gobierno anterior configuró los cruces para que el conductor encuentre un rojo a los cien metros de haber pasado un verde en las calles transversales a Uruguay. La intención era reducir la velocidad, pero el director entiende que se logró el efecto contrario: el aumento del riesgo. Muchos conductores aceleran a fondo para ganarle al sistema, transformando las calles en pistas peligrosas.

Las transversales y la falta de unificación

Sincronizar los cruces transversales es hoy una misión imposible. El problema radica en que los componentes provienen de distintos fabricantes y proveedores, lo que impide una comunicación fluida entre ellos. Para solucionar esto, la Intendencia incluyó en el presupuesto un cambio total de los controladores. El objetivo es unificar la tecnología para obtener una verdadera independencia en el manejo del tránsito.

Cruces de alta complejidad sin solución a la vista

Zonas como la intersección de Blandengues y Barbieri siguen siendo puntos críticos de la ciudad. El semáforo de cuatro tiempos y las maniobras peligrosas, como los giros en U cerca de la Terminal, generan una situación de caos constante. Subí admite que la zona es compleja y requiere un estudio profundo, aunque por el momento no existen soluciones concretas para ordenar esa «ley de la selva» que enfrentan los salteños a diario.

Un sistema que pide a gritos modernización

La precariedad es tal que el director define la situación como algo “aunque cueste creerlo, es todo muy precario, es todo a voluntad”. La apuesta a futuro es lograr que un único proveedor suministre equipos ya coordinados para todos los ejes. Mientras tanto, el tránsito en Salto seguirá dependiendo más de la maña de los funcionarios que de la tecnología del siglo XXI.

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