El teatro como espacio de libertad en la Unidad 20

En el corazón de la Unidad Nº 20 del Centro Nacional de Rehabilitación en Salto, el aire se siente distinto durante unas horas a la semana. Allí, donde los muros parecen dictar el fin de toda esperanza, el Programa Nacional de Educación en Cárceles del Ministerio de Educación y Cultura (MEC) abre una grieta de luz a través del arte. Néstor Chiriff, psicólogo y actor, junto a Evangelina Olguín, también psicóloga y directora teatral, lideran un taller que utiliza el «Teatro del Oprimido» no para formar estrellas, sino para reconstruir seres humanos.

Este programa posee un fuerte contenido educativo que se amalgama con la expresión artística. Para Chiriff, la meta es clara: «No buscamos sacar actores. El énfasis está puesto en lo educativo y en lo humano. Entendemos que el teatro es clave para la futura reinserción, o mejor dicho, para brindar herramientas que les permitan manejarse en el mundo del afuera».

La vida en privación de libertad es, en palabras del profesional, «otro mundo con otros códigos». Al ingresar al sistema penitenciario, la persona no solo pierde su libertad ambulatoria, sino que sufre un impacto sistémico que rompe sus vínculos familiares, amistosos y de pertenencia. Ante esta desarticulación social, el taller propone trabajar sobre derechos que la condena no suspende, como el acceso y el disfrute de los bienes culturales.

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«Trabajamos llevando artistas a la Unidad 20, pero también sacando a los internos para que vean espectáculos y, lo más importante, para que actúen ellos mismos», explica Chiriff. 

El año pasado, esta experiencia alcanzó un pico de emotividad cuando el grupo viajó a Montevideo para presentarse en el Museo del Carnaval. Ese evento fue disruptivo: pasaron de ser sujetos de reprobación social a recibir el aplauso y la valoración del público. Ese cambio de rol impacta directamente en la autoestima y, fundamentalmente, en la proyección de futuro.

El teatro permite lo que muchas veces la vida les negó: una mirada diferente. «El artista ve el mundo con otros ojos. Estas personas suelen recorrer un camino que siempre las lleva al mismo lugar; la educación artística les permite ensayar cosas diferentes», reflexiona el psicólogo citando a Pichón Rivière. El ser humano, aunque producido por su entorno, es un «actor social emergente», capaz de salir de lo que le es dado si recibe el estímulo y la formación adecuada.

Para los internos, el día del taller es esperado con ansiedad. Desde la perspectiva de los educadores, es un momento de «emancipación personal en un contexto de encierro». Es el espacio donde se permiten jugar, ser otros y crear. «Más de una vez nos han dicho: ‘por un momento sentí que estaba en otro lado, que estaba libre’», confiesa Chiriff. En ese instante de conexión, los talleristas sienten que el trabajo está pago.

Sin embargo, la labor no es sencilla. Tanto Chiriff como Olguín, quienes estudiaron juntos y comparten una mirada intuitiva tras años de colaboración, deben gestionar la dualidad de sus roles como psicólogos y teatreros. Su enfoque es «freiriano», basado en el encuentro de saberes donde ellos también van dispuestos a aprender. Existe un respeto profundo y una delicadeza por lo que el interno trae: la tristeza de no ver a sus hijos, la soledad o el miedo. Al finalizar cada jornada, la dupla realiza un balance que mezcla lo técnico-teatral con lo profundamente humano.

Cambio de Dirección, no así de directivas

Este año, la Unidad 20 transita un momento histórico. Con un cambio de mando en la dirección del Centro, el equipo de talleristas se siente respaldado. Si bien la gestión anterior dejó «la vara muy alta» con un alineamiento total hacia este pensamiento humanista, las señales de la nueva dirección indican que se continuará en la misma línea de trabajo.

La apuesta sigue siendo la misma: utilizar el escenario como un ensayo para la vida, donde el aplauso sea el motor de una nueva identidad y la educación la herramienta definitiva para romper las cadenas invisibles que perduran más allá de las rejas.

“Nos hace enfrentar este año con nuevos desafíos también, entendiendo que va a continuar esa mirada de que es importante la salida, que es importante que se haga teatro fuera de la unidad, que es importante que salgan a ver. Entonces, eso también nos deja muy contentos. Y nada, estamos haciendo lo que nos gusta y si podemos ayudar a que otro disfrute también, como lo disfrutamos nosotros, estamos sumamente satisfechos” finalizó Chiriff.

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