Ernest Edward Dickinson: El hijo de ingleses que trajo el fútbol al Salto Oriental

El pasado 14 de julio, la Liga Salteña de Fútbol celebró los 115 años de su fundación, una fecha que invita no solo a recordar su rica trayectoria, sino también a profundizar en la historia de quien da nombre a su principal escenario deportivo: Ernesto Dickinson.
Con un trabajo periodístico minucioso, hemos mantenido contacto con familiares directos de Ernest Dickinson, conocido en estas tierras como Ernesto Dickinson, con el propósito de reconstruir la historia de esta tradicional familia británica y su llegada al Río de la Plata. Se trata de una investigación que busca aportar nuevos elementos sobre un apellido estrechamente ligado al desarrollo del deporte en la región.
Poco se conoce sobre los orígenes de la familia Dickinson en Uruguay y Argentina. Sin embargo, la documentación y los testimonios recopilados permiten comprender la dimensión de su legado, que trasciende a Salto y alcanza un lugar destacado en la historia del fútbol rioplatense.
Charles Dickinson, autor del primer gol de Argentina vs Uruguay en 1902.
Uno de los hechos más significativos es que Carlos (Charles) Dickinson, hermano de Ernesto, fue el autor del primer gol de la selección argentina en el histórico encuentro disputado el 20 de julio de 1902 frente a Uruguay, considerado el primer partido internacional oficial entre selecciones fuera de las Islas Británicas. Aquel compromiso se jugó en la cancha del Albion Football Club, en Montevideo, y marcó el nacimiento de una de las mayores rivalidades del fútbol mundial.
La historia de los Dickinson, por lo tanto, no solo está vinculada al Estadio Ernesto Dickinson y al fútbol salteño, sino también a algunos de los capítulos fundacionales del fútbol rioplatense, un legado que continúa despertando interés a ambos lados del Río de la Plata.
La Familia Dickinson que vive en Uruguay.
El primer paso de esta investigación fue establecer contacto con Angela Dickinson, integrante de la familia y descendiente directa del linaje de Ernest Dickinson. Durante el intercambio, Ángela nos indicó que quien conservaba gran parte del material histórico y documental sobre la familia era Tim Dickinson, una referencia ineludible para comprender el verdadero alcance del legado de los Dickinson.
A partir de esa orientación, la investigación comenzó a tomar un rumbo más preciso, permitiendo acceder a información que ayuda a esclarecer diversos aspectos de la historia de esta familia británica, originaria de Liverpool, cuyos integrantes emigraron al Río de la Plata y desarrollaron una destacada actividad empresarial.
Pero su legado fue mucho más allá del ámbito comercial. Los Dickinson desempeñaron un papel relevante en la difusión del fútbol en estas tierras, promoviendo la práctica de un deporte que, hasta entonces, era conocido principalmente por los inmigrantes británicos. Con el paso del tiempo, esa pasión fue transmitiéndose a los criollos, quienes hicieron propio el juego y sentaron las bases del extraordinario desarrollo que el fútbol alcanzaría posteriormente en Uruguay y Argentina.
Don Ernesto Dickinson: el pionero que sembró las raíces del fútbol salteño
Cada fin de semana, miles de personas cruzan las puertas del Estadio Ernesto Dickinson para alentar a sus equipos, celebrar triunfos o vivir la pasión del fútbol. Sin embargo, pocos conocen la historia del hombre que le da nombre al principal escenario deportivo de Salto. Detrás de ese homenaje se encuentra la figura de un verdadero pionero, cuya visión y compromiso fueron fundamentales para el nacimiento y la consolidación del fútbol organizado en la ciudad.
Ernest Dickinson; argentino.
Ernesto Edward Dickinson nació el 15 de junio de 1883 en Belgrano, Buenos Aires, en el seno de una familia de origen británico que había construido un importante desarrollo empresarial en el litoral del río Uruguay. Su padre, George Clarke Dickinson, llegó a Salto en 1860 procedente de Liverpool y, con el paso de los años, levantó un verdadero imperio saladeril con establecimientos como La Conserva y La Caballada, que posteriormente expandió hasta la ciudad brasileña de Itaquí.
Pero el legado de los Dickinson trascendió ampliamente el ámbito industrial. La familia también dejó una marca imborrable en la historia del deporte rioplatense y, particularmente, en el fútbol salteño.
Materiales desde Inglaterra; la pasión de Ernest
Desde muy joven, Ernesto demostró una profunda pasión por este deporte. Durante sus frecuentes viajes de negocios a Inglaterra aprovechaba la oportunidad para traer balones, camisetas, botines, infladores y ejemplares de las Reglas del Juego, elementos prácticamente imposibles de conseguir en Uruguay a comienzos del siglo XX. Ese material era compartido con amigos y compañeros, facilitando la práctica de un deporte que recién comenzaba a ganar espacio entre la juventud salteña.
Su aporte fue mucho más allá del simple entusiasmo. Dickinson fue uno de los principales impulsores de la organización del fútbol en Salto, colaborando para que aquella actividad recreativa se transformara en un deporte estructurado y con creciente participación popular.
Charles, su hermano vistió la camiseta argentina.
La influencia deportiva de la familia también quedó reflejada en otras figuras. Su hermano Charles Edgar Dickinson integró la primera selección argentina que enfrentó oficialmente a Uruguay en 1902 y anotó el primer gol de aquel histórico encuentro internacional. Además, otros integrantes de la familia participaron en destacados clubes del fútbol argentino de principios del siglo XX.
Selección de Salto vs Concordia
En Salto, Ernesto Dickinson también fue protagonista de los primeros pasos del fútbol local. Integró la selección salteña que enfrentó a Concordia en 1902 y participó activamente en el desarrollo de la disciplina. Incluso, el 2 de junio de 1901, durante el primer partido internacional disputado en la ciudad entre Salto Athletic Club y Concordia Cricket Club, convirtió los dos primeros goles oficiales del conjunto salteño, un hecho que quedó registrado por la prensa de la época.
Con el paso de las décadas, su contribución fue reconocida por toda la comunidad deportiva. El principal estadio del departamento recibió su nombre como homenaje a quien dedicó gran parte de su vida a difundir y fortalecer el fútbol en Salto.
La tumba de Ernest en Brasil
Ernesto Dickinson falleció el 18 de noviembre de 1945 en Itaquí, Brasil, donde descansan sus restos. No dejó descendencia, pero sí un legado que continúa vigente más de un siglo después de aquellos primeros partidos disputados en las canchas salteñas.
Hoy, el Estadio Ernesto Dickinson representa mucho más que un escenario deportivo. Es un símbolo de la historia del fútbol de Salto y un permanente reconocimiento a un hombre cuya pasión, visión y compromiso ayudaron a construir los cimientos del deporte más popular del departamento.
(Extraído de Biografía realizada por Tim Dickinson, sobrino nieto de Ernesto).
Existe otro Estadio Dickinson…
El Hill Dickinson Stadium.

En la ciudad de Liverpool se levanta el moderno Hill Dickinson Stadium, el nuevo hogar del Everton Football Club. Con una capacidad para 52.769 espectadores, es uno de los escenarios más modernos del fútbol inglés y lleva el nombre del prestigioso estudio jurídico británico Hill Dickinson, fundado en 1810 y con una profunda tradición en esa ciudad.
Lo que para muchos es apenas el nombre de un estadio, para Salto representa una historia que trasciende fronteras. Diversas investigaciones sobre la familia Dickinson señalan la existencia de un vínculo histórico entre los fundadores de ese reconocido estudio jurídico y la rama familiar de la que descendía Ernesto Dickinson, una de las figuras más destacadas de la historia salteña. Sus antepasados emigraron desde Gran Bretaña hacia el Río de la Plata, donde la familia dejó una profunda huella tanto en Uruguay como en Argentina.
Así, el Hill Dickinson Stadium y el Estadio Ernesto Dickinson de Salto aparecen unidos por un mismo origen familiar. Aunque fueron concebidos en épocas, contextos y con fines muy diferentes, ambos representan el legado de una familia cuya historia se extendió desde Inglaterra hasta Sudamérica.
De alguna manera, el moderno estadio del Everton puede considerarse el «hermano menor (debido a la edad)» del Estadio Ernesto Dickinson: dos escenarios separados por más de 11.000 kilómetros, pero conectados por un apellido que ha dejado una marca imborrable tanto en Liverpool como en Salto.







