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jueves, enero 1, 2026
Columnas De Opinión
Dr. Ignacio Supparo
Dr. Ignacio Supparo
Ignacio Supparo Teixeira nace en Salto, URUGUAY, en 1979. Se graduó en la carrera de Ciencias Sociales y Derecho (abogado) en el año 2005 en la Universidad de la República. Sus experiencias personales y profesionales han influido profundamente en su obra, y esto se refleja en el análisis crítico de las cuestiones diarias, con un enfoque particular en el Estado y en el sistema político en general, como forma de tener una mejor sociedad.

El verdadero problema detrás del FONASA: la socialización de la medicina

Cuando el Estado se convierte en dueño de la salud, el ciudadano deja de ser paciente para convertirse en rehén.”

El liberal jamás se deja engañar por los políticos. Siempre mira más allá. Despierto y atento.

Y este tema del FONASA no es la excepción.

En efecto, la decisión del gobierno de no devolver los aportes del FONASA es consecuencia lógica de un problema mucho más profundo: la socialización de la medicina.

Cuando el Estado se apropia del sistema de salud, también se apropia del esfuerzo de quienes lo financian. Por eso, lo que los políticos presentan como “una medida técnica” es, en los hechos, una expropiación directa de tus aportes.

Para comprender por qué ocurre esto, basta con observar los 10 efectos terribles de una medicina socializada:

1. Burocratización de la atención medica: la medicina se convierte en una “pata” del Estado y entonces donde interviene el Estado burocrático florecen todos los vicios del Estado: despilfarro, ineficiencia, mala atención, pérdida de calidad, mala administración de los recursos y corrupción. Y el sistema sanitario no se salva de contagiarse de estos vicios.

2. Deshumanización del vínculo médico–paciente: la relación directa se reemplaza por una relación mediada por oficinas, reglas y autorizaciones. Nadie se siente realmente responsable del paciente. La burocratización deriva en que el medico prioriza completar formularios, protocolos y trámites por encima del ser humano enfermo. El paciente deja de ser persona y pasa a ser expediente. El medico muchas veces ni siquiera mira ni palpa al paciente en la consulta, esta mas atento a la computadora.

3. Ruptura de la responsabilidad económica: como el pago de la atención es indirecto: el paciente no le paga al médico y el médico no responde ante el paciente.
Cuando quien recibe el servicio no es quien paga, desaparece la exigencia y se debilita el esfuerzo.

4. Incentivo a la mediocridad: la excelencia no se premia; el cumplimiento burocrático sí. El sistema nivela hacia abajo.

5. Racionamiento encubierto: listas de espera, demoras y negativas de cobertura son el método inevitable de administración de escasez. Es como la cola del BPS, en el BSE, en los Juzgados, en realidad, de toda oficina pública.

6. Pérdida de autonomía profesional: el médico deja de decidir según su criterio y pasa a obedecer protocolos políticos y presupuestarios.

7. Politización de la salud: las decisiones médicas ya no responden a criterios clínicos sino a conveniencias electorales y financieras del gobierno de turno.

8. Deterioro de la innovación: un sistema centralizado evita riesgos, frena el progreso y retrasa el acceso a nuevas terapias.

9. Éxodo y desmotivación del personal de salud: los mejores profesionales se van; los que quedan se queman. La vocación es aplastada por la maquinaria estatal.

10. Conversión del ciudadano en contribuyente cautivo: el Estado deja de ser administrador y pasa a ser propietario de tus aportes, como hoy ocurre con el FONASA.

El robo de tus aportes al FONASA no es un error sino la consecuencia inevitable de un sistema donde el gobierno controla, centraliza y politiza la salud.

Cuando la medicina se socializa, el paciente pierde, el médico se degrada, y el ciudadano es despojado.

Todo aquello que un gobierno socializa termina inevitablemente destruido.

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