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lunes, febrero 16, 2026

Ensayar para salvar vidas: la verdadera importancia de los simulacros

Los simulacros suelen ser vistos como una formalidad incómoda: interrumpen clases, detienen oficinas, alteran rutinas. Sin embargo, detrás de ese aparente trastorno hay una herramienta silenciosa y decisiva para salvar vidas. En un país como Uruguay, donde convivimos con inundaciones, incendios, temporales y riesgos estructurales en edificios antiguos, la preparación no es un lujo; es una responsabilidad colectiva.

Un simulacro no es teatro. Es entrenamiento. Es la diferencia entre el pánico y la reacción organizada. Cuando una alarma suena sin aviso previo, el cuerpo responde primero con miedo. Pero si la mente ya recorrió ese escenario en un ejercicio previo, la incertidumbre se reduce. Sabemos por dónde salir, a quién asistir primero, dónde concentrarnos. La práctica convierte lo desconocido en procedimiento.

En los últimos años, distintos centros educativos, organismos públicos y empresas han reforzado este tipo de instancias. Y aunque a veces generen comentarios irónicos o cierta resistencia —“otra vez lo mismo”, “nunca pasa nada”— la historia demuestra que las emergencias no avisan. Cuando ocurren, el margen de improvisación es mínimo. Allí se revela el valor de haber ensayado.

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Los simulacros también educan en algo más profundo: construyen cultura de prevención. Enseñan que la seguridad no depende solamente de bomberos, policías o equipos de emergencia. Cada ciudadano cumple un rol. Un estudiante que ayuda a mantener la calma, un funcionario que verifica que nadie quede en un baño, un vecino que conoce el punto de encuentro de su barrio. La responsabilidad compartida salva segundos, y en una emergencia, los segundos cuentan.

Además, permiten detectar fallas antes de que sea tarde. Puertas trabadas, salidas mal señalizadas, protocolos confusos. Es preferible descubrir esos errores en un ensayo que en una situación real. El simulacro es, en ese sentido, un ensayo de la vida.

En tiempos donde muchas veces se reacciona más que se previene, estos ejercicios representan una inversión en tranquilidad futura. No generan titulares rimbombantes ni fotografías impactantes, pero sí construyen algo más sólido: preparación.

Tal vez el verdadero desafío no sea organizar un simulacro, sino comprender su importancia sin esperar a que ocurra una tragedia. Porque la prevención siempre parece exagerada… hasta que deja de serlo.

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