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miércoles, enero 7, 2026

El tambor vuelve a latir este 6 de enero

Como en gran parte de país Salto suelta su espíritu candombero este 6 de enero para celebrar el San Baltasar, una fiesta que cada vez tiene más arraigo entre nosotros. El toque tradicional de la capital cobra vida en Salto y las comparsas lubolas se aprontan para desfilar, y celebrar.

A ritmo del tamboril llega San Baltasar a Salto este Día de Reyes

Cada 6 de enero, el sonido del tambor vuelve a marcar el pulso de la historia en Uruguay. La celebración de San Baltasar, profundamente ligada al candombe y a las antiguas Llamadas, es mucho más que una fiesta popular, es una expresión de homenaje cultural, memoria afrodescendiente y afirmación identitaria que atraviesa siglos y territorios. Desde Montevideo hasta Salto, el tambor sigue diciendo presente.

EL ORIGEN SAGRADO DEL TAMBOR

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La relación entre San Baltasar y el candombe hunde sus raíces en los primeros años del siglo XIX, cuando las comunidades africanas esclavizadas y sus descendientes encontraron en la música y la danza una forma de preservar su identidad.

En las antiguas Salas de Nación de Montevideo —espacios de reunión según el origen étnico— el culto a San Baltasar funcionó como refugio espiritual y cultural. Durante la colonia, las festividades de Navidad y Reyes eran de las pocas ocasiones en que se permitía a los afrodescendientes reunirse públicamente. Allí nacieron las primeras Llamadas, procesiones donde el tambor, el canto y el movimiento se transformaban en lenguaje de resistencia.

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No se trataba solo de fe religiosa. Era una forma de afirmación colectiva, una manera de decir “aquí estamos” cuando la palabra estaba prohibida.

DE RITO PERSEGUIDO A PARIMONIO CULTURAL

A lo largo del siglo XIX y buena parte del XX, el candombe fue marginado y reglamentado. Sin embargo, sobrevivió. Aquellas celebraciones ligadas al Día de Reyes evolucionaron hasta convertirse en las actuales Llamadas de Carnaval, especialmente en los barrios Sur y Palermo de Montevideo.

Ese proceso histórico fue reconocido en 2009, cuando la UNESCO declaró al candombe y su espacio sociocultural como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. No fue solo un reconocimiento artístico, sino el reconocimiento de una memoria colectiva que resistió al olvido.

Cada 6 de enero, el tambor vuelve a sonar como entonces, recordando que la cultura afro-uruguaya no es pasado, sino presente vivo.

EL ORIGEN, SEGÚN YABOR, DEL SAN BALTASAR

El músico e investigador Yabor aporta una mirada clave sobre el sentido profundo de la celebración. Según su visión, San Baltasar no nace como un rito impuesto, sino como una resignificación realizada por los libertos en tiempos de la independencia.

Aunque toma la figura del Rey Mago, el “San Baltasar del candombe” es un símbolo propio: representa libertad, identidad y pertenencia. La llamada es una fiesta popular, comunitaria y profana, donde el tambor convoca y ordena.

Esta tradición también se extiende al litoral argentino y a Paraguay, donde comunidades afrodescendientes mantienen celebraciones similares, con largas jornadas de danza y percusión que conservan el mismo espíritu ancestral.

LOS TRES TAMBORES

El candombe se sostiene sobre el diálogo entre tres tambores fundamentales, chico, repique y piano. Cada uno cumple una función precisa.

El chico es el más pequeño y agudo. Marca el pulso constante, el tiempo sobre el cual se construye todo el ritmo. Es el sostén invisible del candombe.

El repique es la voz expresiva. Dialoga, improvisa, responde. Es el tambor que habla, que interroga al bailarín y al público, que imprime personalidad a cada cuerda.

El piano, el más grande y grave, aporta profundidad y peso sonoro. Es el que se siente en el pecho, el que sostiene la estructura rítmica y le da cuerpo al conjunto.

Juntos forman una arquitectura sonora única, donde cada tambor es indispensable.

LOS TRES TOQUES MADRES

De esa base nacen los tres toques tradicionales del candombe:

Ansina, el más antiguo y ritual, de tempo pausado y profundo, ligado a la memoria africana.

Cuareim, más dinámico y expansivo, el más difundido y el que domina las Llamadas actuales.

Cordón, más moderno y elaborado, con gran riqueza rítmica y libertad creativa.

No compiten entre sí: dialogan. Son distintas maneras de decir lo mismo.

SAN BALTASAR EN SALTO, EL TAMBOR QUE CONVOCA

En Salto, la celebración de San Baltasar tiene un carácter profundamente identitario. Cada 6 de enero, desde la Plaza de los 33 hasta el río, la ciudad se convierte en un gran escenario donde el tambor convoca, une y emociona.

Comparsas como Tunguelé y Xangó, y otras que han surgido y consolidado en los últimos veinte años dan riendas sueltas a las celebraciones del San Baltasar. Cada vez tocan mejor, cada vez sienten mas profundamente el candombe y sostienen esta tradición con compromiso y pasión, llevando el candombe a las calles y reafirmando su valor cultural.No se trata de una fiesta por fiesta misma, ni una fiesta como espectáculo, se trata de un encuentro transmisión generacional y memoria viva. Los candomberos de Salto tienen el privilegio de una constante demostración de un público adicto que llena las calles por donde pasa el desfile, es un público fiel, animado, que se distingue por amar esta tradición y contagiar a las generaciones nuevas a sumarse a tomarle el gusto al candombe y a conocer mas de su historia.

LA PROCESIÓN DEL CANDOMBE HACIA EL RÍO (SEMBLANZA)

“Cada enero, cuando el sol empieza a aflojar su rigor y la tarde se vuelve dorada, Salto se deja atravesar por un pulso antiguo. No es solo música: es memoria, es fe popular, es herencia africana hecha carne en tambor. Es San Baltasar, el santo moreno, el rey que camina al ritmo del candombe y convoca a su pueblo a volver a encontrarse en la calle.

Desde la Plaza de los 33 Orientales, el corazón histórico de la ciudad, comienza el despliegue. Allí se ordenan las comparsas, se acomodan los estandartes bordados con lentejuelas y promesas, y los tambores se templan al fuego lento del ritual. El chico marca el pulso nervioso, el repique dialoga con la improvisación y el piano —grave, profundo— sostiene la marcha como un latido colectivo. Es el toque salteño, sobrio y cadencioso, menos estridente que el montevideano, pero igual de cargado de sentido.

Las figuras tradicionales avanzan con solemnidad festiva, el Gramillero, con su paso cansino y sabio; la Mama Vieja, elegante y altiva, memoria viva de los patios afro; el Escobero, que abre caminos invisibles con su danza ritual. Detrás, la comparsa entera se mueve como un solo cuerpo, mientras el estandarte flamea marcando identidad y pertenencia.

La columna baja por calle Uruguay, arteria que se vuelve escenario. Los balcones se pueblan de miradas, los vecinos salen a la vereda, los niños corren detrás del ritmo. El candombe no se mira se siente. Vibra en el pecho, en el empedrado, en la historia que resiste al olvido. Cada golpe de tambor es un recuerdo de aquellos que llegaron encadenados y supieron convertir el dolor en celebración.

El recorrido avanza hacia el río, como si el sonido buscara volver a su origen. En la zona del puerto, el Uruguay espera. Allí el candombe se vuelve ofrenda: al agua, a los ancestros, a San Baltasar. El santo negro, protector de los humildes, recibe el saludo final entre humo, canto y tamboriles que no se apagan, sino que se transforman en eco.

Porque el candombe en Salto es calle, es barrio, es fe. Y cada vez que San Baltasar baja al ritmo del tambor, la ciudad recuerda quién es y de dónde viene”.

EL TAMBOR COMO HERENCIA Y FUTURO

San Baltasar es mucho más que una fecha del calendario. Es símbolo de una tradición, de alegría compartida y de una identidad que supo sobrevivir al silencio. Cada golpe de tambor es memoria. Cada llamada, una afirmación cultural.

Y mientras el chico marque el pulso, el repique dialogue y el piano haga vibrar la tierra, San Baltasar seguirá caminando entre nosotros.

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